
Luis Lucero, secretario de Minería de la Nación: “Sería imperdonable que la Argentina no aproveche esta oportunidad”
El funcionario destacó el avance de las inversiones tras la puesta en marcha del RIGI; afirmó que el país tiene una oportunidad histórica para convertirse en un actor relevante en cobre y litio
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Desde que asumió al frente de la Secretaría de Minería, Luis Lucero se convirtió en uno de los principales impulsores de la industria, para transformar al cobre y al litio en dos de los motores de la economía argentina. Y no duda a la hora de plantear su visión.
Abogado especializado en derecho minero y recursos naturales, conoce de lleno el sector. A lo largo de más de 40 años de carrera, ganó experiencia en financiamiento de proyectos, materia societaria y arbitrajes y litigios complejos. Además, integró directorios y comisiones fiscalizadoras de empresas de los sectores minero, energético, industrial y financiero.

Hoy tiene la misión de atraer inversiones y acelerar el desarrollo de una cartera de proyectos que el Gobierno considera clave para multiplicar las exportaciones durante la próxima década. “La minería representa una enorme oportunidad en muchos sentidos y, para mí, sería imperdonable que el país no la aproveche”, aseguró en el marco del summit de Minería realizado hoy por LA NACION.
En un mano a mano con José Del Rio, secretario general de Redacción de LA NACION, el funcionario trazó un mapa del sector y analizó las reformas impulsadas por el Gobierno.
-¿Por qué la minería es relevante?
-En primer lugar, por una razón geográfica. La minería es la opción para generar desarrollo en el oeste del país, en toda la región cordillerana. Es una opción muy clara que durante décadas descuidamos. La historia de países como Chile, Perú o Australia demuestra que puede ser una enorme fuente de desarrollo, riqueza y empleo en lugares donde prácticamente no hay nada que hacer. A los 3000, 4000 o 5000 metros de altura, en la Cordillera de los Andes. Para esos lugares, es una fuente única y muy buena de generación de riqueza.
En segundo lugar, porque la Argentina puede proveer al mundo los minerales indispensables para avanzar en la electrificación. El cobre, que tenemos en enorme abundancia, el litio y otros minerales que contribuyen a la electrificación están probando ser absolutamente críticos, técnicamente hablando. Además, económicamente hablando, está probado y es sabido que la demanda de cobre que se espera por la electrificación probablemente no pueda ser abastecida por la oferta.
Standard & Poor’s (una de las principales agencias de calificación de riesgo crediticio del mundo) estima un déficit cercano a los 10 millones de toneladas anuales hacia 2040. La oportunidad económica es clarísima.
-El año pasado hablábamos de la necesidad del RIGI y de la modificación de la Ley de Glaciares. Hoy buena parte de eso ya es una realidad. ¿Qué falta ahora?
-Cuando conversamos el año pasado, en octubre, todavía no habíamos logrado modificar la Ley de Glaciares y se logró, cuando parecía algo muy difícil de conseguir; se alinearon los planetas: la política representada en el Congreso entendió que era indispensable y removimos una piedra que obstaculizaba el camino. Fue un gran éxito. En paralelo, el RIGI recién comenzaba y hoy ya tenemos 12 proyectos mineros aprobados y otros siete en estudio, con inversiones comprometidas por alrededor de US$22.000 millones. Y con una inversión efectivamente hecha de un poco más de US$1000 millones, medida a fines de junio. A veces existe la sensación de que hay muchos anuncios, pero no aparecen las inversiones. Quiero contar que las inversiones están ocurriendo. Hacia adelante, debemos tener paciencia con los proyectos de cobre. Son desarrollos que requieren años de construcción en condiciones extremadamente complejas, con enormes desafíos de ingeniería y logística, que prácticamente no hemos vivido. La única mina de cobre de clase mundial que tuvo la Argentina, Bajo La Alumbrera, se desarrolló en condiciones infinitamente más benignas. Hoy, proyectos como Vicuña, Los Azules o El Pachón deben construirse a entre 3500 y 5000 metros de altura. Hay que llegar con energía y caminos. Una vez construidos, esos proyectos entrarán en producción y comenzarán a exportar. Cada uno de ellos tiene un ciclo de entre 30 y 70 años. No estamos acostumbrados a las dimensiones temporales de la minería. No estamos acostumbrados a que los proyectos tarden tanto en entrar en producción, pero tampoco a proyectos industriales en industrias extractivas capaces de generar un negocio por décadas.
-Eso también cambia la matriz productiva del país, no solo en generación de divisas, sino también de empleo. ¿Qué impacto estima?
