
Primeros en la lista de reclamos
Críticas: la venta compulsiva provoca permanentes quejas de los consumidores, que se sienten engañados por los promotores.
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La comercialización de tiempos compartidos generó el año último en la Argentina ingresos por 240 millones de dólares. Sin embargo, su venta compulsiva provoca permanentes reclamos de los consumidores que se sienten engañados.
Raspaditas que siempre tienen premio, ruletas que indefectiblemente caen en un casillero ganador o llamadas telefónicas que anuncian la obtención de algún electrodoméstico son algunos de los variados mecanismos que empresas de tiempo compartido utilizan a diario para conseguir potenciales compradores de sus promocionadas "vacaciones para toda la vida".
Para las empresas, ese primer paso es el señuelo para tentar a la gente para que concurra a buscar su premio, aunque cuando llegan al sitio acordado se encuentran con una fiesta demasiado particular para la entrega de una simple licuadora: globos, música latina, champagne y sonrisas son los aditamentos de este marketing de venta que puso en tela de juicio la credibilidad del sistema de tiempo compartido.
"Muchas firmas utilizan publicidad engañosa, y con el pretexto de que te ganaste un premio consiguen que la gente vaya a sus showrooms, donde por todos los medios intentan vender una semana de vacaciones en cualquier lugar del mundo. Lo lamentable es que en medio de ese clima festivo donde muestran imágenes de verdaderos paraísos, consiguen que las personas firmen el cupón de la tarjeta de crédito", dice José Luis Laquidara, de los Tribunales Arbitrales de Consumo que funcionan en la órbita de la Secretaría de Industria y Comercio.
Este tema se convirtió en la denuncia más repetida frente al mostrador de esa dependencia. De los 3174 reclamos que se recibieron desde su puesta en marcha (en abril del año último), 831 corresponden a personas que quieren rescindir el documento que, sin explicarse cómo, se comprometieron a pagar. En su mayoría, los contratos tienen un valor promedio de 10.000 pesos y según Laquidara, de los 20 reclamos que reciben por día, ocho son de tiempo compartido.
Uno de esos es el de Magdalena Parra, que junto con su esposo quiso probar suerte en un concurso callejero.
Demasiada cordialidad
"A los días de haber llenado en el subte un cupón para un sorteo, nos llamaron de Rincón Club para decir que habíamos ganado una cámara de fotos. Fuimos un domingo a un local en Florida y Corrientes, donde nos encontramos con un montón de gente; nos mostraron videos y distintas personas nos decían los beneficios de comprar, mientras nos atendían con demasiada cordialidad. Nos tuvieron cuatro horas y nos insistieron tanto que, por una semana en Bariloche, firmamos un cupón para pagar 12 cuotas de 181 pesos. Ya pagamos seis, y no podemos más", dijo Magdalena a La Nación .
Ella vive junto con su familia en José C. Paz, tiene cinco hijos y el único ingreso familiar es el de su marido, que cobra un salario de 1300 pesos. Por eso, dice, quiere cancelar el contrato: "Si nos devuelven la plata mejor y sino, no nos importa sólo queremos terminar con este dolor de cabeza".
Según datos de la Cámara Argentina de Tiempo Compartido, en la Argentina funcionan 130 complejos con ese sistema y se llevan invertidos 1000 millones de dólares. En cuanto a la comercialización, los números no son menores: para este año pronostican vender alrededor de 30 mil semanas anuales, lo que significará ingresos superiores a los US$ 300 millones.





