
De Vaca Muerta al norte minero: qué está pasando con el consumo en cada región
Mientras la energía y la minería reordenan el mapa productivo con su empuje exportador, las ventas minoristas todavía muestran una geografía fragmentada; el panorama que describen las cámaras de comercio y los problemas sectoriales
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La economía argentina muestra un crecimiento heterogéneo y esa dinámica se repite en el consumo masivo. Sin embargo, en ninguna región del país ese segmento acompaña las alzas de algunas actividades como energía, petróleo o minería. Con datos completos de julio, referentes de la mayoría de los rubros consultados por LA NACION dan cuenta de caídas respecto del año pasado o de estabilización a la baja.
Durante décadas, el promedio nacional funcionó como una fotografía razonablemente útil para describir el humor económico del país. Una cifra de ventas, una medición de confianza o un dato de actividad podían servir para construir una idea general de lo que estaba ocurriendo. Hoy, ese promedio comienza a decir cada vez menos.
El país se está reconfigurando. “La Argentina dejó de ser un solo estado de ánimo”, resume Fernando Moiguer, titular de la consultora que lleva su nombre. “El país está creciendo. Pero ese crecimiento no se distribuye igual en el territorio, ni en lo económico ni en cómo lo vive cada región. Hay cuatro ejes regionales con lógicas propias. Y una paradoja que los atraviesa: donde más crece la economía no es necesariamente donde mejor se vive el presente”.
Su diagnóstico apunta a que el nuevo modelo productivo está modificando el mapa económico y, con él, la forma en que las distintas regiones perciben su presente y proyectan el futuro. El promedio “país”, advierte Moiguer, “ya no alcanza para entender al consumidor argentino”.
El consultor insiste en que el nuevo mapa de la producción todavía no terminó de convertirse en un nuevo mapa del bienestar. Hay indicadores que muestran una debilidad extendida, aunque con intensidades diferentes. Por ejemplo, la venta de autos 0km acumuló entre enero y agosto una caída del 13,3% interanual; la de los usados también retrocedió (4,87%). Mientras que Santa Cruz, Tierra del Fuego, Misiones y la provincia de Buenos Aires registraron algunos de los descensos más pronunciados, Neuquén mostró una merma del 9,7%, inferior al promedio nacional.
Los supermercados muestran un cuadro similar. Las ventas se contrajeron 3,1% interanual en junio y el primer semestre terminó con una baja real del 2,8%, según un informe de la consultora Politikon Chaco, a partir de datos del Indec. Cuatro provincias lograron cerrar el período con números positivos: Neuquén, Río Negro, San Luis y La Pampa. Córdoba y Santa Fe quedaron cerca de la estabilidad, mientras Misiones y Corrientes sufrieron caídas de dos dígitos.
También el consumo de combustibles transparenta heterogeneidad. En julio, las ventas al público cayeron 6,4% interanual en todo el país y acumularon su sexta baja consecutiva. Sólo tres provincias lograron crecer, aunque por debajo de 1%: La Pampa, Neuquén y Santiago del Estero.
Ante la consulta puntual de por qué las provincias que crecen más no necesariamente consumen más, los especialistas esbozan que la respuesta está en la estructura productiva, en la composición del empleo, en la distribución de los ingresos, en los costos y, también, en las expectativas.
Los centros comerciales, por ejemplo, también comienzan a prepararse para un escenario más competitivo. Daniel Coli, presidente de la Cámara Argentina de Shopping Centers, proyecta “un 2027 con oportunidades, pero mucho más competitivo”. La recuperación, proyecta, será “gradual y selectiva”. Si la actividad consolida su mejora y la inflación continúa moderándose, “es razonable esperar una mayor predisposición de las marcas a evaluar aperturas, relocalizaciones y nuevos formatos”.
“El desafío ya no será únicamente llevar personas al shopping -afirma-. Será ofrecerles suficientes motivos para quedarse, consumir y volver”.
Vaca Muerta en foco
El caso de Neuquén es probablemente el más evidente. La provincia se transformó en uno de los principales motores de la economía argentina gracias a Vaca Muerta. Hay inversiones, empleo, construcción y actividad. Pero el comercio cotidiano vive una realidad mucho más compleja, según describen los empresarios del rubro.
