Para S&P, “cubrir los pagos de deuda es necesario, pero no suficiente” para subir la nota argentina
La calificadora, una de las tres más grandes del mundo, destacó avances fiscales y en la baja de la inflación, pero advirtió que el Gobierno todavía necesita construir condiciones para resistir eventuales shocks externos y la volatilidad electoral de 2027
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La discusión sobre la situación de la Argentina entre los analistas globales ya no pasa solamente por demostrar que el país puede pagar los próximos vencimientos de la deuda. Para Standard & Poor’s (S&P), una de las tres principales calificadoras de riesgo del mundo, el desafío ahora es otro: convencer a los mercados de que la economía puede atravesar shocks externos, turbulencias políticas y elecciones sin volver a quedar al borde de una crisis.
“Cubrir los pagos es necesario, pero no suficiente”, resumió Joydeep Mukherji, managing director y líder sectorial de calificaciones soberanas para América de S&P, durante una entrevista con LA NACION junto con Constanza Pérez Aquino, directora y analista principal de la calificación soberana de la Argentina.
La frase sintetiza la mirada actual de la agencia sobre el país. La Argentina mantiene hoy una nota CCC+ con perspectiva estable, una categoría todavía asociada a riesgo elevado de default y fuerte vulnerabilidad financiera. Aunque S&P reconoce avances importantes en estabilización macroeconómica, baja de inflación y disciplina fiscal, sostiene que para subir al siguiente escalón (B-) el Gobierno todavía necesita construir “buffers”, es decir, colchones de liquidez y margen financiero que permitan absorber escenarios de estrés.
En la visión de la calificadora, la pregunta ya no es únicamente si la Argentina puede cubrir los pagos de deuda de los próximos meses, sino si tiene capacidad para resistir volatilidad global, incertidumbre electoral y eventuales cambios políticos sin volver a una dinámica de crisis. La discusión, según explicaron, empieza a desplazarse desde la supervivencia financiera inmediata hacia la sustentabilidad de mediano plazo.
Mukherji y Pérez Aquino evitaron anticipar una futura mejora de nota, pero dejaron definiciones claras sobre qué factores podrían mejorar la percepción sobre la Argentina, incluso subir a un escalón que ya incorporó Fitch —otra de las principales calificadoras junto a Moody’s— semanas atrás.
-¿Qué necesita la Argentina para que S&P anuncie una mejora en la nota crediticia?
Joydeep Mukherji: —Cubrir los pagos es necesario, pero no suficiente. Esa lógica de “cuentas almaceneras” es más propia de la categoría CCC: cómo sobrevivir la próxima torre de vencimientos. Para pasar a la categoría B en adelante la mirada empieza a ser más de mediano plazo. La pregunta ya no es solamente si vas a pagar mañana, sino dónde va a estar la economía en dos o tres años; qué buffers hay.
—¿Qué significa concretamente construir esos “buffers”?
Joydeep Mukherji: —Significa mostrar que, si mañana hay un shock externo o volatilidad política, el país no queda automáticamente al borde del colapso. Hay que demostrar capacidad de absorber situaciones adversas y seguir avanzando con las reformas.
La referencia no es casual. En S&P consideran que el riesgo político sigue siendo un componente importante de la calificación argentina, especialmente de cara a las elecciones presidenciales de 2027. La agencia observa no solo la capacidad financiera del Gobierno para cubrir vencimientos, sino también qué tan resiliente aparece el programa económico frente a eventuales cambios de ciclo político.

Joydeep Mukherji: —La historia importa mucho. Argentina tiene una trayectoria de movimientos pendulares en política económica y eso no cambia de un día para el otro. Hay que construir un track record y convencer no solo a los mercados, sino también a la sociedad, de que cada elección no implica refundar el país.
—¿La elección de 2027 ya empieza a influir en la mirada sobre la Argentina?
Joydeep Mukherji: —Sí, porque el riesgo político es importante en un país con una calificación tan baja. Pero no estamos tratando de predecir quién va a ganar. Lo que analizamos es cuánto impacto podría tener esa incertidumbre sobre la capacidad de pago y sobre la continuidad de ciertas políticas.
