Talento nómade: las historias de los emprendedores que se animan a jugar de visitante

Desde una casa de empanadas en Budapest hasta la producción de soja en Uganda, pasando por la elaboración de snacks de carne para el mercado chino o helados en Marruecos, los argentinos demuestran una gran capacidad de adaptación a la hora de cruzar las fronteras

Alfredo Sainz
Sofía Terrile
María Julieta Rumi
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24 de abril de 2019  

Ya sea porque la vida los llevó hasta ahí o porque se quisieron probar algo a sí mismos, hay muchos argentinos que tuvieron que vencer barreras culturales y administrativas para realizar sus sueños en el exterior. Un restaurante en Austria, un establecimiento de producción de chipás en Finlandia o una fábrica que hace snacks de carne en China son solo algunos ejemplos.

"Muchos argentinos deciden probar suerte afuera, ya sea porque han tenido la suerte de estudiar allí y se sienten atraídos por la cultura local o porque simplemente se ven tentados de probar en mercados más grandes que presentan reglas de juego más estables", opina María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor.

Bearzi destaca que los argentinos reúnen una serie de características que los hacen especialmente candidatos para cruzar las fronteras. "El emprendedor argentino es reconocido mundialmente por su innovación y talento y la capacidad de surfear los vaivenes económicos del país y de hacer crecer sus emprendimientos aun cuando las condiciones del contexto no son las más favorables. El argentino es resiliente por naturaleza y el emprendedor tiene además una cuota de riesgo innata que hace que se adapte fácilmente a diferentes entornos y situaciones", explica.

Y en este punto dice que, por un lado, esta forma de ser hace que tiendan a formar comunidades en diferentes partes del mundo, pero, por otro lado, uno de los mayores desafíos para insertarse es la red de networking local.

Desde el Gobierno están tratando de ayudar a través de distintas iniciativas. De acuerdo con el secretario de Emprendedores y Pymes de la Nación, Mariano Mayer, "las pymes y emprendedores son un componente crucial de la agenda de desarrollo" por lo que buscan alentar su expansión, internacionalización e integración en las cadenas de valor mundiales.

En este sentido, coordinan acciones con instituciones y organismos que promueven la internacionalización de emprendedores y pymes argentinas, como también con organismos como la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional y con el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Algunas de estas acciones comprenden el desarrollo de plataformas de softlanding, participación en ferias internacionales y misiones comerciales, y capacitaciones virtuales y presenciales.

"Es fundamental acompañar iniciativas como Acelerar España, un programa que promueve y ayuda a emprendimientos argentinos de alto impacto a internacionalizarse, haciendo base en España como puerta de acceso para Europa y el norte de África; o el caso de Enablis con Scale Up, un programa de apoyo a emprendedores que busca impulsar el talento argentino en Canadá y el mundo", puntualiza Mayer.

Otra iniciativa es la Red Global de Emprendedores Argentinos en el Exterior, coordinada por el director de Promoción de Comercio e Inversiones de la Cancillería, Fernando Lerena. La red tiene 600 inscriptos y los sectores con mayor peso son tecnología, servicios y gastronomía. Y, si bien la red es global, la mayoría de los argentinos se concentra en Estados Unidos, América Latina (Brasil, México, Colombia) y en Europa (Alemania y Países Bajos). También hay presencia en África. "El objetivo de la red es difundir el talento argentino en el exterior y promover el softlanding. En otras palabras, facilitarle el camino a aquellos emprendedores argentinos que buscan internacionalizar sus empresas", señala Lerena.

Nicolás Nagy

Empanada story

Rubro: gastronomía

Edad: 33 años

País: Hungría

¿Qué fue lo más difícil a la hora de ingresar al mercado?

Lo más difícil fueron la legislación, el papelerío y la inversión, porque el dinero se esfuma de un segundo al otro. Yo me mudé con mis padres a Budapest cuando tenía 15 años y siempre quise emprender. La idea me surgió en la facultad cuando estudiaba economía y finanzas. Extrañaba comer una buena empanada porque acá no existen, solo hay pizzas. Pero necesitaba contar con capital. Entonces un amigo cordobés me contactó con Gabriel López Libardi, otro argentino que estaba en Hungría en busca de oportunidades. Nos asociamos y empezamos a investigar. Manualmente no era efectivo hacer empanadas, entonces pensamos en automatizar el proceso lo más posible. Visitamos la Argentina y compramos una máquina, que resultó ser una de las primeras importaciones de la Argentina a Hungría. La inversión inicial fue de 300.000 euros y podemos producir 60.000 empanadas por mes.