“La situación es heterogénea -dice Daniel González, vicepresidente de la Asociación de Comercio e Industria de Neuquén-. Todo lo relacionado a Vaca Muerta, sus contratistas y los comercios que venden insumos están pasando un buen momento, pero hay otros segmentos que no están bien. Hay disminución del poder adquisitivo”. El personal jerárquico de Vaca Muerta vive en Neuquén capital, que está a 100 kilómetros, mientras que el personal operativo hace diez días en el campo y cinco en la capital.
González subraya que la construcción registra muy buenos niveles de actividad: “Las ventas de los corralones ‘vuelan’. Pero indumentaria, regalería, bazar sufren mucho, lo mismo que en el resto del país”. La actividad económica provincial creció 1,7% interanual en el primer semestre.
La minería aparece como el otro gran motor de la economía argentina. En varias provincias la discusión ya no es si habrá inversiones, sino cuánto tiempo demorarán en llegar al resto de la economía.
José Martínez, presidente de la Unión Comercial y Cámara de Supermercados de Catamarca, es directo: “Tener minería no implica que sea tan rápido la llegada de la reactivación a la ciudad. En los pueblos que están cerca de los campamentos se siente un poco, pero todavía no hay un derrame desde el oeste al Valle Central. Esperamos que en 2027 empiece a sentirse”.
Afirma que la expectativa en los supermercados era que hubiera un rebote, “pero no se dio. Si queremos ilustrar con una letra, el consumo es una ‘K’, algunos rubros suben y otros bajan”.
La compra online puede estar mejor: “Están golpeados los que compiten con el teléfono -puntualiza Martínez-. En los locales estamos igual que en 2025 en plata, pero en cantidad de productos algo menos. Hay un problema fuerte de endeudamiento con la tarjeta de crédito”.
En San Juan, Hermes Rodríguez, titular de la Cámara de Comercio provincial, describe un escenario similar: dice que hace diez meses las ventas minoristas caen, “algo menos en los últimos meses, pero bajan”.
Igual, sostiene que “todavía es incipiente lo que destila de la actividad minera y tenemos mucha esperanza”. El comerciante señala que el ordenamiento de las cuentas provinciales y el pago en tiempo y forma de los salarios públicos ayudan a evitar una situación peor. “Existe un fuerte apoyo a las pymes locales”, agrega.
En Jujuy, Luis Alonso, presidente de la Unión de Empresarios, menciona que en la provincia hay 100.000 empleados públicos y 55.000 privados: “Los salarios corren por debajo de la inflación y eso es lo que motoriza el consumo. Hay una pérdida de poder adquisitivo. Las pymes y micropymes dependen de eso”.
Sobre el sector minero, apunta que “está bien, pero son 9000 puestos de trabajo, mientras que en el comercio formal e informal son 20.000. Hay lugares críticos en la provincia, donde el consumo bajó fuerte”.
En Tucumán, donde no hay minería, la situación es similar, según el punto de vista de Gregorio Werchow, titular de la Federación Económica provincial: “Es un combo complicado. Falta dinero, las tarjetas tienen morosidad, hay endeudamiento con billeteras y bancos. Todo esto cambia la mirada de la gente, que piensa menos en el consumo”.
Werchow añade que al caer el consumo, “impacta en el IVA y, como baja la recaudación, hay más presión de embargos de ARCA, con lo que se inmoviliza a los comercios”.
Suba de costos
En el litoral y otras regiones, los representantes de las cámaras mencionan, como un problema común, la suba de costos. Guillermo Faccionello, dirigente de la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y de la Confederación Económica de Misiones, dice que “hay contracción en todos los rubros” y menciona que la provincia enfrenta un problema estructural de competitividad: “Estamos a 1000 kilómetros de los puertos internacionales para poder despachar nuestros productos. Realmente es muy costoso y ahí, en la logística, es donde dejamos de ser competitivos”.
Al desafío logístico, Alfredo González, titular de la Federación Económica del Chaco, le suma la presión de los embargos de ARCA y la competencia informal de la mercadería que ingresa desde Bolivia y Paraguay. “De los rubros que traccionan la economía, Chaco solo tiene el campo. No genera tanto derrame, es un sector chico”, sintetiza. El Índice Pyme de Actividad Económica mostró en julio una caída interanual del 7% y acumuló una contracción de 6,8% en el año.
