
Cuestión de pesos: las dietas infalibles de los economistas
¿Máximo Ravenna o Alberto Cormillot? ¿Dieta líquida, verde, china, de la luna, Scarsdale o disociada? ¿Tratamientos de shock para bajar de peso o estrategias graduales? ¿No será mejor ponerle un candado a la heladera?
A la hora de hablar de planes para adelgazar, los economistas plantean otras recetas, que incorporan conceptos de la economía del comportamiento, de la neuroeconomía y de la "egonomía", entre otras ramas.
No se trata de un campo trivial para el análisis económico: la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el planeta hay más de 1000 millones de personas con sobrepeso y unos 400 millones de obesos, con consecuencias de pérdidas multimillonarias en productividad laboral y en costos del sistema de salud. En la Argentina, la mitad de los adultos tienen algún problema de obesidad y unas 30.000 muertes al año son atribuibles a complicaciones generadas por esta problemática.
Los estudios económicos que atacan este tema ensayan explicaciones que van desde la difusión de la comida chatarra hasta el sedentarismo provocado por los avances tecnológicos, pasando por el abaratamiento de alimentos ricos en azúcar y grasas.
¿Qué tipo de recomendaciones hacen los economistas para bajar de peso? Algunas tan insólitas como sugerir donar dinero a una causa que le repugne en castigo por comer de más. Los académicos hace rato que vienen estudiando la "economía de las tentaciones" y las reglas personales que surgen en la vida cotidiana para forzarse a cumplir determinados objetivos. En los modelos teóricos tradicionales, los agentes tienen una fuerza de voluntad infinita y siempre toman las decisiones de acuerdo con su propio bien. En la vida real, las cosas son distintas: dejamos la dieta para el lunes, y nos damos la panzada de pizza, helado y gaseosas el fin de semana.
El economista de Princeton Rolan Benabou trabajó en modelos de "egonomía" ("economía del yo") y economía de las tentaciones. Desarrolló un esquema matemático para entender mejor las "reglas personales" que alguien establece consigo mismo: correr tres veces por semana a una determinada hora, fumar sólo después de las comidas, etcétera. Un elemento central del esquema es la "autorreputación": cumplir o no las reglas autoimpuestas aumenta o disminuye la reputación que uno tiene consigo mismo. Una de las conclusiones del modelo (que se verifica en la vida real) es que la gente tiende a cumplir con tareas que le demandan mucha fuerza de voluntad por "rachas": va seis meses al gimnasio y se acumula autorreputación, que luego se invierte en "tirarse a chanta" por unos meses. Y con las dietas sucede algo parecido: aguantamos un tiempo, y no bien nos damos un permiso, el costo marginal del segundo derrape (en términos de autorreputación) es menor, con lo cual se cae en la espiral negativa.
Las ideas de los economistas para fortalecer el autocontrol salieron de las ecuaciones matemáticas y llegaron a la vida real. A mediados de 2008, dos académicos de la Universidad de Yale, Dean Karlan e Ian Ayres, lanzaron Stickk.com, un sitio de Internet en el cual uno puede hacer un contrato o una apuesta consigo mismo a futuro. En Stickk se fija un objetivo y se deposita una cantidad de dinero considerable (típicamente, 5000 o 10.000 dólares). Si al cabo de un tiempo no se cumple con la meta, el dinero va a parar a una entidad benéfica.
La tasa de éxito supera el 85% y sube a más del 90% si se elige una opción masoquista pero muy eficaz: pedir que se done la plata depositada a una causa que se odia ("anticaridad"). A la campaña de ultraderecha, si uno es de izquierda; a River, si uno es de Boca. Karlan y Ayres basaron su idea en un principio básico de la economía del comportamiento: el sesgo de "aversión a perder", que indica que un fracaso o una pérdida nos impacta tres veces más en nuestro bienestar emocional que una ganancia o un éxito (con el signo cambiado). Stickk.com invierte los incentivos: se pasa de la recompensa (verse más delgado, sentirse mejor) al castigo (perder plata), que es tres veces más eficiente.
El economista Adam Davidson escribió recientemente en la revista dominical de The New York Times una artículo titulado "Cómo la economía puede ayudarlo a bajar de peso", en el cual contó cómo el teórico de los juegos y premio Nobel Thomas Schelling le enseñó que en muchas circunstancias los esquemas que implican alternativas "a todo o nada" son los únicos eficientes para lograr compromisos perdurables. Schelling lo aplicaba a las estrategias de la Guerra Fría (la gran fuente de inspiración de los primeros desarrollos en teoría de los juegos), pero Davidson los usó para bajar de peso. "El problema es que todas las fuerzas del mercado apuntan a las «terceras opciones», que nos hacen disminuir la culpa (comprar libros de dietas, pagar la cuota de un gimnasio al que nunca vamos, tomar bebidas light), con lo cual el objetivo se vuelve más difícil aún", planteó Davidson.
En la Argentina, la última recomendación enfática de un economista para bajar de peso (y evitar otras enfermedades además de la obesidad) la dio Lucas Llach, profesor de la Di Tella y colaborador de LA NACION. Días atrás, en el programa de Jorge Lanata le recomendó al conductor que iniciara la "dieta paleo" (del paleolítico), un concepto con el que viene insistiendo en sus tuits y en su blog La Ciencia Maldita.
"¿Alguna vez viste un individuo gordo en una especie que no sea alimentada por el hombre? No, porque comen lo que siempre comieron. Gordos sólo hay humanos o animales domésticos alimentados por humanos", plantea Llach. "Hay gran escándalo de defensa animal porque a las vacas le damos maíz en feedlot , que no están naturalmente preparadas para comer. De hecho, les hace mal y por eso se combina con todo tipo de medicinas. Nosotros, que por millones de años vivimos de la caza, la pesca y la recolección, hace unos 8000 años nos metimos en el feedlot : empezamos a comer agricultura", agrega. Otro dato: "Los celíacos no tienen una enfermedad. Un celíaco llevado 10.000 años atrás o 200.000 años atrás era perfectamente saludable; son héroes que se resistieron a la adopción de la agricultura".
Menú del paleolítico, donaciones a causas odiosas, jugarse la figura esbelta a todo o nada: adopte la dieta mágica de los economistas y lucirá como una/un modelo de 20 años. Satisfacción garantizada o le devolvemos su dinero. Eso sí, empiece mañana, lunes; hoy a la noche, pida pizza y helado, no es tan grave.
Kilos que traen problemas
- Poco saludables
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en el planeta hay más de 1000 millones de personas con sobrepeso y unos 400 millones de obesos - Costos pesados
La situación deriva en pérdidas millonarias de productividad laboral y mayores gastos del sistema sanitario de los países - Ponerse a prueba
Una idea de quienes estudian la "economía de las tentaciones" implica comprometerse a donar dinero, en lo posible para una causa que cause rechazo, si no se cumple con una meta de bajar de peso en determinado período de tiempo






