
La maternidad dificulta la inserción laboral
Algunas empresas todavía se resisten a contratar a mujeres con hijos con el argumento de que resultan más caras que los hombres.
1 minuto de lectura'
En el campo laboral, la sola posibilidad de ser madre enfrenta a la mujer a una situación desventajosa y discriminatoria.
En el nivel mundial, la mujer recibe salarios más bajos que el hombre, considerando igual tarea y dedicación. Pero hoy su ingreso resulta fundamental para la economía familiar: según la OIT, el trabajo femenino es la principal fuente de recursos para un 30% de los hogares de todo el mundo.
En la mayoría de los países existe una legislación protectora de la maternidad; se brindan prestaciones médicas y sanitarias, se prohíbe el despido y se otorgan licencias en períodos de embarazo y luego del parto. En la Argentina, la mujer tiene derecho a tres meses de licencia con una remuneración igual a su salario.
Sin embargo, según la OIT, estos avances logrados no han podido resolver plenamente el problema. La mayoría de las empresas prefiere no contratar mujeres jóvenes recién casadas o con hijos menores. Muchas mujeres, además, interrumpen sus tareas laborales durante la crianza de los niños y, cuando deciden volver, su reinserción les resulta virtualmente imposible.
Pero son la informalidad y precariedad laboral las causantes de situaciones más problemáticas. Allí donde no llega la legislación ni el control del Estado, las madres se encuentran totalmente desprotegidas: las más perjudicadas resultan las trabajadoras rurales, las empleadas domésticas, las que trabajan en el hogar y las que lo hacen en tiempo parcial.
"En la Argentina no se puede despedir a la persona durante el período de embarazo, si está en blanco. Pero el problema es que tenemos un 48% de trabajadores en negro o con una parte del sueldo legalizada", dice Olga Hammar, investigadora y presidenta de la Fundación Trabajo, Investigación, Desarrollo y Organización de Mujeres.
Para Hammar, que la maternidad se convierta en un obstáculo para el empleo no es una novedad, pero esto se ha profundizado con el aumento de la desocupación: "Empieza prácticamente una extorsión de las empresas grandes, donde ante un embarazo se le hace entender sutilmente a la futura madre que no le renovarán el contrato".
Costo laboral
¿La mujer embarazada causa realmente un perjuicio económico a la empresa? Este resulta ser un supuesto altamente cuestionable.
Durante los tres meses de licencia, es la seguridad social del Estado la que se hace cargo de su remuneración, mediante una asignación no remunerativa por maternidad. Sin embargo, las empresas consideran que el problema es la necesidad de reemplazar a una persona y entrenar a otra; y que los inconvenientes aparecen después, durante la crianza de los hijos.
"Sin embargo -aclara Hammar-, se ha verificado que la mujer no falta al trabajo por las enfermedades de sus hijos. Hay una mayor conciencia laboral, porque saben que el trabajo va a ser algo permanente en su vida y no sólo un paliativo del desempleo de su marido".
Ester Schiavoni, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer (CNM), coincide con esta apreciación: "Estamos trabajando en un programa de igualdad de oportunidades entre mujeres y varones en el empleo, en el que una de las investigaciones en vías de realización es justamente la evaluación de ese costo laboral. Nuestra hipótesis es que está muy cuestionada la posibilidad de que signifique un mayor costo laboral para la empresa. Yo creo que las mujeres son, en líneas generales, más consecuentes y comprometidas con su trabajo".
De todas maneras, para Schiavoni, la discusión central no debe ser si la maternidad resulta más o menos costosa. "No puede ser que esa función biológica tan alabada -casi el único lugar reconocido y jerarquizado de la mujer - sea al mismo tiempo un castigo en función del gasto que pueda implicar. La sociedad aún no admite que el nacimiento de niños es una responsabilidad compartida, y simplemente se lo analiza como un impedimento laboral".
En el mismo sentido, para la doctora Nancy Silvia Raymundo -a cargo de la problemática laboral en el CNM- "es un error considerar la maternidad como un costo exclusivo de las mujeres: en todo caso será un costo social. Hay que cambiar el eje de la discusión: lo que habrá que buscar es que el tema del cuidado de los hijos, partiendo de la misma norma, ya no sea sólo responsabilidad de las mujeres, sino mutua".
Hogares democráticos
El establecimiento de guarderías en los lugares de trabajo del padre o la madre resulta una buena alternativa. En 1973, una ley ordenaba su implementación, pero no fue reglamentada y no se hizo efectiva, por lo que hoy sólo algunas compañías y edificios públicos cuentan con ese servicio.
Muchas madres sienten culpa por estar trabajando y no cuidando a sus hijos. "He visto maestras que se quejan porque los padres no ayudan a sus hijos con las tareas de la escuela -cuenta Hammar-, pero no se le puede pedir a quien trabaja ocho o doce horas que responda a la figura de la madre que ayuda a los niños a hacer los deberes. La vida cambió; ellas trabajan muchas horas y perciben a veces que es más importante conservar el empleo, porque si no sus hijos no podrían ni siquiera ir a estudiar".
Finalmente, lo que agrava aún más la situación es que tampoco se han logrado democratizar las relaciones en el hogar: "Hoy tenemos un 32% de mujeres cabeza de familia en la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Pero hay un sistema cultural -sobre todo en los sectores populares-, por el que el hombre desocupado ve afectada su función de mantener la familia, y a pesar de quedarse en la casa no realiza las tareas hogareñas", afirma Hammar.




