El avance del narcotráfico se cuela entre lo que más inquieta a los ejecutivos

En un almuerzo cerrado al público, advirtieron que el delito ya está instalado en el país y en los hábitos de consumo
Francisco Olivera
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16 de octubre de 2015  

Empresarios, ayer en Mar del Plata, atentos a las ponencias
Empresarios, ayer en Mar del Plata, atentos a las ponencias Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

MAR DEL PLATA.- Dice Raúl Reynoso, juez federal de Orán, que esa ciudad de 82.000 habitantes es ya, de tanto vecino nuevo narco, una comunidad colombiana en Salta. Reynoso lo planteó así, sin reparos discursivos, delante de 76 ejecutivos mudos. Fue ayer, en un almuerzo cerrado al público que IDEA hizo en el piso 11 del hotel Sheraton sobre narcotráfico. Escuchaban, además de Kevin Sullivan, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos, empresarios como Gerardo Cartellone, Oscar Andreani e Isela Costantini.

Reynoso puede dejar, como lo hizo, perpleja a una audiencia sólo contando su trabajo diario. En mayo, por ejemplo, fue amenazado de muerte mientras investigaba un cartel que camuflaba sus actividades con una red de carnicerías. Ayer no habló del tema, pero contó que su juzgado había llegado a tener más de 24.000 kilos de drogas decomisadas acumuladas sin que desde Buenos Aires se le prestara demasiada atención. Salvo el secretario Sergio Berni, aclaró, que al menos le mandaba desde Córdoba aviones con gendarmes para quemarla.

Los empresarios ven en el tema una amenaza creciente, y por eso buscaron este año abordarlo con tres oradores presentados por Fernando Cinalli, directivo de IDEA: además del juez estuvieron Guillermo Marconi, coordinador del Observatorio de Prevención del Narcotráfico (Oprenar), y María Eugenia Vidal, candidata de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires.

Fue una de las charlas más explosivas aquí. Algunos, como Marconi, buscaron sacudir apelando a que el problema está enquistado. "La droga llegó para quedarse y con los hijos de ustedes", dijo, e informó sobre dos episodios en dos colegios, uno de ellos de Palermo, con viajes de egresados a Brasil y a la Patagonia. En ambos casos, dijo, más de la mitad de los pasajeros llevaba anfetaminas. En el caso de Brasil fue fácil descubrirlo: uno de los adolescentes se intoxicó en el ómnibus e intervino la maestra. Vidal, que habló después, reforzó esa idea de hábitos sociales y propuso no naturalizar el consumo: "La sociedad está aceptando que un porro no es algo malo", planteó.

Marconi también metió el dedo en la llaga. Lo hizo cuando recordó haber organizado un debate entre Alberto De Fazio, senador bonaerense del Frente para la Victoria; Eugenio Burzaco, ex jefe de la Policía Metropolitana y asesor de Vidal, y Daniel Arroyo, colaborador de Sergio Massa. En él detectó una coincidencia: los tres referentes se declararon totalmente en contra de la delación premiada, la ley del arrepentido que permitió en Brasil detener a más de veinte políticos y empresarios de la obra pública. "Raro -reflexionó después ante este diario uno de los presentes-, porque esa ley logró desbaratar varios negocios."

En aquel debate, siguió Marconi, De Fazio negó que la Argentina se hubiera convertido en un país de consumo y fue interceptado por los otros dos panelistas, que estimaron en 250 las cocinas en territorio nacional. Mientras servían el postre, Vidal retomó el tema: "Lo primero que me pide la gente en las recorridas por barrios de bajos recursos es que los ayude a terminar con el paco. Para que tengan una magnitud del problema: hay dealers distribuyendo droga hasta en ciudades de 3000 habitantes".

El asunto inquieta al papa Francisco. Marconi recordó también que, el año pasado, en un encuentro en Santa Marta, Bergoglio les había pedido a él, al padre Guillermo Marcó y a otros dos miembros de Oprenar (Jorge Aufiero, de Medicus, y Héctor Masoero, de Techint) que hicieran trabajos de difusión en las universidades. Ya estaban comiendo el lomo, el plato principal.

Momentos antes, durante la entrada de salmón con ensalada, Reynoso había admitido la saturación de su juzgado: no sólo tuvo en los diez últimos años 30.000 causas de todo tipo, mitad civiles y mitad penales, sino que el promedio de detenidos es de 150, y a veces con picos de hasta 305, cuando la lógica indica que con más de diez se está en problemas. "¿Cómo puedo ponerle foco a la lucha contra el narcotráfico?", concluyó.

Sobre el cierre, con el café, Cinalli insistió en la preocupación de IDEA. "Queremos poner el eje en este flagelo", afirmó, y anunció el lanzamiento de un programa de asistencia para empresas mediante talleres conducidos por especialistas.

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