
La principal duda sobre la Argentina que crece en Wall Street: ¿Milei mantendrá el apoyo electoral con esta economía?
Los inversores evalúan si la ralentización de la recuperación alcanzará para sostener el respaldo en 2027; los bonos reflejan mayores dudas sobre la continuidad del rumbo
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Las últimas señales de estancamiento de la economía argentina, a un año de las elecciones presidenciales, alimentan una pregunta entre grandes fondos internacionales y bancos de Wall Street: si Javier Milei podrá sostener el apoyo electoral con una recuperación que tarda en llegar al bolsillo.
Los precios de los bonos comenzaron a reflejar esa incertidumbre. Los inversores exigen mayores rendimientos para prestar más allá de los comicios. Otra señal fue el salto del riesgo país a máximos desde las legislativas de 2025, en un contexto internacional también adverso.
“Más que preguntarse si los votantes están dispuestos a cambiar de rumbo, la cuestión será si siguen dispuestos a mantenerlo. Para entonces, la estabilización podría haber reducido sustancialmente las distorsiones macroeconómicas sin haber generado todavía todos sus beneficios económicos”, planteó JP Morgan en un informe de esta semana. El trabajo analizó el último ciclo electoral de la región y las perspectivas para la segunda vuelta entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro en Brasil.
Después de la segunda vuelta brasileña, la “siguiente gran prueba política” será la Argentina en 2027, consideró el banco: “Es probable que la inversión reaccione antes que el consumo, y muchos de los beneficios de las reformas estructurales podrían encontrarse todavía en una etapa inicial”. El desafío, sostuvo la entidad, será si los avances de la estabilización alcanzan para que los votantes le concedan al Gobierno más tiempo para transformarlos en crecimiento y mejoras sostenidas del nivel de vida.
En otro informe, publicado tras el dato del crecimiento de apenas 0,1% de agosto y que dejó prácticamente definido que la economía ingresó a una recesión técnica en el tercer trimestre, JP Morgan advirtió que el dato aumenta los riesgos a la baja para su proyección de expansión del 1,5% en 2026. Para 2027 mantuvo su previsión del 2,5%, impulsada por las exportaciones. Sin embargo, anticipó que el consumo privado se recuperaría solo moderadamente “si no se produce una recalibración del actual esquema de política económica”. No especificó qué cambios debería incluir.

Morgan Stanley identificó un riesgo similar. Para revertir el aumento de la prima de riesgo argentina, consideró necesario un repunte del consumo y de la actividad, acompañado por una mayor desinflación que permita una recuperación más firme de los salarios reales. Aunque ese es su escenario, advirtió: “El riesgo es que sea demasiado gradual para generar una mejora en el ánimo, por ejemplo, en el índice de confianza en el Gobierno o en la imagen favorable del presidente Milei”.
El crédito podría contribuir a esa recuperación, pero su impulso tardaría en llegar a los hogares. Según las conversaciones con los bancos que recogió el informe, primero se recuperarían los préstamos comerciales y en dólares; después, las hipotecas, el financiamiento de autos y los clientes de mejor perfil crediticio; finalmente, los préstamos personales y las tarjetas. Las entidades locales observan señales de estabilización de la morosidad, pero todavía no flexibilizan de manera generalizada sus condiciones para prestar.
El problema, según Morgan Stanley, no es principalmente la falta de recursos de los bancos para prestar. Siguen bien capitalizados y líquidos, pero los límites pasan por “la calidad de los deudores, la demanda, las tasas de interés y la confianza”. La revisión de las expectativas muestra la magnitud del freno: Macro redujo su previsión de crecimiento real del crédito para este año de alrededor del 20% a entre 2% y 5%, mientras que BBVA pasó de esperar una expansión del 25%-30% a aproximadamente el 10%.
