
Robin Hood, un modelo de liderazgo
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-¡Robin Hood! ¡A él, guardias! ¡Cincuenta marcos de oro para el que lo atrape! ¡A él, villanos!
La suma era importante y los soldados no necesitaron que les repitieran la orden.
(De la leyenda popular inglesa, versión de Editorial Sigmar, 1997, Pág. 33.)
La orden impartida por el malvado sheriff de Nottingham obliga a hacerse una pregunta: ¿por qué ofrece una recompensa especial a sus guardias -un bonus- si ellos, precisamente, han sido contratados para trabajar de guardias? Detrás de esta desesperada oferta parecen esconderse algunas estrategias de gestión que explican las causas del triunfo de Robin Hood sobre Guy de Gisborne.
El héroe sajón no necesitaba sobornar a su gente cada vez que emprendían una aventura, por más riesgosa que fuera. ¿Se deduce que los incentivos son instrumentos propios de los malvados? Es muy osado afirmar esto, pero los sistemas de incentivos no huelen bien. Robin Hood, por su parte, repartía el botín. No juzgamos aquí el origen de la fortuna, sino la administración del liderazgo. ¿O es al revés? El liderazgo se logra a partir de una particular forma de administración que no precisa de incentivos, sino de motivación.
A pesar de que la diferencia entre uno y otro sistema parecería sutil, los efectos terminan siendo muy opuestos entre sí. Veamos otros aspectos.
El bosque de Sherwood no era un lugar muy confortable para vivir. Seguramente mucho más desprotegido que el castillo de Belame, más conocido como el Dominio del Diablo. A pesar de ello, la adhesión a la pandilla de Robin Hood creció en forma exponencial. Hombres de la talla y fortaleza del Pequeño Juan se sumaron a partir del reconocimiento de las habilidades y la ecuanimidad de su jefe, antes conocido como Robin de Locksley. Este era un líder natural. No necesitaba apelar a recompensas extraordinarias para su gente. Sebald, el siervo maltratado que inicia la historia, expresa con lágrimas en los ojos: "Bien dicen que tenéis el corazón más bondadoso del reino". Aquí, quizás, esté la clave. Si se hubiera hecho una encuesta de clima en el condado, seguramente Robin Hood aparecía en los primeros lugares del ranking.
Aunque la ubicación cronológica de la leyenda esté en plena Edad Media -alrededor del siglo XIII-, los distintos estilos de gestión no han cambiado mucho. Aún hoy se acude a los incentivos económicos para obtener resultados, posibles de lograr por otros medios que requieren una mayor impronta ética y emocional y cuyo costo no supera ni media onza de oro.
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