El comportamiento de las empresas revela claroscuros en la conciencia ambiental

En una misma zona pueden encontrarse diferentes actitudes
En una misma zona pueden encontrarse diferentes actitudes
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30 de julio de 2006  

Una buena parte de la problemática del medio ambiente tiene que ver con el comportamiento de las empresas, por eso en una misma zona pueden converger las luces y las sombras. En un recorrido por la ciudad de Quilmes, LA NACION recogió testimonios de vecinos que sufren las consecuencias de desatenciones de las empresas, pero que también valoran las buenas acciones.

Osvaldo Tondino, presidente de la Federación de Entidades de Fomento de Quilmes, aseguró que el vecindario reconoce que "la cervecería Quilmes no trae problemas a la comunidad y es una empresa que siempre trató de perfeccionarse". La firma, que en 2002 obtuvo el primer premio "Hacia la Excelencia Ambiental", otorgado por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), cuenta con una gerencia de Seguridad, Higiene y Medio Ambiente que se encarga de evitar cualquier efecto dañino sobre la comunidad.

El responsable del área, Hugo Bagliotto, contó que la empresa tiene 13 plantas en todo el país y hace 6 años trabajan en procesos de certificación de ISO 14000 con costos ambientales de 200.000 dólares por año por planta.

"La planta de Quilmes está en el medio de la ciudad, entonces debemos tener un cuidado intensivo con las posibles emisiones de agua, gas o ruido hacia el vecindario", afirmó. El directivo explicó que la modernización de la planta tuvo en cuenta que los vapores de cocimiento de la cebada en agua generan olor, entonces el proceso se hace a una altura elevada para que no llegue a la población. En tanto, para el tratamiento de los afluentes líquidos se instaló una planta de alta tecnología con un costo de 2 millones de dólares. "Así el agua se descarga en cloacas, pero con los parámetros permitidos", explicó.

A unas pocas cuadras, en el barrio La Sarita, decenas de viejos tanques industriales de hierro para almacenamiento de combustibles y otras sustancias, se apilan en un terreno junto al arroyo San Francisco a cuya vera se multiplican las viviendas humildes. El aire es nauseabundo.

En una de esas casas vive Lilia Canario, empleada de 45 años, que relató que vive allí desde hace muchos años y que la intoxicación con plomo es impresionante: "Mi hijo tuvo saturnismo, y los chicos acá viven con bronquitis".

Según ella toda la zona está contaminada "por los desechos de muchísimas fábricas". Y añadió que en la primavera "todo el barrio es una nube por la humedad de los ácidos que está en viento".

Con vista al turbio arroyo y a los tanques oxidados de la empresa El Emporio del Tanque, también vive Silvia Palavecino. "Los tanques están oxidados y los chicos sufren problemas asmáticos por el oxido que se respira en el aire", comentó. Para pesar de su familia, otro paisaje que puede verse desde su ventana son los piletones con desechos de frigoríficos de la zona. "Por los piletones nos llegan el mal olor y las ratas", dijo, con gesto resignado.

En Tomás Flores y Donato Alvarez se emplaza la cristalería Cattorini. A un costado del acceso principal se yergue una montaña de cerca de diez metros de vidrio molido. Según Tondino, tanto el vidrio acumulado como el de los camiones que lo traen sin tapa, vuela con el viento y si alcanza los ojos de una persona que camina por la calle la puede perjudicar para toda la vida. Como sucedió con Marcela González de 47 años, según el testimonio de su marido, Roberto Palacio: "Mi señora estaba esperando en la parada de colectivo, voló un vidrio y le insertó una astilla en el ojo y ahora tiene una catarata traumática, casi no puede ver". Otra vecina de la misma cuadra, Teresa Borjas, 66 años, aseguró que los vidrios aparecen en el aire cuando hay viento fuerte y hay muchas quejas de la gente.

Según Tondino, en el recorte de los vidrios nadie puede garantizar que no haya astillas, por lo que la empresa debería evitar la exposición del material. Respecto de la contaminación de los tanques, afirmó que el oxido provoca irritación a la vista y a la piel, y añadió que hubo reclamos que nunca prosperaron. LA NACION intentó comunicarse con las dos empresas mencionadas en reiteradas oportunidades el viernes por la tarde, pero en ambos casos la respuesta fue que los gerentes ya se habían retirado y nadie podía atender la consulta.

Según Tondino, en la zona hay muchísimas empresas con situaciones no controladas. "En veinte días nos vamos a reunir con la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, y le vamos a hacer una presentación de lo que está pasando con la contaminación en Quilmes", aseguró. Para el dirigente, las empresas no hacen las inversiones necesarias para hacer procesos de reciclado o plantas depuradoras. "Durante muchos años hubo una impunidad total al no existir controles, pero sí funcionarios permeables a mirar para otro lado", subrayó. Y añadió que actualmente está cambiando la situación porque las entidades intermedias están trabajando mucho y van directamente a la Justicia, no al poder político. "Ahora hay más conciencia y hay jueces que le dan importancia al medio ambiente", concluyó.

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