
Japón o la mentira al revés: tengo título, pero lo oculto
Por Jorge B. Mosqueira
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En la Municipalidad de Yokohama, en Japón, se descubrió que más de 700 empleados habían presentado antecedentes falsos en sus CV para obtener el trabajo. Fue producto de una investigación que abarcó 8200 puestos que fueron ofrecidos hasta hace cinco años mediante un sistema especial, para cubrir vacantes de colectores de basura, cocineros y conductores de colectivos.
Con los falsificadores se tomó una medida disciplinaria que consistió en un mes de suspensión, sin goce de sueldo. La mentira en la que incurrieron fue reducir y omitir sus altos niveles educacionales, que los habría descalificado para obtener aquellos puestos.
El hecho abrió investigaciones en otras ciudades japonesas, como Osaka y Kobe, donde se sospecha que podría haber engaños con igual modalidad.Todo esto parece un mundo puesto patas arriba. En vez de agrandarse, achicarse.
En los parques de diversiones se suele exponer una marca horizontal en la entrada de los juegos, que indica la altura necesaria para acceder. Es normal ver a los chicos ponerse en puntas de pie, disimuladamente, para pasar. No es tan común ver a un adulto doblar las rodillas para quedar por debajo de los estándares esperados. La raya es un método primitivo de selección, pero cumple su objetivo, como la lectura de los CV.
El ardid de los japoneses también se aplica aquí, en Occidente, pero en especial lo utilizan aquellos que son mayores de 40, con el propósito de obtener un puesto de trabajo. Para pasar por el ojo de una aguja hay que tener la medida justa. Lo que excede, se descarta. Otra manera de ver el fenómeno es relacionar el pecado con el castigo. Si ante el engaño se sanciona sólo con un mes de suspensión, parece que vale la pena trabajar en la Municipalidad de Yokohama. Resultaría muy atractivo para los díscolos y permanentes aborrecedores de la disciplina extrema. O quizá tan leve medida se deba a que es muy conveniente contar con egresados de las universidades más exigentes para cocinar o conducir autobuses. Es mano de obra altamente calificada, con remuneraciones de escaso monto. Buen negocio.
Finalmente, podríamos conjeturar que hay muchos japoneses inteligentes, hartos del interminable y fatigoso camino al éxito, que optaron por una calidad de vida que corre por debajo del frenesí, como un apacible arroyo serrano. Cualquiera de las alternativas tiene algún sentido. Esto es lo que sucede cuando las noticias son desconcertantes para nuestro habitual pensar y sentir.
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