
La crisis no le pasa factura a José Sánchez, el rey de las medialunas
Fabrica sólo este producto panificado y vende 60.000 docenas por mes
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Panadero barrial desde que cumplió 20 años, José Sánchez estuvo a punto de desbarrancarse hacia mediados de la última década, cuando la crisis le pasó el trapo a la mayoría de los pequeños fabricantes de pan artesanal.
Fue hacia 1995, cuando las cadenas con locales franquiciados comenzaron a quitarles clientes a los panaderos tradicionales. Muchos quebraron y tuvieron que cambiar de oficio porque no supieron afrontar la competencia. Pero el emprendedor Sánchez se ubicó dentro del bando de los que supieron cambiar a tiempo. Hoy el hombre se especializa en medialunas -jura que es el único en todo el país- y despacha por mes 60.000 docenas, lo que equivale a más de 8,5 millones de estas facturas por año.
"Cuando se vino la mala, lo que más se vendía eran facturas, y las que primero se terminaban eran las medialunas -dice-. Con eso, al final, terminaba subvencionando todos los demás productos con menor salida."
Sánchez creyó encontrar una solución en la elaboración de un solo artículo. "Si les iba bien a los que únicamente fabricaban empanadas o a los que sólo vendían hamburguesas, me pareció que a lo mejor me salvaba apostando por un monoproducto", justifica.
Así fue. Cerró su panadería de Mataderos, invirtió 15.000 pesos para abrir un local en Belgrano y bajó de $ 3,60 a $ 1,50 el precio de la docena de facturas. La demanda explotó de inmediato: en el primer mes vendió 10.000 docenas. Al local lo bautizó "Las medialunas del abuelo", en homenaje al pariente que lo inició en el oficio.
Feliz por el cambio, Sánchez tuvo la posibilidad de seguir creciendo cuando un cliente de aquel primer local de Blanco Encalada y Arcos se interesó en la compra de una franquicia. "Jamás había escuchado hablar de franquicias. No sabía lo que era -se sincera-. Pero averigüé y me entusiasmé enseguida con la posibilidad de sumar más puntos para despachar más medialunas", resume.
A las franquicias no les pone precio. Apenas exige que contraten a los mismos proveedores de mobiliario, para mantener una estética común. El negocio pasa por sumar volumen. Está convencido de eso. Cada día, así, vende alrededor de 25.000 unidades, entre medialunas de manteca, de grasa y vigilantes, que técnicamente son medialunas, pese a que están espolvoreados con azúcar y tienen otro formato.
Sus facturas -que fabrica en una planta de 500 metros cuadrados, en Mataderos- se ofrecen en ocho locales, distribuidos en Recoleta, Lanús, Flores, Tribunales y Palermo. Y ya tiene firmados ocho contratos más para otras tantas aperturas durante el resto del año.
Los franquiciantes obtienen una rentabilidad del diez por ciento en relación con su inversión. No es una fortuna, claro, pero cumplen con el propósito de generar su autoempleo.
Al visionario Sánchez la crisis del consumo, lejos de perjudicarlo, lo ha favorecido. "La gente gasta menos, pero algo tiene que comer. Por un peso con cincuenta se alimentan con un producto de buena calidad. Pero no me compran sólo los muchachos que estacionan autos en la calle -afirma-. También vienen en camionetas y en coches importados, para llevarlas al country."
Oportunista
Con buen ojo para las oportunidades, también encontró un nicho curioso en la elaboración de productos panificados para la elaboración de panchos y hamburguesas, con la marca Rijos.
"Un día me di cuenta de que los domingos casi no había pancheros en la Costanera porque no tenían a nadie que les vendiera el pan. Los distribuidores tradicionales se preocupan más que nada por los comercios y les prestan poca atención a los ambulantes. Y ahí me metí yo", describe.
Sánchez se hizo famoso entre quioscos y vendedores al paso por su disposición para entregar sus panes a cualquier hora y en cualquier lugar de la ciudad
Tanto que por mes ya vende 400.000 unidades, que representan el 30 por ciento de todos sus ingresos.