La visión de S&P aparece alineada parcialmente con la que expresó semanas atrás Fitch Ratings, que al subir la nota argentina a B- sostuvo que el Gobierno necesitaba construir un “colchón” de dólares para atravesar el próximo ciclo electoral y que parte del rumbo económico podría sobrevivir incluso frente a un cambio de gobierno.
En S&P, sin embargo, ponen el foco especialmente sobre la capacidad de construir márgenes de maniobra más allá del corto plazo.
Constanza Pérez Aquino: —Cuando estamos en una conversación de CCC versus B-, estamos muy enfocados en riesgo de refinanciamiento. Es decir, cuáles son las fuentes de liquidez para cubrir deuda en los próximos 10, 12 o 18 meses, tanto en moneda local como extranjera.
—¿Hace falta volver al mercado internacional para subir la nota?
Constanza Pérez Aquino: —No necesariamente. No es un requisito una emisión internacional. Pero sí estamos intentando entender mejor en qué medida el Gobierno tiene suficientes herramientas y colchones para enfrentar escenarios de volatilidad y evitar caer en un default o en un canje de deuda, algo que consideraríamos como una situación de estrés.
La agencia destacó que durante el último año observó avances claros en estabilización macroeconómica, especialmente en materia fiscal y de inflación. También valoró el fortalecimiento político del oficialismo tras las elecciones legislativas del año pasado y el crecimiento esperado de sectores como energía y minería.
Constanza Pérez Aquino: —Hay un panorama de largo plazo muy prometedor, especialmente por energía y minería. Todo el potencial en oil and gas y precios más altos del petróleo juegan a favor de inversiones que ya veníamos observando.
Pero la analista advirtió que el corto plazo todavía presenta desafíos relevantes vinculados con actividad económica, empleo y percepción social del ajuste.
Constanza Pérez Aquino: —También estamos poniendo bastante foco en sectores más rezagados, que generan empleo y pueden sentir más el impacto del ajuste. Es el caso de industria y construcción. Eso influye sobre la percepción social y política del programa económico.

La calificadora también observa con atención el desarrollo de provincias vinculadas a recursos naturales y sectores exportadores. Según explicó Pérez Aquino, el crecimiento de energía y minería podría generar un proceso más federal de expansión económica, beneficiando especialmente a distritos con capacidad de acceder a financiamiento externo.
Actualmente, la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Salta y Jujuy cuentan con calificaciones B- en S&P, mientras que provincias como Buenos Aires, Entre Ríos y Río Negro permanecen en CCC+, el mismo nivel que el soberano nacional. La Rioja, en cambio, continúa en “selective default” tras incumplimientos de deuda.
Constanza Pérez Aquino: —El desarrollo de sectores como energía y minería puede jugar muy a favor de varias provincias, especialmente en la medida en que se traduzca en mayor inversión y actividad más allá del sector puntual.
En S&P consideran que parte importante de la discusión futura sobre la Argentina estará vinculada con la capacidad de sostener el ancla fiscal y construir instituciones más previsibles.
Constanza Pérez Aquino: —Cuando pensamos en una trayectoria futura de la calificación, miramos si esa ancla fiscal es sustentable y si Argentina puede construir instituciones más robustas. Lo que históricamente pesó mucho sobre la nota fueron los cambios abruptos de política económica.
—¿Qué implica concretamente una calificación soberana?
Joydeep Mukherji: —Es una evaluación de la capacidad y voluntad de un gobierno de pagar su deuda. Nada más. No es un respaldo político, no es una recomendación de inversión ni una evaluación general del país. Es una opinión sobre la capacidad de pago.
Aunque evitaron dar señales explícitas sobre una futura mejora de nota, tanto Mukherji como Pérez Aquino dejaron en claro que la discusión sobre la Argentina ya empezó a desplazarse desde la supervivencia financiera inmediata hacia la capacidad de construir estabilidad más duradera.
La pregunta, según S&P, ya no es solo si el país puede cubrir los próximos vencimientos. También debe demostrar que puede atravesar shocks externos, cambios políticos y elecciones sin volver a caer en una crisis de deuda.
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