¿Aporta algo ser argentino?

En nuestro caso, sí. Porque las vendemos como empanadas argentinas, aunque hay una adaptación al gusto local. Tenemos la línea tradicional de carne, carne picante, la tucumana con pasas de uva, jamón y queso, pollo, queso, cebolla y bacon, etc. Y hacemos product matching porque queremos venderlas posicionadas con el malbec, el típico vino argentino, que es muy bueno y conocido.

¿Cómo nos ven los húngaros?

Depende de con quién hables. Una persona que viajó más por el mundo sabe más de la Argentina, mientras que otros que no lo hicieron no. En Hungría conocen el malbec, saben que hay producción de vinos, conocen la carne, la papa, lo normal. La Argentina está lejos y hay poca información. Conocen a las figuras mundialmente conocidas, como Lionel Messi, o algún producto muy bueno.

Agustina Lagomarsino

Lempihetki

Rubro: gastronomía

Edad: 45 años

País: Finlandia

¿Qué fue lo más difícil a la hora de ingresar al mercado?

El idioma. Yo estudié diseño aquí, pero cuando nos radicamos definitivamente con mi marido luego de ir y venir a la Argentina me choqué con esa barrera. Hablo finlandés, pero es difícil adquirirlo a nivel de poder competir por un puesto de trabajo. Y una chica de Misiones que mandaba a sus hijos al mismo colegio que el de los míos también tenía ese problema. Entonces hizo un clic después de mandar tantas solicitudes y se puso a hacer chipá. Yo después la llamé y le dije de ser su socia. Queríamos hacer todo con permiso del Ministerio de Salud. Buscamos un lugar, pero no encontramos. Todos pensaban que hablábamos de montar una panificadora. Pero logramos hacernos entender y las autoridades nos dijeron que podíamos empezar en la casa de mi socia. Empezamos haciendo 18 kilos al día y ahora estamos en 48, ya con un local y un quiosco.

¿Qué aporta ser argentino?

Los argentinos venimos con muchas herramientas porque somos de un país que siempre está tambaleando. Creo que la Argentina como sociedad sabe moverse tan bien porque tiene herramientas que no tiene la gente que está cómoda. Nosotras nos supimos acomodar a la realidad que nos tocaba vivir en vez de bajar los brazos. Hicimos algo distinto de nuestras profesiones, pero nos lanzamos con toda la garra a conquistar el objetivo. Esa es una característica. No es una casualidad que haya muchos argentinos aquí.

¿Qué imagen tienen del país en Finlandia?

Los finlandeses son muy curiosos y nosotros despertamos una curiosidad linda porque venimos de muy lejos. La gente cuando se entera de que somos argentinos se predispone bien. El tango es un tema en común y hay chicos que usan la remera de Messi, pero de la Argentina saben más de los vinos, de la geografía, cosas más heterogéneas que solo el fútbol.

Walter Castro

Productor sojero

Rubro: explotación agrícola

Edad: 70 años

País: Angola

¿Cómo llegó a Angola?

Nací en el Chaco, en Quitilipi, el mismo pueblo que Lilita Carrió, y de hecho nos conocemos de chicos. En la década del 70, recién recibido de veterinario, fui a visitar a mi papá a Luanda, la capital de Uganda, donde trabajaba como diplomático de las Naciones Unidas. Cuando estaba ahí, me hicieron una oferta de trabajo para empezar a asesorar al Ministerio de Agricultura del gobierno socialista de ese momento. Mi idea era trabajar un año para juntar experiencia y me terminé quedando más de cuarenta. Primero trabajé para el gobierno angoleño y después, para empresas multinacionales petroleras y cerealeras, hasta que hace un año me lancé con un proyecto propio de un establecimiento agrícola. Hoy tengo un campo a 400 kilómetros de Luanda, en una región que se llama Waco Kungu, donde básicamente tengo soja.

Diferencias entre los dos países.

En la Argentina tengo un campo en la zona de La Carlota, en la provincia de Córdoba, donde también hago soja, aunque la verdad es que en Angola todo es mucho más fácil, principalmente desde el punto de vista impositivo. En Angola tenés que pagar los impuestos, pero no tenés las retenciones. La Argentina debe ser el único país en el mundo en el que se penaliza al que exporta.

