
Los Zorraquín vuelven a sus raíces
Con la compra del frigorífico CEPA reagrupan sus fuerzas en el sector agroindustrial, tratando de sacar ventaja.
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Funcionan de a dos a pesar de llevarse 27 años. No sólo porque son padre e hijo, o porque hasta comparten el primer nombre, sino porque coinciden en sus pensamientos cuando deben definir sus inversiones, aprobar o criticar la marcha del país, y hasta para definir sus prioridades como grupo familiar.
Para Federico Zorraquín, padre e hijo, llevar cien años de trayectoria como el grupo Garovaglio & Zorraquín no es un peso a la hora de tomar decisiones muy fuertes. Ni siquiera cuando se trata de adquirir el frigorífico top de los exportadores de carne de la Argentina, operación que cerraron hace menos de una semana, cuando compraron el 70% de la Compañía Elaboradora de Productos Alimenticios (CEPA) a otro grupo empresario argentino, la familia Moché.
"Apostamos al sector agroindustrial porque creemos que se va a dar un proceso de concentración natural en una economía de escala", dice con seguridad Zorraquín hijo.
Este conglomerado, que a lo largo de su historia desarrolló empresas en áreas como banca y seguros, industria manufacturera, el sector inmobiliario, minería y petroquímica, además de la explotación agropecuaria, confía en el crecimiento del país, aunque sus directivos señalan dos problemas centrales cuando se les pregunta por virtudes y defectos nacionales.
"Uno es el de la corrupción -dice Zorraquín padre-, pero el problema general es el de la falta de justicia, que los procedimientos no resuelven los temas. Es como si no hubiera justicia", resume. Aunque asegura confiar en una solución para ambos problemas, "simplemente porque la sociedad ha empezado a reaccionar y si la sociedad reacciona, los políticos cambian, seguro".
-¿Por qué eligieron el sector exportador de carnes para reorientar sus inversiones como grupo?
-Una de las cuestiones que nos decidió es que visualizamos que todavía no se había iniciado un proceso de reestructuración en el sector agro industrial. Nosotros decidimos esta operación, que es la más grande que se haya realizado en este tipo de industrias en décadas, porque observamos un quiebre en el potencial de este sector en estos momentos. Por primera vez en muchos años se da la posibilidad de que la Argentina pueda acceder a los mercados de más alto precio de la carne en el mundo. La carne, que va en camino de convertirse en un artículo de lujo en muchos países, es un producto que la Argentina puede mejorar en el futuro.
-¿Hay otros sectores donde existen oportunidades como las que ustedes vieron en el agroindustrial?
-Tenemos ahora un pie en el sector de la alimentación, estamos en la industria de los gasodomésticos (artefactos del hogar) que creemos debe mejorar mucho, porque está pendiente una reestructuración nacional y regional, y seguimos en el sector de producción de plásticos con mayor valor agregado, como los compuestos y los concentrados de color. Es decir que estamos posicionados como grupo en sectores que prometen en el ámbito nacional y del Mercosur, porque todavía no han sufrido reestructuraciones significativas.
-¿Porqué decidieron seguir invirtiendo aquí?
-Primero, porque siempre invertimos en la Argentina y porque integramos un grupo de empresas que siempre trató de estar en la avanzada, en aquellos sectores donde creemos que puede crecer el mercado. Cuando vendimos Polisur y terminamos de abandonar el negocio petroquímico, lo hicimos porque la necesidad de capital para acompañar un proceso de expansión del sector estaba muy lejos de nuestro alcance. Salimos a buscar una alianza con YPF, pero a último momento eligió otro socio. Nunca pensamos invertir fuera de la Argentina ni, en realidad, fuera del Mercosur, dos mercados sumamente positivos para crecer.
-¿Qué ven a favor y qué en contra en la marcha de la economía?
-A favor, que después de seis años de continuidad económica parece haberse abandonado la tradicional postura argentina de cambiar un rumbo económico después de elegido e intentar cosas diferentes. Además, que esta consistente política económica garantizó la madurez necesaria para separar, y digo separar y no divorciar, la economía de la política nacional. La apertura económica demostró también ser un elemento en favor del crecimiento argentino y de la región, por la unión aduanera que hicimos con Brasil, Uruguay y Paraguay. Los elementos negativos son los menos y hay que tener en cuenta, además, que todavía no ha terminado el proceso de reformas por hacer.
-Pero tomando en cuenta el orden de las reformas, que la laboral se haya dado apenas ahora, ¿es bueno o malo para el modelo?
-Como todos sabemos, hay una serie de reformas que se ha ido produciendo de hecho; lo que reclamamos es que se convalide con una ley lo que ya se está dando en la práctica laboral, además de mejorar cuestiones del trabajo que restan implementar. Es cierto que lo que se ha hecho ha tenido un gran costo, pero es importante contar con reglas de juego que garanticen a los que se reestructuraron que no se va a volver al pasado, y que aliente a los que quieren cambiar asegurando que no tendrán problemas el día de mañana. Sólo en 1996 aparece como un tema de todos el de la reforma laboral, porque se asocia a la situación de empleo o desempleo. Antes parecía que era una cuestión que preocupaba a un pequeño grupo de dirigentes. Para cerrar la cuestión, el tiempo que está demorando la reforma laboral no es malo en sí mismo. El valor fundamental es que se está haciendo en un corto tiempo y con decisión de consenso.
"Hay que hacer más por la social"
Para los Zorraquín, la marcha de la economía tendría que seguir su actual curso, más allá de los cambios que pudieran sobrevenir en lo político.
"Como argentinos tendríamos que apostar simplemente a que nuestros gobernantes futuros avanzarán un poco más en lo que ya tenemos.
"En los procesos democráticos los cambios tendrían que significar una cuestión gradual y no absoluta de los procesos socioeconómicos por los que se atraviesa. Ese sería el mejor aporte de los que sucedan al actual gobierno."
Tampoco son pesimistas a pesar de los problemas subsistentes en materia de desocupación y pobreza.
-¿La reforma económica estructural que estamos viviendo y que agrava, como se ve actualmente, la situación social de mucha gente, no puede complicar demasiado la situación política en su sentido más amplio?
-Sin pretender dar una respuesta sesuda, es obvio que esta cuestión puede afectar negativamente a la conducción política. Pero cuando se va a los resultados electorales y a las encuestas, todo indica que el partido de gobierno sigue contando con un margen de apoyo sustancial.
Hay que agregar que los otros partidos no parecen dar mejores alternativas. Por el otro lado, la cuestión social es grave, pero hay que hacer más y hablar menos.
Muchas opiniones tremendistas buscan más tener un espacio en los medios que lo que realmente hay que hacer, que es despertar conciencia para ayudar al sector social más desprotegido.





