
Qué se puede aprender de los antílopes, los pulpos y los perros para enfrentar el cambio que impone la tecnología
Por su capacidad de adaptación, el comportamiento de estos animales deja enseñanzas para aplicar frente al vértigo que impone la IA
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¿Qué tienen en común un antílope, un bisonte, un perro, una quimera, un cangrejo, un pulpo, un dinosaurio con plumas y un camarón mantis? Además de ser animales (reales, mitológico o extintos), todos representan algún fenómeno interesante en la literatura de la innovación o de la productividad personal.
Los animales y seres mencionados en el párrafo anterior poseen alguna característica, por lo general poco conocida, que les dieron relevancia en la narrativa que tiene que ver con la adaptación al cambio, y se convirtieron en las figuras favoritas de autores y divulgadores de género “Smart thinking”. Comencemos el recorrido, por orden alfabético, en este zoológico de la innovación:
Priorizar lo que vale la pena: Sahil Bloom, un autor muy popular de la agenda de auto-superación, analizó a fines de 2025 lo que él llama el “Principio del Antílope”. Imagínense un león que cada día tienes dos opciones: perseguir ratones de campo (pequeñas tareas, bajas recompensas) o cazar antílopes (oportunidades grandes, de alto impacto). Puede tranquilamente cazar ratones, es más fácil, pero la energía que le da comérselos no compensa la que gastó cazándolos, con lo cual en varias iteraciones de esta conducta el león se muere. La moraleja para la vida cotidiana es bastante obvia: la clave está en dónde uno decide enfocar su tiempo y atención. En lo que es simplemente accesible o urgente (los ratones, los mails de último momento) o en lo que es verdaderamente significativo para los objetivos mayores (el antílope). Es una forma de categorizar las tareas diarias para priorizarlas (en ratones y antílopes).
Tomar las riendas: esta conducta animal fue motivo de una columna de Rebeca Hwang en LA NACION: "La fórmula del bisonte“. “El bisonte es conocido por un comportamiento contra-intuitivo. A diferencia de otros animales, cuando percibe indicios de una tormenta de nieve, no intenta esquivar o resguardarse del temporal, sino que se dirige derecho hacia el centro de la tempestad. Así, según National Geographic, acepta un período breve en condiciones muy desfavorables, a cambio de poder disfrutar más rápido del sol. Superada la tormenta, podemos imaginar al corajudo bisonte mirando de lejos al resto de los animales, que fracasaron en su intento de esquivar lo inevitable.
Capacidad de adaptación: por orden alfabético podemos pasar a la “C” de “Cangrejo”. Lo cita mucho Martina Rua, columnista de LA NACION, en su último libro de “100 secretos de Innovación” (Conecta, RHM), a partir de una charla TED de Mercedes Korin (Modo Delta) que se tituló “Momento Cangrejo”. “Es un animal que para seguir creciendo abandona su caparazón. Eso lo hace vulnerable, pero también le permite armar nuevas capas de lo nuevo”, explica Rua. Tiene ojos por encima del cuerpo (que le permiten ganar otra perspectiva) y antenas para detectar oportunidades; y camina de costado, lo cual le habilita otro tipo de exploraciones.
Otras realidades: también con la “C”, el camarón mantis, que tiene el sistema visual más sofisticado del planeta, con 16 receptores de color (ve ultravioleta, polarización, entre otros), también hace juego con otra metáfora del cambio: los innovadores no ven “más”, sino en otras longitudes de onda. Detectan patrones donde otros ven ruido. El camarón mantis aparece mucho también en los ensayos sobre no dualismo en la conciencia (que lo que creemos que es la realidad no existe como tal, es sólo una percepción personal muy limitada por nuestros acotados sentidos).
Más atrás en el tiempo: otra metáfora interesante entre la biología y el mercado laboral que se viene suele ser destacada por Fernando Zerboni, profesor de la Universidad de San Andrés. Hace alusión al fenómeno de “exaptación”, que se define como una estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación a determinadas condiciones, y que una vez que está consolidado pasa a ser utilizado y perfeccionado en pos de una nueva finalidad, que no tiene nada que ver con su propósito original. Y esto ocurre cuando hay un cambio drástico de contexto. El ejemplo más conocido de “exaptación” es el de las proto-plumas de los dinosaurios terópodos, que originalmente se usaban como atractivo sexual y para mantener la temperatura del organismo. Su uso como estructura voladora apareció más tarde, y dio una posibilidad de supervivencia a los dinosaurios que hoy tenemos entre nosotros (las aves). La biología parece ser por estos días el mejor prisma para describir una jungla económica caótica, donde mandan los sistemas complejos.
Inteligencia descentralizada: los pulpos son lo más parecido a una inteligencia extraterrestre que tenemos en el planeta, porque poseen un alto IQ pero muy raro, dado que en nuestra rama evolutiva nos separamos hace millones de años. Se estima que más de un 70% de la cognición del pulpo se produce en sus tentáculos, y por lo tanto funciona bien como una metáfora de “creatividad distribuida”. El pulpo tiene neuronas en los tentáculos, lo que le permite “pensar con las extremidades”. Suele usarse en libros de innovación para describir a empresas o personas que descentralizan la inteligencia, delegan decisiones y se vuelven más adaptativas.
Compresión de tiempo: continuamos con la “P” de perro, el mejor amigo del hombre. Se suele usar el concepto de los “años perro” para hacer referencia a la aceleración del cambio. Así como un año perruno equivale a 7-8-9 años humanos (según la raza), lo mismo sucede con muchas avenidas de cambio en plena aceleración. Lo que estaba previsto en IA para 2035 se adelanta a 2030, 2028 y así, en una compresión de tiempo.
Híbridos para la nueva era: octava y última bestia de este glosario, esta vez es el turno de un ser mitológico. La nueva moda: referirse a los “vibe workers de la IA" o personas que aprovechan a tope las nuevas posibilidades de la revolución tecnológica del momento como “Quimeras”: una quimera en el mundo de la IA y el mercado laboral es una metáfora para describir a los nuevos profesionales “híbridos extremos”, personas que combinan dos o más especialidades que antes vivían en silos (por ejemplo, un programador-diseñador, un psicólogo-ingeniero de prompts, un economista-curador de IA, un storyteller-científico de datos). Igual que la criatura mitológica formada por partes de distintos animales, estas combinaciones generan habilidades no replicables por la IA generalista, difíciles de automatizar y muy valiosas en la economía que viene. Salieron varias notas en el último mes en medios de primera línea de EE.UU. y Europa hablando de “quimeras” como empleados no el doble sino 10X o 100X más productivos, y el desafío que conllevan para las áreas de Recursos Humanos. Cómo se los retiene, cómo se hace para que no se generen conflictos con sus managers menos preparados, qué puede surgir de esta combinación entre super-poderes únicos y falta de criterio o experiencia.






