
Sin intervenir el dólar desde 2021, el ministro de Economía de Uruguay explicó la receta detrás de la estabilidad
Gabriel Oddone, ministro de Economía del gobierno de Yamandú Orsi, expuso en la conferencia de FIEL los pilares del modelo uruguayo: regla fiscal, reservas elevadas y una deuda con acceso permanente a los mercados
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Durante décadas, Uruguay convivió con una de las inflaciones crónicas más prolongadas que se tengan registradas. Hoy, en cambio, tiene el riesgo soberano más bajo de América Latina (82 puntos básicos) y una calificación crediticia por encima del grado de inversión en todas las agencias que lo evalúan. Gabriel Oddone, ministro de Economía y Finanzas del gobierno de Yamandú Orsi, del Frente Amplio, explicó en la conferencia anual de la fundación FIEL cómo llegó el país hasta ahí. Y subrayó que no se trata del mérito de una sola gestión, sino de un consenso que atraviesa a los distintos gobiernos desde hace 20 años.
En el panel moderado por Juan Luis Bour, director y economista jefe de FIEL, Oddone recordó una frase de Danilo Astori, dos veces ministro de Economía y vicepresidente de José Mujica, que marcó el rumbo de la izquierda desde que asumió por primera vez en 2005. El mundo no conoce experiencias de prosperidad sostenida en un contexto de desorden macroeconómico. A partir de esa idea, el sistema político uruguayo coincide en cuatro pilares, que son la estabilidad macroeconómica, la apertura de la economía, la necesidad de acelerar el crecimiento y la cohesión social.
Como en Uruguay conviven el peso y el dólar, la política monetaria tiene todavía mecanismos de transmisión débiles. “Todos somos conscientes de que la estabilidad macro descansa en el ámbito fiscal”, dijo el ministro. El gobierno anterior aprobó en el Parlamento una regla fiscal y la gestión actual decidió mantenerla e incluso mejorarla. Hoy fija un nivel prudente de deuda neta del 65% del PIB, metas sobre el resultado fiscal estructural y salvaguardas para limitar el margen de maniobra en los años electorales. A eso se suma un Consejo Fiscal Autónomo que reporta directamente al Parlamento y funciona como un auditor de las decisiones del Poder Ejecutivo.
La deuda es otra de las obsesiones. Tras lo que Oddone definió como el “default elegante” de 2002, Uruguay se propuso tener siempre abiertas sus fuentes de financiamiento. No es un objetivo menor, ya que todos los años el país debe salir a los mercados por entre US$6000 y US$6300 millones. Además, redujo la dolarización de la deuda pública, que en 2005 era cercana al 90% y hoy es de la mitad. El país cuenta también con un stock de reservas en el Banco Central que supera incluso el mínimo recomendable, un colchón para enfrentar shocks externos.
En materia cambiaria, la definición fue tajante. “Hemos abandonado las intervenciones cambiarias desde el año 2021. Uruguay no tiene ninguna intervención en el mercado de cambio spot”, dijo. A principios de este año, cuando el peso se apreció por fuera de los fundamentos, bastó con adelantar una reunión del comité de política monetaria y anunciar que el fisco haría operaciones de futuros para mover el mercado, sin volver a intervenir.
La inflación promedió 63% anual entre 1958 y 1998. Tras la crisis de 2002, se estabilizó en torno al 8%, y el actual gobierno decidió consolidar la baja lograda por la gestión anterior. La meta del Banco Central es de 4,5%, con la intención de revisarla a la baja cuando el contexto internacional lo permita.
La economía también se blindó por el lado productivo. A fines de los 90, la mitad de las exportaciones iba a la Argentina y Brasil. Hoy China es el principal socio en bienes, Estados Unidos en servicios y la Unión Europea, el principal origen de la inversión extranjera. Y el año pasado el 98% de la electricidad se generó con fuentes renovables, lo que permitió atravesar la suba del petróleo desde febrero sin mayores sobresaltos. En los combustibles, el gobierno usó el margen de la refinería estatal para amortiguar el traslado a los precios.
Las cuentas pendientes
Oddone aclaró que no se trata de “una historia rosa”. El déficit fiscal es de 4,1% del PIB y el plan de consolidación descansa en nuevos impuestos, como la adhesión al impuesto mínimo global. Además, la economía creció a un ritmo de 1,2% anual en la última década, una tasa que el ministro consideró insuficiente para sostener el Estado de bienestar uruguayo. La pobreza ronda el 15%, pero entre los menores de 6 años llega al 25%. “Por cada adulto mayor pobre hay 10 niños pobres”, advirtió.
El ministro cerró con una advertencia sobre el propio modelo. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para crecer. Y el sistema de partidos, de los más sólidos de la región, garantiza cohesión y reduce la aparición de outsiders, aunque tiene un precio. “Las velocidades de transformación son lentas”, admitió.
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