Integrados: los próximos 20 años del Mercosur

El bloque cumple dos décadas y La Nacion aprovecha para proyectar las próximas dos; analistas y empresarios consideran que se necesitará más complementariedad entre los países y una mayor apertura hacia el resto del mundo
Alejandro Rebossio
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27 de marzo de 2011  

Cuando la Unión Europea cumplía 20 años, en 1977, aún se llamaba Comunidad Económica Europea. Llevaba cinco años con una banda de fluctuación para sus monedas. Cuatro años antes se había ampliado por primera vez, de seis a nueve miembros, y había comenzado a dar fondos a las regiones menos desarrolladas.

En los siguientes diez años, los ciudadanos votaron el Parlamento europeo, se sumaron seis países, se eliminaron las últimas barreras al comercio intrarregional, arrancaron las políticas exterior, ambiental y de investigación comunes y comenzó el intercambio de estudiantes universitarios. En los siguientes diez, establecieron normas para caminar hacia la moneda y la política de defensa unificadas, empezaron a cooperar en asuntos de interior y justicia, se estableció el mercado único no sólo de bienes sino también de servicios, capitales y personas (se eliminaron controles fronterizos entre la mayoría de los países), se incorporaron tres socios y se dedicaron más recursos para fomentar el empleo.

Al Mercosur, que cumplió ayer 20 años, le falta mucho de todo eso. Siguen siendo cuatro miembros, con más comercio, pese a las barreras entre ellos, y con unos fondos modestos para los dos más pequeños (Paraguay y Uruguay). Expertos en integración económica y empresarios opinan que las próximas dos décadas serán el tiempo para que los socios se integren más, pero también se abran más al resto del mundo.

"Cuando se construyó el Mercosur, se hizo sobre bases ortodoxas -recuerda el presidente de la Cámara de Exportadores (CERA), Enrique Mantilla-. Había una hoja de ruta: el modelo europeo. Los mercados en el mundo funcionaban razonablemente. Hoy en día el mundo cambió: hay una nueva relación entre mercado, Estado y sociedad civil, y el modelo europeo está en debate."

El Mercosur nunca llegó a desarrollar instituciones comunes de peso y las relaciones se desarrollan cada vez más sobre las necesidades de cada país, con más barreras comerciales que hace 10 años y con más acuerdos bilaterales entre los miembros (por ejemplo, para limitar importaciones o comerciar sin el dólar), según Mantilla. A diferencia de lo que era hace 20 años, Brasil es un protagonista de la escena internacional: está entre las cuatro potencias emergentes BRIC (Brasil, Rusia, India y China). "Brasil tiene su hoja de ruta propia, con diálogo con EE.UU. y la UE", admite Mantilla. En cambio, el presidente de la Cámara de Importadores (CIRA), Diego Pérez Santisteban, opina que el Mercosur es un proyecto "exitoso", dado el desarrollo del comercio intrarregional, la armonización de normas y la proyección del bloque hacia el mundo, más allá de las pocas instituciones comunes. El vicepresidente tercero de la Cámara de la Construcción, Aldo Roggio, destaca al Mercosur por su vigencia, pero admite que su grupo no se ha beneficiado de la unión: "Sigue siendo muy trabajoso el desarrollo en Brasil". El socio mayor del Mercosur favorece a sus empresas en las licitaciones públicas, lo que constituye un renovado motivo de polémica ahora que está construyendo la infraestructura para el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Dado ese contexto, Mantilla se imagina que en los próximos años habrá un Mercosur en el que se cumplan pocas reglas y se negocie a nivel político tema por tema. "No está claro el proyecto a cuatro años. El Mercosur es un OPNI, un objeto político no identificado, pero a la Argentina y Brasil les resulta cómodo que siga así. La relación con China afecta las hipótesis productivas: hoy, el mundo reclama commodities y para vendérselas el Mercosur no necesita firmar acuerdos con otros países."

Pérez Santisteban destaca que ese nuevo mundo, en el que la Argentina y Brasil son miembros del G-20 (grupo de potencias ricas y emergentes), resulta prometedor para el Mercosur. Pero aclara que el bloque debe completar la unión aduanera (algunos productos de fuera del Mercosur tienen distintos aranceles en los países miembros), buscar el mercado común (no sólo la Argentina pone barreras; Brasil también y además subsidia el crédito a la exportación dentro del bloque), coordinar las políticas macroeconómicas (de lo que por ahora no hay nada) y actuar para crecer juntos en terceros mercados. Roggio agrega que han de eliminarse "todas las asimetrías y desigualdades que el desarrollo particular de cada economía conlleva".

También la industria de sustitución de importaciones tiene sus intereses. El ex presidente de la Unión Industrial (UIA) Juan Carlos Lascurain aboga por que siga administrándose el comercio interno y se coordinen los frenos a la importación asiática. Pero el empresario también identifica oportunidades de negocio en Brasil, como la provisión de productos a las nuevas plataformas petroleras en el mar o el alza de la cantidad de autopartes argentinas en los autos brasileños.

Eduardo Sigal fue subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur durante más de seis años del kirchnerismo. "Tenemos que terminar con la desconfianza entre los socios mayores -dice Sigal-. En el siglo XXI hemos plantado la concordia y la complementariedad, pero durante 150 años las burguesías gobernantes tenían muy incorporado el concepto de competencia. El mundo nos exige que nos complementemos más en las cadenas de valor mundiales."