¿Cómo es ser argentino en Angola?

La verdad es que en Angola no tienen mucha idea sobre la Argentina. A lo sumo antes te preguntaban por Diego Maradona y ahora por Lionel Messi. Lo que sí fue toda una novedad fue cuando [Guillermo] Moreno organizó su famosa misión de negocios a África. Por decirlo suavemente, fue un verdadero desastre. Hay mucha gente en Angola que quedó colgada con los negocios que hicieron con los argentinos, básicamente porque se hizo todo en forma muy improvisada y sin ningún tipo de continuidad, y en muchos casos sin cumplir con todos los requerimientos legales en materia de exportación.

Tomás Fuentes Benítez

Stokes

Rubro: snacks de carne

Edad: 29 años

País: China

¿Cómo surgió la idea?

Empecé desarrollando el producto hace unos tres años. En ese momento trabajaba como abogado. En mi tiempo libre hacía deporte, y como por mi trabajo pasaba muchas horas en la oficina, quería un snack alto en proteínas que fuera rico y natural, pero en el quiosco solo encontraba galletitas, alfajores y papas fritas. Incluso las barras de cereal, que se creen sanas, son puro azúcar y carbohidratos. En ese momento pensé en el beef jerky, o carne seca, como el snack perfecto, que ya era muy popular en los Estados Unidos. En la Argentina, pese a que producimos carne de primera, no lo teníamos, y entonces decidí producirlo yo. Empecé a investigar y armé una cocina laboratorio en el quincho de la casa de mis viejos en Necochea. Para esa época gané una beca para hacer un máster en Tsinghua, la universidad número uno de China, y me vine para acá.

¿Cuáles fueron los primeros pasos?

Después de graduarme en China, alquilé una cocina en un restaurante, compré las máquinas y puse un stand en el mercado más grande de Pekín con la idea de validar el producto con los consumidores chinos. Después de mucho trabajo, logré un producto en el que creía y empecé a buscar una fábrica. Al final conseguí la fábrica perfecta en Shanghai, que no solo tiene la tecnología de punta, sino que también entiende nuestra visión de negocios, y en las próximas semanas vamos a estar lanzando el producto en cuatro sabores a nivel nacional en China.

¿Cuál es la mayor barrera para hacer negocios en China?

Hay que entender que China es su propio mundo. Sus gustos, costumbres y cultura son diferentes de los de Occidente. Pensar que podemos venderle lo que nos sobra en la Argentina es no entender a China y a sus consumidores. Hay que empaparse y observar qué consumen, qué comen, qué hacen para divertirse.

Eva Gedwillo

Restaurante La Huella

Rubro: gastronomía

Edad: 44 años

País: Austria

¿Qué fue lo más difícil de ingresar en Austria?

Lo más difícil de abrir un restaurante en Viena es el idioma. Tenés que hablar muy bien alemán para que te respeten y te den el espacio. A nivel organización, hay un sistema muy organizado para registrarte, y el otro punto es el cultural. Los austríacos son muy de sus cosas: sus bebidas, sus comidas. Y si bien conocen a la Argentina por el fútbol, la carne y los vinos, fue difícil entrar. Ellos piensan que la carne es carne hasta que prueban la carne argentina y se dan cuenta de que es otra cosa. La competencia en restaurantes es fuerte porque acá todos son muy tops, pero nosotros estamos entre los cinco mejores en carne, y eso es muchísimo. Gracias a la gente estoy donde estoy. En gastronomía hay que estar y pagar los impuestos porque acá te dan 15 días y hay que pagarlos. Son muy estrictos.

¿Qué aporta ser argentinos?

Yo creo que suma la espontaneidad que tenemos, la capacidad de hablar y llegar al otro. Ellos son más cerrados. Se saludan dándose la mano. Así, que venga un cliente, te abrace y te dé un beso quiere decir que pasaron la frontera y entendieron. En Austria se cena entre las 17 y las 19 y acá vienen entre las 20 y las 21. No pasa en otro lado. También se sorprenden de que llamemos a los mozos por su nombre.

¿Cómo nos ven?