-Cuando las empresas solicitan ingresar al RIGI deben presentar una estimación de empleo directo e indirecto. Hoy esos 12 proyectos proyectan alrededor de 65.000 puestos de trabajo entre empleo directo e indirecto. Además, hay un aspecto que muchas veces no se tiene en cuenta en la industria minera. Normalmente, las empresas se concentran en su negocio específico. Pero las minas funcionan como una pequeña ciudad en medio de la nada. Todo lo que necesita lo contrata a terceros, desde la energía hasta la gente que prepara la comida y limpia los cuartos. Podemos ver también cadenas que se van alejando del sitio de la mina y que, en alguna proporción, se ven también impactos por la generación de valor. Australia tiene muy estudiado este fenómeno y estima un multiplicador cercano a cuatro empleos indirectos por cada empleo directo. En Chile calcularon que por cada dólar exportado por la minería se generan alrededor de 80 centavos adicionales de valor en otras actividades de la economía. Eso transforma la economía de una región. La minería en San Juan puede impulsar el desarrollo de proveedores metalmecánicos en Córdoba. Ya lo estamos viendo en las provincias donde el litio ya es una realidad, como Jujuy, Salta y Catamarca. Hoy esas provincias tienen una realidad muy distinta de la que tenían hace 10 años.

-Si tuviera que hacer un ranking de la importancia estratégica de los minerales para la Argentina, ¿cómo sería?
-Estratégicamente, en litio somos clave. Compartimos con Chile y Bolivia una región que concentra las principales reservas de litio contenido en salmueras. Esa es una ventaja enorme respecto del litio alojado en roca, como ocurre principalmente en Australia y China. La diferencia es el costo de extracción, porque extraer litio de salmueras cuesta aproximadamente la mitad. Nosotros somos privilegiados por la clase de litio que tenemos en enormes cantidades. La Argentina posee los mayores recursos conocidos de litio del mundo. Chile hoy nos supera en producción, pero esperamos superarlo cuando entren en operación todos los proyectos que tenemos en cartera. En cobre también somos relevantes. Chile es el principal productor: produce alrededor de 5,5 millones de toneladas anuales y nosotros podríamos alcanzar aproximadamente 1,5 millones de toneladas cuando entren en producción nuestros proyectos, que van a ser siete de escala mundial. Además, Mendoza recién comienza a desarrollar su exploración. El horizonte para nuevos descubrimientos no tiene límites.
-La Argentina tiene la bendición de contar con enormes recursos naturales, pero también carga con una historia de incumplimientos contractuales que afectó la confianza de los inversores. ¿Habría que hacer más rígida también la Ley de Inversiones Mineras, para ponerla a salvo de los vaivenes de nuestro país?
-Hay una diferencia muy importante entre ambos regímenes. El RIGI incorpora una garantía que la Ley de Inversiones Mineras no tiene: el acceso al arbitraje internacional en caso de incumplimiento por parte del Estado. Esa diferencia surge justamente de haber aprendido de experiencias pasadas. Para incorporar ese mecanismo a la Ley de Inversiones Mineras, sería necesario modificarla en el Congreso. Mientras tanto, desde la Secretaría estamos modificando los reglamentos para hacerla más amigable con el inversor y para hacerla más ágil. Es importante recordar que la ley sigue plenamente vigente y no tiene umbral para darte los beneficios, principalmente, para importar bienes de capital sin arancel, un beneficio muy importante para las empresas exploradoras.
Una empresa que quiera invertir, por ejemplo, US$150.000 en una primera campaña de prospección ya puede acceder a los beneficios e importar equipamiento libre de aranceles. Muchas veces queda opacada por el RIGI, pero siempre aprovecho para recordar que está vigente y que estamos haciendo todo lo posible para que cada vez funcione más fluidamente.
-¿Qué importancia tiene recuperar la exploración de oro y plata?
-Es fundamental, tanto para el oro y la plata como para cualquier otro mineral. En el caso del oro y la plata, es especialmente importante porque algunas minas están agotando sus reservas y comienzan a acercarse al posible cierre de sus operaciones, que tiene un impacto ambiental y en la gente. Las compañías exploran permanentemente alrededor de los yacimientos existentes para extender su vida útil. Todas las empresas que operan principalmente en Santa Cruz y San Juan lo están haciendo y periódicamente aparecen nuevos descubrimientos que extienden la vida útil. Si no exploramos, si no encontramos nuevos yacimientos, estamos hablando de un recurso por definición no renovable, que “se termina”. El “se termina” a veces es relativo porque a veces realmente se agota el mineral, pero otra empieza a no ser negocio extraerlo. Y esto depende de varias variables, principalmente del precio y de los costos. Hoy existen nuevas tecnologías que permiten volver sobre antiguos relaves y recuperar minerales que antes no podían extraerse. La exploración es esencial, es uno de los corazones de la industria. Si no encontramos cómo reemplazar las minas que se van agotando, tenemos un problema.
-Si tuviera que ponerle un título a lo que implica hoy la minería para la Argentina, ¿cuál sería?
-La minería representa una enorme oportunidad para generar riqueza en un sector tradicionalmente postergado, por diferentes condiciones. Es una oportunidad para crear empleo de calidad, porque las empresas se preocupan por su gente. La palabra que mejor define este momento es oportunidad. Y agregaría un montón de adjetivos: es una enorme oportunidad, que no podemos dejar pasar, hasta en la educación. Tenemos que formar a los jóvenes para que puedan ir a trabajar a las minas y en servicios. Estamos trabajando con la Secretaría de Educación y con el Ministerio de Capital Humano. Es una enorme oportunidad en muchos sentidos y, para mí, sería imperdonable que el país no la aproveche.