En Santiago del Estero, Alejandra Rafael, vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria de esa provincia, menciona el impacto de la baja de la obra pública en el poder adquisitivo de los consumidores. “Con mucha promoción se vende lo mismo en unidades, pero se resigna rentabilidad y se liquidan stocks”, dice.
Juan Manuel Gispert, director ejecutivo de la Federación Económica de Mendoza, alude también a la suba de costos en los locales y señala que “bajó radicalmente la presencia de chilenos, lo que impacta en hotelería y gastronomía”.
La baja de la inflación es valorada, pero los empresarios aseguran que no alcanza para recomponer el poder de compra. Elías Soso, expresidente de la Asociación Empresaria de Rosario, estima que hoy un comercio “necesitaría vender 40% más para poder seguir adelante”. Y describe: “La caída de los ingresos se siente fuerte por el tipo de empleo que tiene la ciudad. En zonas periféricas hay más comercio informal”.
Desde Entre Ríos, Héctor Paván, dirigente de la Cámara de Almaceneros, aporta que al cambio de hábitos del consumidor se agrega la presión de los costos fijos crecientes: “Los servicios se dispararon en sus precios. La energía se lleva el 20% de los costos en un comercio”.
Para Blas Taladrid, presidente de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción de Mar del Plata, “el comercio se mueve entre dos estrategias, resignar márgenes o proteger el capital de trabajo. Muchos dejan de reponer y eso golpea a la industria. Los que vienen de hace muchos años arrancan con costos fijos que impactan fuerte, consumen el capital de trabajo y se endeudan con el Estado”.
Las ventas minoristas de Mar del Plata cayeron 7% interanual en julio en unidades físicas, completa.
En Córdoba, el consumo también muestra una recuperación insuficiente. Las ventas en supermercados cayeron 0,8% en el primer semestre, una de las bajas más moderadas del país, pero el comercio pyme registró en agosto una caída interanual de 5,9%.
Sebastián Parra, presidente de la Cámara de Comercio de Córdoba, tiene expectativas en un programa lanzado por la administración local que permitirá otorgar hasta 2000 créditos de $10 millones, con un plazo de hasta 36 meses y una tasa final del 33% anual. Los fondos podrán utilizarse para necesidades del giro comercial, desde la compra de mercadería hasta el pago de salarios.
Fausto Brandolín, presidente de la Fedecom cordobesa, advierte que la caída de agosto “se moderó” respecto del año anterior, aunque esa mejora “no alcanza a la mayoría de los rubros”. Para que exista una recuperación sostenida, es “necesario que la recuperación del salario real que plantea el Gobierno llegue efectivamente” a las familias.
Turismo como amortiguador
En las ciudades turísticas, el consumo tiene otra lógica. Leonardo Marcaciano, de la Federación de Empresas y Entidades de Bariloche y Zona Andina, señala que la actividad turística “en una ciudad como Bariloche, y habiendo sido uno de los destinos más elegidos del país, nos ayuda a dinamizar”. No obstante, aclara que el turismo sostiene, pero no resuelve los problemas estructurales, como “las asimetrías de los costos: energía, logística”.
Según Marcaciano, el comercio electrónico amplifica la desigualdad: “Cualquier empresa que manda al interior cobra de comisión 4% y, si nosotros lo queremos hacer, es 14%. Esa diferencia se suma a nuestros costos más altos. Las empresas tratamos de reconvertirnos, aggiornarnos”.
Por su parte, Daniel González, titular de la Cámara de Comercio de Ushuaia, destaca que “hubo una gestión fuerte y se lograron este invierno nueve vuelos semanales de Brasil, con lo que hubo récord de visitantes en julio. Nos salva el turismo en invierno y en verano, la cantidad de cruceros. Derrama”.
Río Grande, en cambio, enfrenta una situación más compleja, dice. “El pilar es la industria y viene cayendo. Llegamos a tener 12.000 empleos y quedan 3000. Se pide un cambio de matriz productiva, pero no están las herramientas”, remata.