La Argentina quedó en la historia por lo del granero del mundo. Hay gente que me dice: "¿Qué haces viviendo acá si sos de Argentina?". Nos ven como buenas personas. En Austria no son buenos con la inmigración, pero el argentino zafa de ciertas categorías. Hay gente que te pregunta por la economía tipo "¿la Argentina está mal?", y uno les responde que es cíclica, pero la gente que viaja vuelve fascinada por la cultura, la diversidad geográfica y lo servicial que es la gente. Conozco gente que se ha ido a vivir y argentinos que después de estar 20 años aquí se volvieron.

Eber Andriuolo

Cerveza Lindenberg

Rubro: bebidas

Edad: 43 años

País: Alemania

¿Qué fue lo más difícil a la hora de ingresar al mercado?

Registrar la marca de cerveza Lindenberg en la Unión Europea fue difícil, porque es un nombre común, pero lo logramos este año. Este es un tema serio. La realidad es que cuando se arranca con una marca el primer paso es el legal. Registrar una marca acá tiene mucho peso. Es una de las patentes que más pesan a nivel internacional. No haber tenido una objeción de ninguna marca es importante, porque si la exponés y no está registrada puede ser bloqueada o alguien la puede exigir como propia. Nosotros producimos en el partido bonaerense de 9 de Julio, pero yo volví a Alemania para capacitarme y porque es más fácil proyectar mundialmente la marca desde aquí que desde la Argentina. Ahora estamos haciendo una colaboración con Kronprinz, una de las cervecerías alemanas más importantes.

¿Qué aporta ser argentino?

La Argentina en Alemania es conocida, es atractiva. Conocen mucho del país, no solo lo superficial. Hay libros del escritor Karl May sobre gauchos con boleadoras del Río de la Plata. La carne la adoran, el tango les encanta, se van de vacaciones a la Argentina y saben que allí hay descendencia alemana. No es país desconocido y tiene una imagen positiva. Eso hace que viniendo uno de lejos y no siendo desconocido resulte atractivo. Entre cervezas llama la atención. Hay un diferencial geográfico que apuntalándolo bien es fantástico. Ofrecer cerveza con entrecot de Aberdeen angus. Alemania era el cliente de carne argentina más importante del mundo.

¿Cómo nos ven los alemanes?

Obviamente nos conocen por Maradona, la Patagonia les fascina y conocen el malbec argentino. En toda Europa están locos con el malbec, sobre todo en Inglaterra, pero la idea es poner al lado la cerveza.

Mariana Ambrueso

Ambrueso

Rubro: heladería

Edad: 34 años

País: Marruecos

¿Cómo llegó con los helados a Marruecos?

Nací en el barrio de Flores y vengo de familia de heladeros. Mi papá había invertido en una fábrica de helados en los 90 y mi abuelo también está en el rubro, así que crecí entre los helados artesanales. En 2004 yo viajo a Marruecos y me enamoro de un marroquí y del país. Poco tiempo después nos casamos y me instalo en Casablanca. Cuando llegué, me di cuenta de que no había helados naturales y artesanales y de la calidad que estamos acostumbrados a consumir en la Argentina. En ese momento era muy joven y después de casarme, instalarme, tuve mi primer hijo y con el proyecto de mi segundo hijo, tomó vida también mi proyecto laboral y a fines de 2012 abrí una pequeña unidad de producción con máquinas que importamos desde la Argentina.

¿Cómo fue la adaptación?

Al principio fue complicada, porque yo no hablaba francés, pero aprendí rápidamente y encontré muchas similitudes entre el pueblo marroquí y nosotros. Ellos son superhospitalarios, les encanta recibir y lo hacen muy bien, para ellos recibir es un arte. Marruecos es un país muy agradable para vivir. Quizás en el ámbito laboral sea difícil la barrera del idioma, porque con los empleados hay que hablar en árabe dialectal y es difícil de aprender.

¿Aporta algo el origen argentino?

En Marruecos no somos muchos los heladeros y nuestra marca se afirmó como fabricante de productos originales y de calidad. En la comunicación decimos que elaboramos "en la pura tradición argentina e italiana". Decir que venimos de la Argentina aporta exotismo. Además, los argentinos hablamos con las manos y eso siempre ayuda cuando tenés que encarar una negociación comercial.

¿Principal obstáculo a vencer?

Cuando tengo que ir a una administración pública me hago acompañar por un hombre, porque siendo mujer todo es más difícil.

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