Morgan Stanley también señaló que el calendario electoral se convirtió en una línea divisoria: los instrumentos que vencen después de los comicios cotizan peor. De todos modos, mantuvo su visión favorable sobre los bonos argentinos y consideró posible que sus rendimientos bajen alrededor de un punto porcentual en los próximos meses si mejoran los datos económicos.
La mirada local
La consultora 1816 profundizó esa lectura en su último informe semanal: mientras parte del deterioro de los bonos responde al contexto internacional, vinculó con las elecciones el salto de las tasas implícitas en dólares para el período 2027-2028, que desde mediados de julio pasaron del 11% al 20% anual. El diferencial del Bonar 2028 frente al título estadounidense comparable se duplicó en tres meses, hasta unos 900 puntos básicos, frente a los aproximadamente 400 puntos del Bonar 2027.
Para la consultora, el débil rebote de agosto difícilmente contribuirá a calmar las dudas políticas. Su diagnóstico fue más tajante: ya no hay una economía que “crece, pero en forma de K”, con debilidad en los sectores como industria, construcción y comercio, sino “una economía estancada”, aunque con un gran desempeño exportador.
1816 también calculó cuánto disminuyó la probabilidad de reelección de Milei implícita en los bonos. Si supone que el Bonar 2028 valdría US$60 después de una victoria opositora, esa probabilidad bajó del 87% al 71% en tres meses. Con un precio supuesto de US$40, pasó del 92% al 81%; con uno de US$80, cayó del 75% al 43%. En todos los escenarios considera que el título valdría US$100 si Milei fuera reelegido. Las cifras dependen de esos supuestos sobre el valor de los bonos y no equivalen a una estimación de intención de voto.

Para 1816, los inversores perciben que la recomposición de las reservas permite afrontar los pagos de 2027, pero tienen temores sobre la deuda desde 2028. Esa diferencia ayuda a explicar por qué los bonos se debilitan mientras el peso permanece estable: consideran que el Gobierno dispone de recursos propios y de respaldo externo —la denominada “bazuca”— para contener la volatilidad cambiaria en escenarios no extremos. La incertidumbre se concentra más allá de ese horizonte.
La preocupación tiene una traducción concreta: cuando caen los precios de los bonos, suben sus rendimientos y aumenta el costo que debería afrontar la Argentina para emitir nueva deuda. Si esas condiciones persisten, el Gobierno deberá recurrir a otras fuentes para pagar los vencimientos y preservar las reservas. La discusión abarca tanto la continuidad de las políticas como la capacidad de refinanciar la deuda en los próximos años.
Galicia estimó en 58% la probabilidad de continuidad de las políticas económicas implícitas en los bonos, cerca del mínimo del año. El cálculo depende de escenarios financieros y no equivale a una encuesta. En reuniones con fondos en Nueva York, el banco encontró preocupación por la actividad y las definiciones electorales, con Axel Kicillof como principal referente opositor bajo análisis. Aunque la mayoría confiaba en que el Gobierno cerraría el programa financiero de 2027, reclamaba una acumulación efectiva de reservas para afrontar una mayor dolarización.
Como contrapesos, destacó las compras del BCRA, el financiamiento externo para inversiones y las posibilidades de acuerdos con gobernadores. También mencionó desembolsos de organismos y el eventual uso del swap con China. En Bangkok, según JP Morgan, los funcionarios aseguraron que las necesidades financieras de 2027 estaban cubiertas “de sobra” y que disponían de alternativas entre 3 y 4 puntos porcentuales más baratas que el mercado.
En paralelo, según pudo saber LA NACION, hubo tanteos ante el Banco Mundial y el BID para anticipar que, si fuera necesario, la Argentina volverá a solicitar garantías para tomar préstamos con bancos privados. El Gobierno busca sostener alternativas de financiamiento mientras espera mejores condiciones de mercado. En el plano electoral, confía en que la estabilización alcanzará para renovar el respaldo; los bancos miran cuánto tardará en llegar al bolsillo.




