
Un dilema de hierro
El presidente Menem defendió como propias las medidas de ajuste lanzadas por Brasilia. En cambio, los economistas sugieren tomar distancia del país vecino
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El respiro que los mercados se tomaron al finalizar una semana llena de turbulencias -luego de que la Bolsa porteña llegó el miércoles a su nivel más bajo de los últimos doce meses- fue propicio para que empresarios y economistas empezaran a reflexionar sobre qué posición debe asumir la Argentina ante la incertidumbre que hoy rodea a la economía brasileña y que, aun para los más optimistas, persistirá por un tiempo más.
El resultado positivo de las ruedas del jueves y el viernes, tanto en las bolsas brasileñas como en la de Buenos Aires, logró que el establishment por un momento dejara sus urgencias de lado y se interrogara sobre los pasos por dar de aquí en más. ¿Qué va a pasar con Brasil? ¿Qué estrategia debe implementar la Argentina? ¿Conviene subirse al mismo barco que el socio mayor del Mercosur, como hizo el Gobierno con Carlos Menem a la cabeza, o es mejor marcar diferencias con su política económica?
El presidente Menem, en cambio, no dudó: en Brasilia, flanqueado por su par brasileño, Fernando Henrique Cardoso, respaldó sin reservas el plan lanzado por el país vecino para enfrentar las presiones devaluatorias. La teoría de la Casa Rosada es que la crisis financiera mundial que se inició en el sudeste asiático puede ser mejor amortiguada si se enfrenta en bloque y no por separado.
Si algunos economistas tenían esperanzas de que los inversores no "pegaran" a la Argentina con Brasil, ambos mandatarios dieron por tierra con esa aspiración. Menem comparó el paquete brasileño (despidos y eliminación de cargos públicos, reducción de algunos gastos previstos en el presupuesto 98, congelamiento de salarios de empleados públicos, aumento de impuestos y privatizaciones de empresas estatales, entre otros puntos) con las medidas adoptadas por la Argentina en 1995 tras el tequilazo. "En rasgos generales son las mismas medidas que tomamos nosotros", afirmó Menem, mientras su colega brasileño confió haber tomado a la Argentina como ejemplo e identificó a su presidente como "el gobernante que marcó el camino para afrontar los cambios de la globalización".
En las buenas y en las malas
No son pocos los que consideran que esta política de "amigos en las buenas y en las malas" implica un alto riesgo. "No creo que debamos atarnos a la no devaluación en Brasil, dado que si ésta se produce -y obviamente a esta altura es más probable que hace un mes- podríamos recibir un ataque especulativo", aseguró el economista Miguel Bein.
"El tipo de cambio en Brasil está claramente sobrevaluado y una vez que se ha instalado la incertidumbre sobre esa economía probablemente no alcance con el ajuste fiscal anunciado días atrás", sentenció.
De acuerdo con Bein, "la situación argentina es radicalmente distinta de la de los brasileños. Primero, nuestra cobertura financiera para un eventual shock financiero alcanza al 44 por ciento de los agregados monetarios amplios (billetes y monedas en circulación más depósitos en cajas de ahorro, plazos fijos y cuentas corrientes). Segundo, la Argentina prácticamente no tiene deuda interna de corto plazo y tercero, cuenta con un sistema financiero que, tras la concentración, hoy es mucho más sólido que durante el efecto tequila".
Por su parte, el consultor de empresas Pedro Lacoste consideró que "las chances de Brasil de ganarle a las presiones del mercado son más costosas que las de la Argentina" y advirtió: "Cuidado, porque si nos ponemos a defender el peso apoyando el real estamos menospreciando los cambios que hicimos en los últimos años. Nos estamos pegando al riesgo-país del Brasil". El economista resaltó que "existen tremendas diferencias de política económica entre ambas naciones. El déficit fiscal brasileño es el doble del argentino y el país vecino tiene una deuda pública interna prácticamente veinte veces más abultada que la nuestra. Además, el ajuste financiero que se hizo aquí después del tequila sólo tuvo un costo fiscal de un máximo de US$ 500 millones, mientras que en los últimos años Brasil se la pasó subsidiando y rescatando bancos en problemas a un costo enorme para el fisco".
Lacoste destacó que "hay que ayudar a que el real no se devalúe, pero es una apuesta muy riesgosa porque el peso puede perder credibilidad si se desvaloriza el real".
Con esta visión coincidió Esteban Thompsen, del INGBarings: "No creo que se gane cuando las autoridades dicen que las medidas tomadas por Brasil son idóneas. En caso de que fracasen nosotros perderíamos credibilidad. Lo que hizo el Gobierno fue agravar la confusión. Una cosa es que uno se tome muy en serio el Mercosur y otra es llegar a la coordinación de políticas macroeconómicas, que aún no se logró".
