La deuda soberana de Italia entra en zona de alto riesgo

Marcus Walker
Charles Forelle
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9 de noviembre de 2011  

El creciente éxodo de inversionistas de los bonos italianos, desencadenado por crisis políticas en Italia y Grecia, genera el panorama más peligroso en los dos años que lleva la crisis de la zona euro.

Los rendimientos de los bonos italianos a 10 años llegaron a 6,73% el martes, un máximo en la era del euro, en lo que constituye la señal más reciente de que los inversionistas están perdiendo fe en el tercer mercado de bonos soberanos del mundo. Los rendimientos podrían haber subido mucho más en la última semana de no mediar la intervención del Banco Central Europeo, dicen economistas. Revertir la fuga de capitales podría requerir un cambio político en Italia y una enorme ayuda internacional.

Lo primero parecía en vías de cumplirse el martes por la noche, cuando el primer ministro Silvio Berlusconi informó que renunciaría una vez que el Parlamento aprobara el presupuesto del año próximo. Pero no estaba claro si el anuncio significaba su partida final de una escena política que ha dominado por casi dos décadas, o qué nuevas medidas podría imponer su sucesor.

Italia podría necesitar asistencia financiera si el mero anuncio de un nuevo gobierno no detiene la salida de capitales. Sin embargo, es improbable que los recursos de Europa y el Fondo Monetario Internacional que estarían disponibles satisfagan las necesidades italianas. La imposibilidad de frenar la crisis podría conducir, en el escenario más catastrófico, a una cesación de pagos de Italia que causaría estragos en la banca europea, sumiría a la región en una recesión y sacudiría el sistema financiero global.

Italia, cuya deuda pública asciende a los 1,9 billones de euros (millones de millones), unos US$2,6 billones, representa casi un cuarto de toda la deuda soberana de la zona euro.

Un factor que la ha favorecido durante mucho tiempo es que su nivel de deuda, si bien bordea el 120% del Producto Interno Bruto (PIB), se ha mantenido estable, gracias a un déficit fiscal relativamente bajo. Pero el país aún necesita recaudar cientos de miles de millones de euros al año en los mercados para refinanciar los vencimientos de deuda.

El próximo año, Italia tiene que refinanciar unos 300.000 millones de euros y cubrir un déficit presupuestario proyectado en torno a los 25.000 millones de euros. Si los inversionistas no están dispuestos a prestar tales sumas a Italia, Europa tendrá que apuntalar el país con todo el dinero que pueda reunir —con la ayuda del FMI— o arriesgarse a un colapso financiero global.

En todo caso, se estima que la probabilidad de que Italia no honre sus obligaciones es remota, porque su impacto en la banca europea y los mercados de deuda soberana sería desastroso, señalan los economistas. "Una reestructuración de la deuda italiana sería una calamidad para la economía de la zona euro", afirma Julian Callow, economista europeo de Barclays Capital en Londres. "La volvería a hundir en una severa recesión y generaría inestabilidad global", indica.

Las autoridades europeas se apresuran a elaborar planes de contingencia ante una probabilidad que parecía impensable hace apenas seis meses: un paquete de rescate en caso de que Italia no logre captar suficiente capital privado.

Hasta ahora, Italia ha podido atraer compradores, aunque a un costo cada vez mayor. Cuando el país lanzó en agosto un bono nuevo a 10 años, pagó una tasa de 5,22%. Cuando colocó un segundo tramo del mismo bono en octubre, el rendimiento ascendió a 6,06%.

Un alza de corto plazo en los costos de endeudamiento es un problema manejable para Italia, puesto que sólo debe refinanciar una pequeña parte de su deuda en un momento dado. El Banco de Italia calcula que el país podría reducir su deuda total el próximo año si las tasas de interés para nuevos préstamos son 2,5 puntos porcentuales más altas de lo que se proyecta actualmente.

El problema, no obstante, no son los rendimientos, sino la aversión de los inversionistas a la deuda gubernamental italiana. Muchos temen que los bonos italianos pierdan más valor y produzcan pérdidas.

Ello puede degenerar en una profecía autocumplida en la que los inversionistas abandonarían la deuda italiana y el país quedaría con una escasez de compradores de nuevos bonos. Algunos analistas indican que ello ya está ocurriendo. "Los rendimientos italianos se hubieran disparado si el BCE no hubiera intervenido en el mercado", manifestó Jacques Cailloux, economista de Royal Bank of Scotland en Londres. "Ya es evidente que la demanda del sector privado de bonos italianos se ha extinguido".

El aparente punto final de la era Berlusconi podría ser el primer paso en el camino para restaurar la confianza, pero los analistas estiman que no será suficiente si no va acompañado de otras medidas.

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