
La Argentina tiene el clima y la tierra para producir los mejores vinos
Cuenta con tres bodegas en Mendoza y 2200 hectáreas cultivadas; es uno de los principales bodegueros del país y hace pocos días sumó otras 300 hectáreas, pero en la provincia de Río Negro, para elaborar vinos de zona fría con nuevas marcas, y así suma su cuarto emprendimiento; es uno de los pocos sobrevivientes locales de un sector que ha sufrido un fenomenal proceso de concentración y extranjerización.
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Nicolás Catena Zapata tiene el hablar pausado, digno del bodeguero acostumbrado a tenerle paciencia a la maduración del vino. Es considerado uno de los pocos empresarios argentinos del sector, con su centro casi obligado en la provincia de la uva: Mendoza.
Su abuelo comenzó como viñatero a principios de 1900. En 1963, la familia comenzó a vender vinos a granel, para dos años después comprar la planta embotelladora de vinos Crespi y en 1966, la mayoría accionaria de Bodegas Esmeralda.
Economista y definido por sus colegas como "inteligente para la veta comercial", supo hacer el cambio a tiempo.
De los vinos de mesa -vendió Crespi y Facundo, entre algunas marcas- saltó a vender vinos de mayor precio tanto en el mercado local como en el exterior. Se subió rápidamente a la ola de los vinos de calidad del Nuevo Mundo, conformado por Chile, Sudáfrica, Australia, Estados Unidos. Desde 1992 se concentra en vinos finos.
En el verano de 1976, viajó a Estados Unidos (California) y visitó la región de Napa Valley. Se encontró con otra realidad en la bodega de Robert Mondavi. Allí tuvo su primer contacto con una innovación tecnológica que marcó su forma de elaborar vinos. Acto seguido, trajo a la Argentina a un consultor especializado en el tema. "Los vinos me parecieron superiores. Me di cuenta de que había que cambiar todo, incluso las variedades. Fue como un shock para mí", recuerda Catena.
Hoy cuenta con tres bodegas (Escorihuela, La Rural y Esmeralda) y su rango de precios oscila entre $ 3,20 y $ 65 la botella con etiquetas como Valderrobles, Felipe Rutini, La Rural, Catena Pont L´Eveque, San Felipe. Sus ventas son de US$ 90 millones. Ahora se viene una nueva viña de 300 hectáreas con bodega en la provincia de Río Negro. Recientemente, también compró 240 hectáreas en Alto Agrelo, Mendoza. Es uno de los últimos grandes bodegueros argentinos que quedan al frente de su empresa, junto con los Arizu en Luigi Bosca y los Bianchi en la bodega que lleva su apellido.
Catena afirma que "la Argentina se había resignado a hacer vinos de bajo precio sin calidad internacional. Intenté cambiar esa pretensión. Busqué consultores del mundo en California, Francia, Italia. En 1990 obtuvimos la primera cosecha de nivel internacional vendida afuera con marca Catena. Primero cambiamos el vino de exportación y luego introdujimos mejor calidad en el mercado interno".
-¿Qué tipo de vino se elaboraba anteriormente?
-En la década del 70 se preferían los vinos bien añejados, con un color amarronado y una notoria oxidación que predominaba sobre cualquier vestigio de aroma o sabor proveniente de la fruta. La Argentina era considerada un país productor de vinos de baja calidad.
-Sin embargo, ¿a qué se deben las inversiones en las marcas de vino de precio no tan caro, de entre 4 y 8 pesos?
-Los vinos más caros mejoraron más la calidad que los vinos baratos. Se han dado inversiones en los vinos medios. Las marcas con cierto precio han ganado un espacio. Se ve cierta fidelidad en las marcas y un mayor consumo en las de menor precio. Pero para las situaciones especiales se sigue gastando un poco más en marcas más caras.
-La Argentina, ¿tiene ventajas para competir con cualquier vino del mundo?