"Es muy amigable desear suerte", continuó, "pero no habría que hacer juicios de valor sobre el resultado del paquete brasileño porque nos mete a todos en el mismo barco. Uno no puede pedirle a la Argentina que se distinga de su vecino con una actitud poco solidaria, pero tampoco nadie le exige que se abrace a Brasil".
Planteado así, el dilema pareciera encontrar al Gobierno y a los analistas privados en veredas enfrentadas, pero las aguas no están tan claramente divididas. En el seno del oficialismo las posiciones tampoco son homogéneas. Nada menos que el ministro de Economía, Roque Fernández, planteó diferencias -aunque sin ir al choque- con la actitud asumida por Menem. Mientras el Presidente se deshacía en elogios hacia las medidas anunciadas por Cardoso, el titular del Palacio de Hacienda hacía todo lo posible por diferenciarse de Brasil. "Los ataques especulativos no pueden repercutir en nuestro país. No esperamos tener dificultades", aseguró.
Qué hacer
"El nerviosismo de los mercados se contagia, pero en la Argentina no necesitamos tomar ninguna clase de medidas adicionales para garantizar la estabilidad", se jactó Fernández. Sin embargo, el ministro se contradijo un día más tarde cuando, imitando a su antecesor Domingo Cavallo, reclamó "superpoderes" para retomar una de sus viejas propuestas: aumentar algunos impuestos internos, pero, esta vez, sin tener que lograr el acuerdo del Congreso. La explicación es que así podrá aumentarse la recaudación rápidamente para hacer frente a una eventual profundización de la crisis mundial.
En el abanico de opiniones sobre qué debería hacer la Argentina con respecto a Brasil existen también posiciones intermedias como la que plantea Débora Giorgi, presidenta de la consultora Alpha, quien explicó que "como miembros de un bloque regional era lógico que los ministros mostraran una vocación conjunta de mantener la estabilidad".
"Lo normal era respaldar a Brasil para luego mostrar las diferencias que existen entre ese país y la Argentina, como ser nuestro mercado de capitales o la red de seguridad de nuestro sistema financiero. Yo seguiría esos pasos", agregó la economista. Según Giorgi, "pasados los nervios, los inversores internacionales no se equivocan a la hora de distinguir y la diferencia de la Argentina está en las reformas estructurales que ha encarado y en la formación de un mercado de capitales".
Pero más allá de las distintas recetas para enfrentar la primera crisis financiera global o de disentir sobre si es mejor cerrar filas con Brasil o, por el contrario, cortarse solos, todos los especialistas coinciden en que es imposible que la Argentina se despegue del todo de su principal socio en el Mercosur, que absorbe el 30% de las exportaciones nacionales.
Las proyecciones hablan ya de pérdidas en materia de ventas al país vecino de entre US$ 1000 y US$ 1800 millones por culpa de la recesión que desatarán las medidas anunciadas esta semana. Un trabajo de Alpha, concluido el viernes a última hora, ubicó esa caída -para 1998- en US$ 1712 millones. Los sectores más golpeados serán los automotores, con una merma en las exportaciones de US$ 986 millones; máquinas y aparatos (US$ 170 millones menos), confecciones (-US$ 122 millones), alimentos (-US$ 108 millones), químicos y plásticos (-US$ 103 millones) y productos primarios en general (-US$ 100 millones).
En cambio, el rubro combustibles no será afectado en absoluto y mantiene las mismas proyecciones de embarques al exterior que tenía antes del 22 de octubre (US$ 1401 millones) , día en que se desató la crisis de los mercados en el sudeste de Asia. Según otros analistas tampoco sufrirán demasiado las exportaciones agrícolas como el trigo y el arroz, que se recolocarían en otros mercados sin demasiadas dificultades. Los grandes productores lácteos, en cambio, sufrirían una considerable caída en sus exportaciones.
¿Pero qué debería hacer la Argentina para sufrir lo menos posible? Según Bein, "no hay gran cosa para realizar, salvo administrar austeramente el presupuesto, cobrar todos los impuestos que se pueda y avanzar en la modernización de las relaciones laborales. Esto sería una buena cosa, pero de ninguna manera la flexibilización es definitoria, ni se trata de una medida de cuya concreción dependa en los próximos meses la estabilidad". Por su lado, Jorge Bustamante, directivo de Merchant Bankers Asociados (MBA), representante en la Argentina de Salomon Brothers, opinó que "hay que profundizar los cambios y apretar el triple en las asignaturas pendientes. Algunos creen que la globalización es una política que se puede elegir, pero yo digo que es como el agujero en la capa de ozono, está fuera del control de uno. Por eso si se quiere bienestar hay que ajustar por el lado de la competitividad".
