Una oportunidad de volver a elegir: cambiar de carrera no es fracasar

Para muchos, dar con la verdadera vocación implica pasar por una o varias experiencias de estudio, que permiten diseñar un proyecto propio
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12 de junio de 2005  

Carmen cambió cinco veces de carrera antes de convertirse en feliz psicóloga. "Turismo, derecho, medicina, nutrición y letras", enumera, en estricto orden de cursada. Su peregrinaje por distintas universidades y facultades terminó cuando, paradójicamente, dio con las ciencias que estudian la conducta humana y el inconsciente.

El caso de Carmen no es una excepción. Según los expertos, los cambios en el rumbo académico suelen ser habituales en los primeros años de la facultad, en los que la vocación, lejos de estar conformada, empieza a construirse. Por eso cada comienzo debe entenderse como parte de un proceso de aprendizaje y no como un fracaso.

"Lo primero que hacemos cuando un chico viene a vernos porque cree que eligió mal es contenerlo. Tratamos de desdramatizar la situación y le explicamos que es algo normal, que puede suceder", dice Cecilia Daireaux, psicóloga miembro del Servicio de Orientación Vocacional de la Universidad de Belgrano (UB).

Poco tiempo para informarse acerca de la carrera, un mandato familiar que obliga a seguir determinadas disciplinas, fantasías de la profesión que se desvanecen a medida que se avanza en el estudio, malas calificaciones y una elección que privilegia el aspecto económico por sobre el vocacional son las causas que motivan un replanteo de la carrera elegida.

"La duda es positiva siempre que sea un motor que moviliza a averiguar, a buscar, a trazarse un camino. Cuestionarse lo que uno quiere ser en lugar de quedarse con lo que pensó que iba a estudiar cuando era chico es bueno", sostiene Astrid Hammar, miembro del Servicio de Orientación Vocacional de la Universidad del Salvador (USAL).

Para Adriana Trisolini, licenciada en ciencias de la educación y coordinadora del curso "Descubrimiento vocacional y elección de carreras", que dicta la Untref Virtual, es fundamental trabajar lo actitudinal. "Hacemos foco en la motivación personal. Aun en los casos en que los cambios no se vivan como un fracaso es necesario apuntalar la confianza."

¿Perder un año?

El primer sentimiento que aparece ante la necesidad de volver a empezar es de frustración. Más tarde invade el miedo y luego acechan la incertidumbre y la culpa, que generalmente está asociada con la idea de que se perdió el tiempo. "Los chicos suelen compararse con sus compañeros y sacan cálculos del tipo «por esta época ya estaría recibido» -cuenta Hammar-. Pero el malestar desaparece no bien encuentran un lugar mejor, su lugar."

La preocupación por el tiempo desperdiciado también es destacada por Daireaux: "A la mayoría le preocupa haber perdido el año. Hoy en día existe la presión por terminar rápido para empezar a trabajar lo antes posible. Nosotros tratamos de hacerles entender que recibirse uno o dos años después no cambia nada".

Es más: para algunas carreras, en las que es preciso alcanzar un grado de maduración importante y acumular experiencias de vida, retrasar la graduación hasta podría ser conveniente. Así lo entendió Carmen, después de saltar durante dos años de una carrera a otra.

"Aunque en el momento me angustiaba mucho, haber pasado antes por otras experiencias me sirvió para madurar. Si me hubiera recibido de psicóloga a los 23 años, no sé si hubiera estado preparada para ejercer", cuenta la flamante psicóloga, que hoy reparte sus horas entre el consultorio y su trabajo en una librería, en la que pone a prueba los conocimientos adquiridos en el primer año de Letras.

Pedido de ayuda

La búsqueda de la vocación suele ser un camino solitario. Y más aún después de una mala elección, donde la persona puede sentir pudor y aislarse, con el riesgo de volver a equivocarse. Por eso, con más razón, hay que pedir ayuda.

"Nosotros no hablamos de reorientación, sino de orientación. No discriminamos entre las personas que van a ingresar por primera vez en el mundo universitario y las que ya están adentro y quieren cambiar de carrera", aclara Hammar.

Es que en términos formales el trabajo es el mismo. "Tratamos de ver qué errores se cometieron para no repetirlos. Y después invertimos la fórmula: en lugar de amoldar sus gustos a una carrera, vemos cuál de todas se adapta mejor a lo que quiere hacer", explica la psicóloga que integra el servicio de orientación de la USAL.

Pero con un estudiante que plantea dudas acerca de su elección es preciso hacer un diagnóstico más profundo, porque muchas veces el problema no es la carrera, sino cierta desmotivación o dificultad con el estudio. "Recibimos muchas visitas sobre todo después de los primeros parciales -cuenta Daireaux-. Ante resultados adversos los chicos se rinden y piensan que equivocaron su vocación cuando en realidad no tienen una buena metodología de estudio."

Elegir una carrera es un proceso que muchas veces no se da de un día para el otro. Tiene que ver con la maduración personal, las expectativas propias y ajenas y tiempos internos distintos de los del entorno. La clave, como asegura Carmen, es "perder el miedo a equivocarse y no dejar de probar". Tal vez a esta efectiva fórmula conviene agregar la búsqueda de ayuda y el inestimable apoyo del grupo familiar.

Reacciones que pueden forzar un nuevo error

No todos los padres reaccionan de la misma manera ante un cambio de carrera. Están los que apoyan y acompañan, y los que presionan y dificultan el proceso con planteos del tipo "¿y ahora qué pensás hacer?", forzando una nueva elección, probablemente equivocada.

"En general los chicos nos dicen que tienen el apoyo de su familia cuando les plantean que quieren cambiar -cuenta Hammar-. Pero también existe una clara presión por seguir estudiando una carrera universitaria".

Por ejemplo, cuando les plantean que quieren pasarse a un estudio terciario muchas veces no cuentan con el apoyo de sus padres y vuelven a elegir una opción equivocada, que puede derivar en otra frustración.

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