Las ventajas de las alianzas comerciales entre bloques
Por Dante Sica Para LA NACION
1 minuto de lectura'
Los primeros meses del año ya anticipan que 2004 será clave en el ámbito de las negociaciones internacionales, tanto para la Argentina como en el nivel regional y global. En relación a los compromisos regionales, el Mercosur está inserto en una negociación que atraviesa por momentos de decisiones trascendentales.
El posible acuerdo con la Unión Europea (UE) tendrá una nueva oportunidad mañana, con la XII Reunión del Comité de Negociaciones Birregionales. Allí es donde se vislumbran expectativas positivas de avance en los próximos meses. A pesar de que hasta el momento la negociación se ha caracterizado por un "intercambio desigual" de preferencias en contra del Mercosur -su oferta de desgravación arancelaria en bienes superó ampliamente en cantidad y calidad a la de la UE-, existen algunos factores que podrían empujar a los negociadores de ambos bloques a una posición coincidente. Uno no menor se origina en que, a fines de este año, se modifica la Comisión de la UE, por lo que es de esperar un interés mayor por firmar el acuerdo, antes de que los nuevos miembros tornen más compleja la negociación.
Para comprender plenamente las dificultades que se enfrentan para avanzar hacia la etapa final, resulta necesario realizar un análisis interno del bloque sudamericano, comprendiendo que éste dista mucho de ser un agregado homogéneo de naciones con intereses siempre coincidentes. Los conflictos se vinculan tanto con las asimetrías de tamaño y de estructura sectorial de los países del Mercosur, como a las consecuencias distributivas que tendrá la integración hacia el interior del bloque; esto es, la distribución de los beneficios a obtener y de los costos a soportar.
Un ejemplo ayudará a entender el punto. Para la Argentina resulta muy importante obtener beneficios vinculados con la eliminación de subsidios, aranceles y barreras no arancelarias por parte de la UE en sectores agrícolas. El mayor interés europeo, por su parte, está en la apertura de los servicios y en el tratamiento de las inversiones, áreas que en nuestro país adelantaron su liberalización, de manera unilateral, durante la década del 90. De ese modo la Argentina, al haber resignado recursos útiles para la negociación en la década previa, no dispone hoy de una "moneda" con la cual "comprar" el acceso a sus mercados objetivo. Una consecuencia de ello es que otras naciones del Mercosur terminarían cediendo más en términos relativos.
Brasil es, en teoría, un candidato natural a ser el pagador del acceso argentino, tanto por no haber liberalizado aún sus sectores de servicios y el área de inversiones, como por el interés que tiene Europa por sus mercados. Pero existe, en esta coyuntura, un desinterés absoluto del país más grande del Mercosur por negociar los "nuevos temas", y al mismo tiempo, dada la magnitud e importancia de su sector industrial, sería probablemente el mayor damnificado por el acceso de productos europeos a la región.
Por el lado de Uruguay, se considera que tiene pocas áreas "sensibles" (esto es, susceptibles de sufrir daño a raíz del ingreso preferencial de los productos de la UE) y que prácticamente cualquier tipo de acuerdo, que le conceda algún grado de acceso a mercados, le resultará favorable. Paraguay aún no ha terminado de definir su posición, pero la misma se ubicará entre la de la Argentina y la de Uruguay.
Una oportunidad histórica
Para avanzar en la negociación y evitar caer en un acuerdo "light", ambas partes deberían redefinir sus aspiraciones.
Un alcance más limitado para el Mercosur en el acceso al mercado europeo de bienes debería implicar en contrapartida el no otorgamiento del acceso irrestricto a nuestro mercado regional, para considerar en su lugar el otorgamiento de cupos para los productos de interés de la UE y plazos más prolongados para las reducciones arancelarias en nuestros sectores sensibles.
En ese orden de ideas, como ejemplos de un listado más amplio de industrias para las que habría que considerar un tratamiento especial, cuotas o períodos de desgravación más prolongados, cabe citar a la siderúrgica, la textil y la automotriz, que están atravesando situaciones que merecen ser atendidas.
En síntesis, el Mercosur se encuentra en una situación particular: no tiene una agenda interna bien definida, pero a la vez su agenda externa tiene grandes obligaciones, como la negociación con la Unión Europea, la conformación del ALCA y el acuerdo con la Comunidad Andina de Naciones (CAN), además de las negociaciones multilaterales. Más allá de que los compromisos externos sirvieron, en cierta medida, para disciplinar la agenda interna y afrontar las negociaciones como bloque único, lo que no lograron es eliminar las rispideces entre los miembros del Mercosur.
Estas disparidades internas emergen en la actualidad como condicionante en los distintos escenarios de negociaciones internacionales que involucran al bloque. A fines de 2003 ya ocurrió con la negociación entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que si bien era estratégica como elemento de contrapeso a EE.UU. en el ALCA, terminó acentuando la debilidad del bloque como un todo, ya que se cedieron ciertos beneficios a Uruguay y Paraguay (en relación con el trato diferencial y asimétrico, listas de excepciones, reglas de origen, etc.) para que la negociación llegue a buen fin.
Hoy, se da un nuevo caso en la negociación birregional Mercosur-Unión Europea, donde las diferencias entre los estados del bloque sudamericano podrían determinar que una oportunidad histórica se pierda o, a lo sumo, se transforme en un acuerdo de peso simbólico y, por lo tanto, importancia política, pero escaso impacto en lo estrictamente económico.






