Sobornos, hackers y empleados infieles. El espionaje corporativo está entrando en una nueva era
Las empresas que buscan obtener información de sus competidores están apelando a nuevas herramientas
4 minutos de lectura'

En el espionaje de la variedad de capa y espada es difícil superar a John le Carré o Ian Fleming. Pero el mundo del espionaje corporativo también tiene abundante dramatismo. Están por caso las trampas en un reciente caso judicial entre dos firmas estadounidenses de software. En mayo un jurado otorgó a Appian, con sede en Virginia, US$2000 millones en daños luego de que acusara a Pegasystems, de Massachusetts, de espiarla ilegalmente para obtener ventajas competitivas. El juicio reveló que ejecutivos de Pegasystems habían hecho referencia a un contratista al que se le pagó para obtener ingredientes de la fórmula secreta de Appian como “nuestro espía” en documentos internos y habían bautizado el esfuerzo general “Proyecto aplastar”. Pegasystems, el precio de cuyas acciones cayó después del dictamen, y que enfrentará una andanada de juicios colectivos de inversores enojados, ha jurado apelar la “injusta” decisión.
Este episodio ilustra cómo se ha ampliado el interés por el espionaje empresario. Y esto ya no se centra en unas pocas industrias “sensibles”, como las de defensa y las farmacéuticas. Se usa de modo creciente para apuntar a compañías más pequeñas en sectores sorprendentes, incluyendo educación y agricultura. En síntesis, se ha convertido en un riesgo empresario general. El espionaje corporativo puede estar entrando en una era similar a los días más altos del espionaje de las grandes potencias en la Guerra Fría.
Hay razones entrelazadas: el crecimiento inexorable de la economía intangible y la creciente sofisticación de hackers online. Los CEO debieran preocuparse cuando ven los secretos de sus firmas en la deep web; un mercado, Industrial Spy (Espía Industrial) ofrece datos y documentos robados a empresas “legítimas”. La información se vende en paquetes por sumas que van de unos pocos dólares a millones. Mantener segura la propiedad intelectual en la caja fuerte digital puede ser terriblemente difícil.

Cuando oyen hablar de propiedad intelectual la mayoría de la gente piensa en patentes. Asegurar patentes se ha vuelto más difícil, al menos en Estados Unidos, desde que un par de dictámenes de la Corte Suprema en la última década debilitaron la protección de “métodos empresarios” e “ideas abstractas” (que es lo que son muchos inventos de software). Esto ha hecho que las compañías dependan más de desarrollar y resguardar secretos empresarios. Estos pueden ser cualquier cosa, desde algoritmos y listas de clientes, hasta procesos químicos y planes de marketing.
Gran parte del espionaje corporativo puede ser -desde el punto de vista de los que lo sufren- frustrantemente confuso. Algunos de sus aspectos son perfectamente legales. Muchos fondos de alto riesgo observan actividad en fábricas utilizando personas de a pie o imágenes satelitales, para evaluar la producción y apostar o no a determinadas acciones. En el otro extremo hay cosas que ningún CEO cuerdo aceptaría: los jefes de P&G quedaron tan impactados cuando supieron que miembros de su personal anduvieron rebuscando en la basura de Unilever que denunciaron a su propia compañía, lo que resultó en un acuerdo por US$10 millones.
Hay una gran zona gris en la que operativos “caminan por el delgado borde” de la moral y la ley, como escribe Eamon Javers en su libro Broker, operador, abogado, espía. Muchos de ellos trabajan para organizaciones que las compañías contratan para poder negar su responsabilidad. Este sector maduró en las duras batallas por la compra de empresas en la década de 1980 y desde entonces ha crecido a toda velocidad. Sus nombres más conocidos, como Kroll y Control Risks, están en la cima de una pirámide que mayormente contiene firmas pequeñas. La mayor parte del trabajo es legal y aburrido, por ejemplo la investigación de potenciales socios de sus clientes. Pero hay casos de firmas que realizan actividades dudosas, desde escuchas ilegales hasta el uso de identidades falsas.
Nada de esto va a desaparecer. La movilidad de los empleados está en o cerca de su punto más alto. Las compañías y las tácticas que usan, se vuelven más desesperadas en las bajas de la economía. Y el telón de fondo geopolítico está empeorando, lo que incrementa los incentivos para la actividad oculta de estados y sus representantes. No será la película Casino Royale, pero el espectro de un creciente espionaje económico es real.









