Hecho en Argentina. Fabricaban guantes de arquero y la pandemia los obligó a transformarse para no cerrar

En 1986, Monastirsky trajo a Reusch a la Argentina
En 1986, Monastirsky trajo a Reusch a la Argentina
María Filgueira
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14 de septiembre de 2020  • 12:35

A los 14 aprendió a coser sin ayuda. Se pasaba horas en la fábrica de textiles de su papá y su tío donde hacían guantes de vestir y ropa de cuero. Con los retazos de tela que sobraban, él creaba carteras, polleras y sus propias prendas. De más grande, realizó un curso de corte y diseño de alta costura con famosos diseñadores.

Hoy Jorge Monastirsky tiene 66 años, y luego de haber trabajado en muchas industrias, es el dueño de la fábrica Reusch en Argentina, una marca de ropa deportiva y de ski que se destaca por sus guantes de fútbol. Su padre creó el primer par de la fábrica junto a Amadeo Carrizo y, fue desde ese entonces que la familia estuvo vinculada al mundo del deporte.

En 1990 con su padre, visitando Alemania y la fábrica Reusch en Metzinghen
En 1990 con su padre, visitando Alemania y la fábrica Reusch en Metzinghen

En 1986 viajó a Alemania y logró traer la licencia de la compañía para poder comercializarla en el país. Desde ese entonces venden guantes de arquero, uniformes para equipos de fútbol y ropa deportiva. Por mes llegaron a vender alrededor de 7000 pares de guantes, además de las exportaciones a China y Pakistán, mercados en donde demandaban más productos de las líneas deportivas.

Frente a la pandemia de Covid-19 su fábrica, como muchas otras, dejó de funcionar. La empresa tuvo 30 días de inactividad. "Todo lo que es fútbol quedó paralizado, fuimos cerrando las producciones que ya estaban en marcha", dijo. Al poco tiempo de arrancar el aislamiento, decidió poner todas sus máquinas a disposición para crear barbijos, camisolines y otros insumos para vender a terceros.

Empezaron a producir barbijos descartables y siguieron con otros de neoprene y telas lavables. También confeccionaron tapabocas troquelados y después crearon diseños "con branquias", diseñados para que los clientes puedan respirar bien mientras hacen deporte. "No colmamos la capacidad productiva de la empresa, pero salvamos un poco los gastos y los sueldos de los que trabajan", aseguró.

"Tener la tecnología para hacer guantes te permite crear barbijos y seguir poniendo en marcha la fábrica para seguir produciendo", dijo y agregó que la creatividad del equipo y la posibilidad de reconversión los ayudó a salir adelante. Sus empleados sabían cómo confeccionar las nuevas prendas y, sobre todo, manejar las máquinas sin problemas.

Durante la cuarentena, ante la falta de partidos, reuniones y entrenamientos, también lanzaron un kit de entrenamiento de fútbol: un dispositivo con bandas elásticas que permite entrenar y hacer una serie de ejercicios de forma individual.

Cómo salir adelante

Monastirsky aseguró que la clave es la "honestidad y la familia" y relató que siempre trabajó rodeado de sus seres queridos. Al principio con su padre, después con su hermano y ahora con su hija, quién, para él, aporta "creatividad y sangre joven" a los proyectos.

Jorge Monastirsky y su hija, Natalia
Jorge Monastirsky y su hija, Natalia

"Creo que hay muchas empresas que no tuvieron la posibilidad de reinventarse y están en problemas y muchas que lo hicieron, lograron salir adelante", dijo. Para él, el cambio de actividad los mantuvo bien mental y físicamente.

Además, aseguró que la confianza que se generó en la empresa, tanto entre los clientes y proveedores como en el personal, ayudó a que se pueda seguir trabajando bajo este contexto de crisis. Desde el primer día aplicaron un fuerte protocolo de seguridad, separaron las distintas áreas de la fábrica, coordinaron para que los trabajadores no utilicen el transporte público y llevaron un control diario de los síntomas de cada uno. "Hicimos un trabajo de logística que no hubiese sido posible sin la voluntad de todos", dijo.

"Tuvimos épocas malas, pero salimos adelante. Siempre pudimos timonear en las tormentas", aseguró. Para él, la Argentina es un país cíclico donde hay épocas buenas y malas, pero un país con grandes oportunidades. "Hay que ponerse en marcha y tener un contexto familiar que te apoye", finalizó.

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