-La Argentina tiene un clima que le permitió producir cualquier calidad de vino al precio más bajo del mundo. Tenemos una ventaja comparativa significativa. La tierra es muy buena y sigue siendo barata en comparación con las demás. Acá se pide desde los 3000 dólares hasta los 100.000 dólares la hectárea. En California, la hectárea vale 160.000 dólares.
-¿Cómo los afectó la recesión?
-Creemos que el consumo no disminuye cuando va mal la economía, sino todo lo contrario. En la época del Cordobazo, éramos líderes con la marca Facundo. En esa época el consumo se duplicó. Hay un fenómeno de compensar la ansiedad con satisfacciones no muy caras. Este efecto reprimía otros gastos grandes, como ir a cenar o al cine. El vino es una forma de compensación. Para nosotros fue un buen año: crecimos, como lo venimos haciendo en los últimos tres años, en un promedio del 12 por ciento.
-¿Le preocupa la llegada de empresas del exterior y la concentración que se está viviendo?
-La aparición de empresas poderosas me preocupa, pero nada más que eso. Todos los días me sorprenden llamadas del exterior. No queremos vender porque tenemos descendencia. Me sorprendieron las compras de Kendall Jackson, Codorniú. Desde el negocio de la exportación, esto nos favorece a todos, porque nos agrega tecnología, calidad y se sigue construyendo el nombre Argentina en todo el mundo. De esta manera, es más fácil vender en el exterior. Nos van a hacer un gran favor.
-¿Se prevé algún cambio accionario en la tres bodegas o la compra de otros competidores?
-No. En Bodegas Esmeralda, junto con mis hermanos tenemos el 97% de la firma, mientras que el 3% cotiza en la Bolsa. En esta empresa anunciamos un aumento de capital que va a ser suscripto, en su mayoría, por nuestra familia. En La Rural y Escorihuela controlamos el 51%, y el grupo francés de vinos Bernard Tairllard mantiene, sin cambios, su 49 por ciento. Pero quiero destacar que detrás de cada una de nuestras marcas se conserva una mística: hay una persona detrás de ellas. Se corre el riesgo de que las marcas se despersonalicen. Eso ocurrió en California con algunas adquisiciones de Seagram. Yo mismo estoy detrás de las marcas. Nosotros no haremos más adquisiciones.
-¿Cómo se manejan con las marcas de vinos finos?
-Tenemos una división especial con un marketing distinto para cada una de ellas y una venta especializada. Los vendedores tienen un sueldo fijo, sin comisiones, para que puedan dedicar el tiempo necesario para cada venta, con la asesoría justa.
-¿Qué proyectos tienen en camino?
-Hace unos días, el gobierno de Río Negro nos adjudicó 300 hectáreas para cosechar viñas y levantar una bodega de vino fino. Vamos a emplear a 180 personas y en septiembre comenzaremos con la cosecha. Vamos a hacer vinos de zona fría: chardonnay, pinot noir y merlot. Será una bodega nueva, con nuevas marcas. Y hace unos meses compramos 240 hectáreas en la zona de Alto Agrelo, en Mendoza.
Mendocino de nacimiento
- Nicolás Catena Zapata, 59 años, es mendocino de nacimiento. Su profesión es la de economista: doctor en Ciencias Económicas graduado en la Universidad Nacional de Cuyo, hijo de Domingo Catena y Angélica Zapata.
- Casado con Elena Maza, que le dio tres hijos: Ernesto (33 años), Laura (31) y Adriana (17).
- Lleva el mismo nombre de su abuelo, Nicolás Catena, nacido en Italia en la región de Le March.
- Se deleita con la lectura de libros referidos a la época del Renacimiento. Es un experto en Maquiavelo, a quien define como un "moralista exagerado".
- Entre sus amigos se encuentra Pedro Pou, mendocino también y presidente del Banco Central de la República Argentina.
- Es uno de los empresarios fundadores del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA), que ahora tiene su propia universidad, donde también dicta clases el funcionario mencionado y el ex ministro de Economía Roque Fernández.