Sigal admite que esa integración requiere "romper con las barreras fronterizas que traban los procesos productivos modernos". Reconoce que en los gobiernos de los Kirchner, "en el sentido tradicional, ha habido nuevas barreras al comercio, pero en realidad se administraron los conflictos para crear complementariedad". Pone el ejemplo de los fabricantes brasileños de textiles y calzado que se vieron obligados a instalar en la Argentina para abastecerla. "En lo que nos integremos seremos exportadores altamente competitivos, mientras que otros productos se importarán porque en el mundo de hoy conviene así."

Alguien que vincula la complementación productiva con la oportunidad de las riquezas naturales es Bernardo Kosacoff, que enseña e investiga en las universidades de Buenos Aires, Quilmes, San Andrés e ITBA. "La Argentina y Brasil somos proveedores de alimentos y en esto hay mucho para hacer en especialización, complementación, innovación, tecnología y negociación con terceros mercados", expone Kosacoff. Según él, quedan oportunidades para explotar: "Nuestros países tienen poca presencia en las cadenas de valor de las multinacionales, y aún no se ha avanzado lo suficiente en la cooperación nuclear, tecnológica y aeronáutica".

Conflictos latentes

Dante Sica, de la consultora Abeceb.com, coincide con Kosacoff en que los conflictos del Mercosur constituyen sólo una parte menor de la agenda potencial entre los socios, y en que el bloque debe aprovechar que el mundo demanda sus alimentos, su biodiversidad, su energía y otros recursos naturales. Pero el poderío en materia de recursos naturales también puede derivar en futuros conflictos en los casos en que se compartan o en que la explotación en un país impacte en otro, según advierte Marcelo Saguier, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Por eso, Saguier vaticina que los países del Mercosur deberán buscar consensos sobre la administración de esas riquezas y crear una política ambiental común. Otras dimensiones pendientes: la educación, las migraciones, la movilidad y el empleo.

Sica concuerda en que deberá coordinarse el manejo de los recursos naturales y agrega que por este asunto y por el desarrollo de infraestructura pasará la integración en el futuro. "La coordinación fiscal, monetaria y cambiaria es una mirada tradicional. Hoy podemos avanzar en energía y en infraestructura, uniendo el Pacífico y el Atlántico. Por eso, hay otras formas de integrarnos a Chile, Bolivia o Venezuela que no son unificando aranceles."

Dos expertos en comercio plantean los desafíos del Mercosur en forma esquemática: Marcelo Elizondo, de la consultora DNI, y Félix Peña, de la Fundación Standard Bank. Para Elizondo, lo primero es acabar con las barreras al comercio intrarregional y crear un mecanismo permanente de resoluciones de controversias. Lo segundo, crear una política de atracción de inversiones, lo que necesita de lo primero. Lo tercero, unificar las posiciones frente al mundo, en negociaciones como la Ronda de Doha de comercio multilateral o con la UE.

Peña se plantea tres preguntas. La primera es si el Mercosur debe continuar. Responde que sí porque es difícil imaginar otro esquema de relación con Brasil. La segunda, qué hacer con el bloque. Peña considera que se debe crear empleo productivo y para eso, a contramano de Elizondo, propone crear un régimen de licencias automáticas y no automáticas de importación, resucitar las salvaguardias también para regular el intercambio interno y recrear los pactos sectoriales para integrar la producción, como en el caso automotor. Por último, Peña se pregunta cómo concebir al bloque en la escala global y responde que cada país debe tener libertad para relacionarse con quien sea, siempre que no dañe la unión aduanera (es decir, no podrían sellarse tratados de libre comercio por separado).

La ampliación del Mercosur es otra incógnita, sobre todo porque el único candidato a sumarse, Venezuela, lleva cinco años en lista de espera (falta que el Parlamento paraguayo lo apruebe, algo imposible hasta ahora). "Hay diferencias. Algunos países tienen un enfoque liberal, como Chile, Perú y Colombia, y otros, abogan por la complementación Estado-mercado", advierte Sigal.

Desde diciembre pasado, el Mercosur tiene un alto representante, el brasileño Samuel Pinheiro Guimarães. Ante la consulta de La Nacion definió cinco desafíos: eliminar la pobreza, promover el desarrollo, construir infraestructura (energía y transporte), reducir asimetrías y profundizar la democracia.

UNA HISTORIA

30 de noviembre de 1985

Se sientan las bases del Mercosur

Los presidentes José Sarney, de Brasil, y Raúl Alfonsín firman la Declaración de Foz de Iguazú, que deja atrás décadas de enfrentamientos para comenzar a cimentar una alianza regional.

26 de marzo de 1991

Nace la zona de libre comercio

El Tratado de Asunción crea el Mercosur con la eliminación de aranceles a la importación. Lo sellan Fernando Collor de Mello (Brasil), Andrés Rodríguez (Paraguay), Carlos Menem y Luis Lacalle (Uruguay).

17 de diciembre de 1994

El bloque deviene unión aduanera

El Protocolo de Ouro Preto, Brasil, unifica los aranceles para productos de fuera del Mercosur. Lo rubrican Lacalle, Itamar Franco (Brasil), Juan Carlos Wasmosy (Paraguay) y Menem.

Enero de 1999

Comienza una crisis casi terminal

Brasil devalúa el real, mientras que la Argentina mantiene el peso atado al dólar. Con el tiempo, inversores comienzan a mudarse al socio mayor del Mercosur. El peso se devaluó en 2002.

16 de diciembre de 2003

Redefinen las reglas de juego

Lula da Silva y Néstor Kirchner en Montevideo, junto al entonces jefe de la Comisión del Mercosur, Eduardo Duhalde. Los dos presidentes fijaron trabas al comercio para armonizar conflictos.

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