
El deporte gana terreno como escuela de liderazgo
Del Manchester City de Guardiola a la Fórmula 1, los documentales sobre equipos y competiciones se transforman en una fuente inesperada de enseñanzas para el mundo corporativo
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Las principales escuelas de negocios del mundo hace tiempo que degradaron su prestigio vendiendo certificados a cualquiera que tenga una computadora y algo de dinero disponible. Incluso se pueden pagar US$699 para recibir clases de profesores generados por inteligencia artificial de Harvard Business School. Sin embargo, existe una alternativa todavía más barata y, en cierto sentido, igual de prestigiosa: cursar un intensivo de negocios en las facultades deportivas de Amazon y Netflix.
Los documentales deportivos no suelen formar parte del canon del management. Mientras Clayton Christensen, uno de los grandes pensadores empresariales, desarrollaba a mediados de los años 90 su teoría de la “innovación disruptiva”, la televisión británica emitía Graham Taylor: An Impossible Job, un sombrío retrato del entrenador de la selección inglesa de fútbol.
En 2005, dos profesores de Insead aconsejaban a los ejecutivos buscar “océanos azules” en un libro que se convirtió en un éxito de ventas. Neil Warnock, otro entrenador inglés y protagonista del documental Warnock, les decía a sus jugadores antes de un partido: “Disfrútenlo, por supuesto, pero disfrútenlo siendo jodidamente disciplinados”.

Hoy parecen ser las escuelas de negocios las que se quedaron sin grandes ideas, mientras que los vestuarios rebosan de ellas. Tras el éxito durante la pandemia de Drive to Survive, la serie de Netflix sobre la Fórmula 1 que ya va por su novena temporada, y de The Last Dance, dedicada a la temporada 1997-98 de los Chicago Bulls, las plataformas de streaming concluyeron que el apetito del público por la filosofía de vestuario era prácticamente ilimitado.
Oferta en ascenso
La oferta de documentales deportivos es tan abundante que podría diseñarse un MBA completo únicamente con producciones estrenadas este año en Netflix sobre fútbol masculino. Un directivo interesado en aprender sobre reestructuraciones empresariales podría comenzar con el documental sobre la remontada de Liverpool en la final de la Champions League de 2005, cuya duración de 78 minutos supera ampliamente a la propia remontada, que tomó apenas unos seis minutos. Un ejecutivo que evalúe expandirse a nuevos mercados podría consultar Norway: The Dark Horse, sobre la selección noruega, como una introducción rápida al management escandinavo. The Bus: A French Football Mutiny funciona, por su parte, como un caso de estudio clásico sobre un ambiente laboral tóxico.
Muchas de estas producciones contienen más autopromoción que enseñanzas prácticas. Pero A Beautiful Obsession, la reciente serie de Amazon que sigue a Josep “Pep” Guardiola durante su última temporada al frente del Manchester City, constituye una rara joya de gestión. Guardiola dirigió durante años una organización enorme: el club factura cerca de US$1000 millones anuales. En su condición de DT, su desempeño era evaluado semanalmente. Y como responsable de una marca con identidad tanto local como global, debía rendir cuentas simultáneamente a Noel Gallagher, músico de Oasis, y a Khaldoon Al Mubarak, representante del fondo soberano de Abu Dhabi cuyo presidente es dueño del club.
Mientras la mayoría de las modas del management se apoyan en una única gran idea, Guardiola es un líder exitoso de estilo casi esquizofrénico. Antes de un partido insistía en que los jugadores se abrazaran en el vestuario. Después de perder, el mensaje era muy distinto: “Cuando los veo quejarse de algo, de mis decisiones, me dan ganas de matarlos”, gruñía. Una fuente ocasional de frases más cercanas al lenguaje corporativo es el capitán Kyle Walker, quien aporta perlas como: “Asegurémonos de mantenernos unidos ahí afuera”. Pero al final del primer episodio ya está fuera del club.
Dinámica interna
Para la mayoría de los ejecutivos, el vestuario de Guardiola resultará un entorno extraño e incluso hostil. Deberían preguntarse por qué. Una razón es que allí no hay mujeres. Pero, sobre todo, porque muy pocas personas se toman tan en serio la idea de ganar. Y eso está bien. Una empresa donde los mandos medios adoptaran el estilo Guardiola para vender, por ejemplo, autopartes, sería probablemente un lugar horrible para trabajar.
Sin embargo, buena parte de la economía está impulsada por organizaciones como los laboratorios de IA o los hedge funds, que dependen de aprovechar al máximo el talento excepcional de un grupo muy reducido de figuras difíciles. Las miradas al funcionamiento interno de ese tipo de organizaciones son extremadamente raras. Por eso vale la pena observar a Guardiola.
Los inversores que pagan sumas récord para comprar franquicias deportivas tienen además una razón práctica para consumir compulsivamente documentales deportivos. Mientras Arabia Saudita intenta recuperarse del fracaso de LIV Golf, podría obtener algunas lecciones revisando la serie sobre la liga emitida por Fox Sports el año pasado. Del mismo modo, Joshua Kushner quizá no hubiera intentado su frustrada privatización del fútbol mundial si hubiera visto alguno de los numerosos documentales que muestran cuánto les importa este deporte a los hinchas.
Los equipos deportivos son instituciones especiales. Son, por supuesto, el trofeo definitivo para quienes tienen miles de millones en el banco. Pero también son vehículos comerciales. Muchos creen, además, que se encuentran relativamente protegidos de la amenaza disruptiva de la inteligencia artificial.
La versión más limitada de ese argumento sostiene que, a diferencia de las películas o los programas de televisión, el deporte en vivo no puede ser generado por modelos de IA. La versión más ambiciosa plantea que nos acercamos a un mundo donde quienes se queden sin trabajo necesitarán algo con qué ocupar su tiempo y donde buena parte de su atención, e incluso de su identidad, girará alrededor de los equipos deportivos.
En un mundo así, el entrenador de un equipo se convertiría en el filósofo más importante de la sociedad, y la serie documental de Netflix grabada detrás de escena sería su obra maestra.


