
El 40% de las panaderías trabaja en la informalidad
El padrón cayó a la mitad, pero se sumaron clandestinas
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Un albañil, trepado en su escalera, retoca las molduras del gastado local de la calle Piedras 1056; luego de una mano de pintura, la panadería Shaitan abrirá renovada. Hace un mes, una inspección del Ministerio de Trabajo de la Nación, a la que se sumó el gobierno de la ciudad, terminó con la clausura del local: 20 de los 24 trabajadores estaban en negro y las condiciones de higiene y seguridad no eran las óptimas.
Preservando su nombre, uno de los empleados dijo que "las obras son un cambio de fachada". Y apuntó: "Ahora estamos en blanco, pero es cualquier cosa. En el recibo de sueldo figuran $ 400, menos de la mitad de lo que cobramos".
Según un estudio de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (Faipa), el 40% de las 30.000 panaderías del país trabaja en la informalidad.
Con este relevamiento, la entidad emprendió una campaña de formalización del sector que involucra al Estado. "Tenemos 400 denuncias presentadas, porque la clandestinidad ya es un problema grave", señaló el presidente de Faipa, Rubén Salvio. "Atenta contra la supervivencia de los que están en regla y nunca se hizo nada para pararla."
El subsecretario de Fiscalización, Julio Casavelos, a cargo de los operativos, reconoció la histórica ausencia de controles y adelantó el próximo plan de acción. "Las primeras inspecciones muestran que el 65,7% de las panaderías tenía personal en negro", informó. "Ahora empezamos a trabajar junto al sindicato para formalizar al sector." Según estimaciones de la federación, el rubro moviliza unos 120.000 empleos directos.
Para dimensionar la envergadura de la informalidad, el presidente de Faipa contabilizó que sólo en la Capital Federal el padrón de panaderos se redujo de 1400 a 650 en los últimos 6 años. Explicó que "muchos pidieron la baja por las deudas que acumularon tras el aumento de precios de las materias primas y los salarios". Pero aclaró que no todos cerraron: "La mitad sigue trabajando puertas adentro y rematando el pan afuera", denunció.
Daniel Pose, de 59 años, ya no figura en el padrón. "Para mí no era una opción pasar a la ilegalidad. Cuando ya no pude achicarme más tuve que cerrar", relató el ex panadero la mañana del sábado pasado en un bar de Villa del Parque, a medio camino entre su casa y la que fue su panadería hasta hace 3 años.
Empezó a trabajar como ayudante de panadero a los 16 años y, hasta 2004, nunca dejó de amasar y hornear pan cada madrugada. A los 32 tuvo su primera panadería y le parece mentira lo distinto que se trabajaba: "Los márgenes eran muy buenos y se consumía mucho pan, bolsadas llevaban. Ahora la gente lo poco que consume lo compra en el supermercado".
Más allá del recuerdo nostálgico de la panadería de barrio, con su olor inundando la llegada del día, Pose también enunció lo que considera el mal central del sector: la informalidad. "Las panaderías clandestinas prácticamente no existían. Ahora compiten no sólo con un local abierto sino que proveen a precios irrisorios a todos los bolichitos del barrio."
Así, uno por uno perdió sus clientes. "Antes de endeudarme fui despidiendo a mis empleados y quedamos con mi mujer un tiempo, resistiendo", dijo. No hubo caso: pasaron de fabricar tres bolsas de harina por día a menos de una.
Condiciones del acuerdo
A los panaderos, que por estas horas negocian la extensión del acuerdo que desde hace 9 meses rige para vender el kilo de pan francés de ocho piezas a $ 2,50, el diagnóstico les preocupa. Y quieren tomar sus recaudos antes de firmar.
Una de las condiciones es la disponibilidad de un crédito blando para tecnificarse, aumentar la productividad y así poder competir con las grandes panificadoras. Lo lograron: el director del Banco Nación, Reinaldo Ostroff, confirmó a LA NACION que la línea está vigente.
Otro de los pedidos para acordar es que el Gobierno aporte un subsidio para las deudas previsionales que fueron acumulando por la contracción de sus márgenes. Según el gremio, la mayoría de los panaderos está endeudada con la AFIP: las acreencias varían entre 15.000 y 100.000 pesos.
Un vocero de la AFIP confesó que no se estudia ninguna medida para achicar esas acreencias.
El presidente de la Asociación de Panaderos de Capital Federal, Luis Benito, sabe que es una cruzada difícil. Pero reclamó al Gobierno: "Si subsidia a todos los sectores, por qué no nos van a hacer un aporte para cubrir los intereses de la deuda".
También atacó al comercio clandestino que "compite deslealmente" y atenta contra los legales. Calculó que, con la rentabilidad perdida en los últimos años, el pan que venden en $ 2,50 debería costar 5 pesos.





