Hay que reforzar las defensas comprando dólares
El Gobierno debería aprovechar el momento para despejar las dudas sobre los pagos de deuda externa que resta hacer en este año y en 2027; la fragilidad de las reservas sugiere que sería prudente que las reservas netas mejoren incluso más que los US$8000 millones acordados con el FMI en la última revisión
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La inflación de los últimos meses fue en ascenso y esa mala noticia empeoró un poco más al conocerse los datos del mes de marzo. Unos pocos días antes se publicaron los datos de actividad de industria y construcción del mes de febrero que también fueron malos. ¿Qué podemos esperar hacia adelante?
La inflación de los últimos meses posiblemente refleja el resultado de una caída en la demanda de dinero y una depreciación del peso antes de las elecciones y algunos ajustes de precios relativos que se propagan más en la Argentina que en los países desarrollados porque lleva tiempo ganar credibilidad en la política monetaria luego de años de altísima inflación.
Hacia adelante, los ajustes de precios relativos deberían ser menores que en los últimos meses, a menos que vuelva a complicarse el conflicto en Medio Oriente y el precio del petróleo sufra una nueva escalada. Es probable que la inflación de abril empiece con 2 sostenida entre otros factores por un tipo de cambio estable que incluso se ha apreciado 6% en términos nominales en lo que va del año.
En la actividad el efecto positivo de la cosecha y el aporte de la inocencia fiscal se ve en parte compensado por el efecto contractivo del shock de precios del petróleo que transfiere fondos de los consumidores a los productores. Además, la normalización en las tasas de interés reales, que han vuelto a los niveles del primer semestre de 2025, demora en impactar porque la suba en la morosidad deja cierta resaca que enlentece la normalización de los préstamos en moneda local que todavía crecen menos que la inflación mensual.
Si se reduce la inflación algo mejorarán los ingresos reales de los jubilados y trabajadores. Los primeros porque sus haberes se ajustan en base a la inflación pasada y los segundos, al menos los formales, porque las paritarias deberían en algún momento tener en cuenta meses de 3% en lugar del 2% que posiblemente esperaban sindicatos y empresarios para este momento del año. Tiene sabor a poco, más si se contemplan los salarios reales de 2016 o 2017 que eran un cuarto más altos que los actuales, pero que no están disponibles por ahora para que no explote el déficit en las cuentas externas como ocurrió en aquellos años. De todos modos, la economía crecería menos de lo esperado, posiblemente un 2%.
En ese contexto, es posible que la cuenta corriente del balance de pagos sea neutra o incluso un poco superavitaria. Con algún ingreso de fondos por la cuenta capital ello daría lugar a una “abundancia” de dólares.
El Gobierno debería aprovechar ese contexto para despejar las dudas sobre los pagos de deuda externa que resta hacer en este año y en 2027. Ello requiere una combinación de alguna colocación de deuda y sobre todo de comprar más reservas aún cuando ello genere una modesta depreciación del peso. Tanto el Gobierno como el FMI han destacado que existen varias opciones que permitirían postergar una emisión internacional: las colocaciones de bonos en dólares en el mercado local, los Repos del BCRA y las privatizaciones y ahora se sumó una nueva opción que consiste en emitir deuda con garantía de organismos multilaterales.
De todas maneras, es importante reforzar las defensas comprando dólares en el mercado por varias razones:
1) Nos encaminamos a un año 2027 con vencimientos de US$2000 millones aún luego de excluir las obligaciones intra sector público y suponiendo que los multilaterales (ex FMI) aportan nuevos préstamos por cifras similares a los vencimientos con ellos. Esa suma aumentará cuanto más exitosa sea la colocación de Bonar 2027 (que vence dentro del año, pero después de las elecciones presidenciales de octubre de 2027).
2) En la medida en que las encuestas de intención de voto sugieran que hay alguna chance, aunque sea baja, de un retorno al populismo eso puede alentar a una dolarización de portafolios como ocurrió en 2025. Recuérdese que el año pasado aún a pesar de compras mensuales que llegaron en algunos meses a US$5000 millones los depósitos del sector privado en dólares crecieron entre julio y fin de octubre, lo que le dio al BCRA una fuente de liquidez adicional (los encajes de los argendólares). En cambio, luego de las PASO de agosto de 2019 los depósitos en moneda extranjera cayeron 35%. En una elección de medio término el riesgo percibido por el depositante de un gobierno populista era distante (dos años); en una presidencial es más cercano.
3) Es muy probable que los swaps acordados con China y Estados Unidos sigan disponibles, pero siempre existe algún riesgo de que los desembolsos se demoren por alguna razón política.
A medida que pasa el tiempo va aumentando el impacto del shock positivo sobre las exportaciones. Por ejemplo, en 2027 ya estaría inaugurado el nuevo oleoducto que al comienzo aportaría US$350 millones por mes y esta cifra se triplicaría a lo largo del año. Además, la decisión de ir extendiendo plazos de las nuevas colocaciones de deuda en pesos y generar algún colchón le dan al Tesoro una opción adicional para comprar divisas y cancelar deuda en dólares (cambia deuda externa por interna). Pero la fragilidad de las reservas sugiere que sería prudente que las reservas netas mejoren incluso más que los US$8000 millones acordados con el FMI en la última revisión. Incluso en ese escenario sería más probable que la reducción del riesgo país sea más marcada y habilite la opción de colocar deuda en el mercado internacional a un costo razonable.
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