Qué impacto tendrá en la economía argentina el conflicto en Medio Oriente
Aunque el efecto de la suba del petróleo sería positivo para la balanza comercial y las cuentas fiscales, la principal consecuencia se verá en la inflación en los próximos meses; la reacción del riesgo país fue peor que la de otros países
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A estas horas sólo podemos especular sobre la duración del conflicto en Medio Oriente, pero a medida que pasan los días es más probable que el efecto residual sobre el precio del petróleo se mantenga durante un tiempo, aún luego de que se modere o cese la tensión actual. Entre otros factores, el impacto será más duradero cuanto más se dañe la infraestructura que se utiliza para producir y exportar petróleo y gas licuado de los países productores de la región y de cuánto se utilice de las reservas estratégicas de crudo que los países desarrollados tarde o temprano tratarán de reponer. Entonces, al menos por un tiempo, el petróleo a US$ 67 por barril del mes de enero de este año no estaría disponible.
Afortunadamente la Argentina es exportador neto de energía. Antes del conflicto se proyectaba que las exportaciones de crudo este año serían del orden de 370.000 barriles por día. Y si bien en el invierno todavía hay que importar algunos barcos de gas licuado para atender el pico de consumo residencial, el efecto neto de la suba de precios sobre la balanza comercial será positivo. Por ejemplo, si el Brent promediara el resto del año un precio 25% superior al de enero como sugieren algunos analistas internacionales, el saldo comercial del año mejoraría por este efecto directo en alrededor de US$ 1500 millones. Además, una suba en el precio del petróleo de esa magnitud generaría una transferencia de los consumidores a la cadena de valor del orden de US$ 3000 millones.
El impacto sobre las cuentas fiscales sería también moderadamente positivo. La retención del 8% que alcanza a las exportaciones de crudo aportaría más fondos incrementales que los que demanden los subsidios al consumo de energía. Además, estos pueden reducirse si se traslada el impacto del mayor costo de la energía a los usuarios finales. Debería esperarse también una mayor recaudación por impuesto a las Ganancias de las empresas productoras, pero que el fisco percibirá recién el año próximo.
A pesar de estos efectos modestos pero positivos, la reacción del riesgo país de la Argentina post suba del petróleo fue algo peor a la observada en otros países de la región, incluso de aquellos importadores netos de energía. El “vuelo hacia activos financieros de mayor calidad” no parece ser explicación suficiente porque debería haber impactado de la misma forma, al menos a los de mayor riesgo relativo como la Argentina. Y no hay evidencia clara de que ello haya ocurrido.
Una posible explicación del comportamiento disímil es el impacto en la tasa de inflación, que podría ser más alto en la Argentina dado el proceso de transición que estamos viviendo hacia mejores instituciones monetarias que hacen que la inercia sea más relevante que en otros países con inflación mucho más baja. Los últimos meses hemos visto que cambios de precios relativos y el ruido pre elecciones de medio término sobre el tipo de cambio han afectado negativamente la evolución de la tasa mensual de inflación desde mayo de 2025 hasta hoy. La suba en los combustibles que naturalmente ha seguido a un aumento en el costo del petróleo afectará las tasas mensuales al menos durante marzo, abril y mayo. No parece que haya un riesgo importante de que la tasa de inflación supere con creces el 3% mensual, pero podría postergarse la baja prevista desde el segundo trimestre.

Es cierto que una inflación más alta podría menguar el apoyo de los votantes al Gobierno, pero también aumenta el señoreaje y ello le permite al BCRA comprar más dólares en el mercado a costo cero. La preocupación por el uso de divisas que el BCRA compró en el mercado oficial para pagar deuda del Tesoro parece exagerada. La Argentina tiene una alternativa a las reservas netas como seguro anticrisis en el swap acordado con el Tesoro de Estados Unidos. Claro está que ese apoyo puede menguar, o incluso desaparecer, si hay un cambio de signo político en el país del Norte. Siempre es más seguro contar con dólares guardados en una “cajita” que depender del apoyo y decisiones de otros.
Un valor más alto del crudo en el mercado mundial aumenta otros costos, en particular los fletes. Ello actúa como una protección para las actividades que sustituyen importaciones que recibirían algún alivio y como un impuesto a las exportaciones no petroleras. No es claro si habrá alguna compensación para las commodities agrícolas cuyo precio internacional ha mejorado algo en este contexto, pero parecería que sí sufrirían el impacto las exportaciones de bienes no tradicionales.
¿Puede el shock petrolero desencadenar una estanflación a nivel mundial o en la Argentina? Lo más probable es que no. La economía mundial utiliza mucho menos energía por unidad de producción que lo que ocurría en los 70 cuando se observó el salto en el precio del crudo, y para países exportadores el riesgo sería todavía menor. Además, lo ocurrido en el segundo semestre en la Argentina se explica por la tensión financiera previa a las elecciones que en buena medida se ha corregido. Una mayor tasa de inflación que es obviamente negativa tiene al menos el paliativo de licuar algo las deudas locales y si se manifiesta en los precios de exportación del país también se reduce el poder adquisitivo del pago de una parte de los bonos soberanos (y también los de provincias y varias empresas) que se emitieron a tasas fijas en dólares.
De todas maneras, hay algunos temas que pueden explicar que el riesgo país haya evolucionado peor que en otros países: cuestiones políticas que podrían socavar el apoyo popular al Gobierno, la caída en la recaudación tributaria y los vencimientos de deuda del año 2027. Aunque este último factor era conocido antes del conflicto en Medio Oriente, puede haber inversores que le asignen una mayor probabilidad que antes a una pérdida del apoyo de Estados Unidos. Además, una mayor aversión al riesgo hace más difícil el acceso a los mercados internacionales. En cualquier caso, mayores exportaciones deberían generar tranquilidad porque en el peor de los casos el Gobierno tendría más fácil el poder hacerse de dólares comerciales sin tener que sufrir una recesión que reduzca las importaciones.
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