"El voluntarismo no tiene sentido"
Para el titular del Banco del Estado de Chile, hay que saber atraer al mercado.
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El socialista Jaime Estévez Valencia asumió hace dos meses la presidencia del Banco del Estado de Chile con un interrogante concreto: cómo seguir siendo una entidad pública en el siglo XXI. Algo que en la era de la globalización -aclara- "ya no es tan obvio".
"El mayor desafío es tener un banco rentable con misión social", dice este economista y ex presidente de la Cámara de Diputados de su país, que estuvo exiliado 10 años por haber apoyado al presidente Salvador Allende.
Claro que su visión hoy está en las antípodas de las ideas que él mismo defendió hace casi tres décadas. "Históricamente en Chile se entendió por misión social el salvamento de empresas ineficientes, a las que el banco -en nombre de la preservación de las fuentes de trabajo- les daba créditos que nunca devolvían. Se perdieron así millones de dólares", recuerda Estévez Valencia.
"Nosotros, en cambio, nos estamos reorientando hacia las micro y pequeñas empresas, que pueden multiplicar las fuentes de trabajo con préstamos por cifras muy inferiores. Creemos que, de esta manera, hacemos un aporte para ayudar a la gente a desenvolverse en la nueva economía."
Estévez Valencia -una pieza clave en la campaña que llevó al triunfo al presidente chileno, Ricardo Lagos- llegó a Buenos Aires invitado por la Fundación OSDE para participar, junto al ensayista y filósofo Santiago Kovadloff, de un coloquio sobre el tema "Globalización: ¿convergencia de identidades o vacío cultural?" "Estamos frente a un mundo de oportunidades, pero lleno, a su vez, de tensiones y contradicciones. El desafío es cómo hacer economía nacional en un mundo transnacionalizado", asegura el funcionario.
Para él, los grandes perdedores de este nuevo escenario internacional son los Estados nacionales. "Desde el punto de vista económico el temor es que empiecen a perder el control de su política de cambio, porque cuando esto ocurre ya no pueden controlar su política monetaria y, a continuación, su política fiscal. Queda, en consecuencia, un núcleo transnacionalizado, donde el Estado de bienestar se vuelve inviable."
-¿Por qué?
-Porque implica costos sociales y laborales, y regulaciones que las empresas transnacionales no están dispuestas a aceptar. Y como los capitales pueden migrar fácilmente a cualquier lugar, esto genera una brutal competencia de rebaja de costos que es incompatible con el Estado de bienestar.
El resultado es que hoy hay grandes sectores de personas dentro de los países que se sienten marginados, desprotegidos y, por lo tanto, reaccionan contra una política que ya no los ampara corporativamente.
-¿Estas son las consecuencias de la nueva economía?
-No tiene sentido juzgar el mercado como bueno o malo. Simplemente es así y por lo tanto uno toma eso como un dato y ve cómo se adapta y cómo actúa.
Actuar con voluntarismo político tampoco tiene sentido, ni fijar precios arbitrariamente, porque el mercado los pasa por arriba. Lo que sí pueden hacer los países son estrategias para darle señales al mercado de que trabajan distinto, de manera innovadora. Los países europeos, por ejemplo, tomaron la estrategia de unirse. En América latina nos tendríamos que preguntar si vamos a seguir buscando identidades nacionales aisladas o si nos unimos de una buena vez y lo hacemos de un modo que incluya a la mayor parte de nuestra población.
-¿Cómo analiza la posibilidad de que su país se incorpore plenamente al Mercosur?
-Los chilenos no tenemos otra opción que unirnos al Mercosur, pero habrá que ver cómo superar las dificultades y la principal es el arancel externo común. Chile ya se globalizó, por lo tanto el costo económico de liberar esas restricciones nuestro país ya lo pagó y ahora estamos recogiendo los beneficios. Chile no está dispuesto a volver a cerrarse.