Thompsen propuso "ser un poco más ambiciosos en materia fiscal", en tanto que Giorgi subrayó que "la privatización del Banco Nación no es la reforma estructural que falta en la Argentina. Hay otros temas más relevantes e integrales como la flexibilización laboral". Por último, Lacoste confío en que "como la Argentina tiene muy poca deuda pública interna y un sistema financiero fuerte para defender el peso puede recurrir a las altas tasas de interés durante un tiempo relativamente largo".
Miradas optimistas de adentro y afuera
El término "brasildependencia" volvió a escucharse con insistencia en los últimos días. A él se refirió la Fundación Capital (FC) en su síntesis financiera semanal, dedicada íntegramente a la situación del Brasil y a sus implicancias en nuestro país.
La entidad señaló que la famosa "brasildependencia" se refleja en que un 29,5% de las exportaciones argentinas encuentran destino en el mercado vecino y que como cualquier empresa que ve concentrada buena parte de sus ventas en un cliente inestable (más allá de los cambios en la probabilidad de que la economía brasileña colapse), la Argentina debiera arbitrar los medios para reducir su exposición a dicha eventualidad.
Más allá de esta debilidad, la FC aclaró que "la situación macroeconómica argentina es muy superior a la brasileña: desequilibrios fiscal y externo sustancialmente menores, sumados a una mayor proporción de pasivos a corto plazo respaldados con reservas internacionales, deberían eximir a nuestro país de sufrir un contagio de un eventual crac brasileño por similitudes macro" (que fue lo que incidió en el tequila)".
La consultora expresó que "los progresos experimentados por nuestro sistema financiero en los últimos años, evidenciados en la depuración de entidades menos solventes, el alargamiento del plazo promedio de depósitos, altas exigencias de capitales y encajes, y consolidades por la creciente extranjerización de la banca, disipan las posibilidades de contagio por la vía financiera".
"En otras palabras, la Argentina -a diferencia de Brasil- cuenta con los dos requisitos básicos para soportar cualquier crisis: caja y aval. Liquidez para enfrentar corridas y garantías de entidades internacionales para socorrer al sistema en caso de necesidad. La solución de largo plazo es vender una cantidad mucho mayor de nuestros productos al resto del mundo, de modo que las ventas a Brasil vayan perdiendo importancia", recomendó la FC.
La fortaleza del sector bancario argentino también fue mencionada por Merrill Lynch, que indicó que hay mayor confianza en el sistema financiero que durante el período postequila, en 1995. "Los bancos están siendo conservadores para mantener la liquidez", afirmó la entidad, que agregó que "el principal riesgo de la Argentina está asociado con factores externos, básicamente la influencia de Brasil y el nivel de las tasas de interés internacionales".
Reportaje a Jorge Campbell, de Cancillería
La relación con Brasil tiene costos pero también beneficios: según el funcionario, es una red de seguridad más fuerte para enfrentar las crisis
Qué cambia en la agenda regional que el presidente de los Estados Unidos no cuente con el "fast track" (vía rápida para acuerdos comerciales), al menos hasta el año próximo?
-Esta situación tiene varios resultados. Esto no va a modificar la agenda que teníamos de acá a abril y que culmina con el encuentro de los 34 presidentes en Santiago de Chile. Lo que sí hay que admitir es que la no existencia del fast track para el Ejecutivo norteamericano cambia el momentum de la negociación.
-¿Entonces esto no se cerraba en abril?
-No, en abril se iba a lanzar el propio proceso de negociaciones que iba a terminar en el 2005, con la instalación del ALCA (Asociación de Libre Comercio Americana). Este período parece muy largo, y quizás los operadores económicos no le prestan atención, pero la verdad es que se está discutiendo cuál va a ser el mapa de empresas y de actividades económicas del 2005 en adelante. Aquí comienza el tema bajo análisis. No es Estados Unidos que quería una zona de libre comercio. Son 34 países de América que desean esto.
-¿Esto beneficia o no a la Argentina?
-No, porque todos queremos tener este proceso de negociación. El Mercosur, a pesar del escepticismo de muchos analistas, es una actor importante e interesado en el propio proceso del ALCA. Un segundo análisis es que hay ciertos temas que estaban en la agenda del ALCA y que no necesitan el fast track americano para ser negociados. Por ejemplo, propiedad intelectual, compras gubernamentales, comercio electrónico. Una de las posibilidades es que perdamos un espacio multilateral para negociar todo junto, y que ahora comencemos a recorrer caminos bilaterales o temáticos. Eso sí perjudicaría uno de los objetivos centrales que tuvo el Mercosur en el proceso de negociación, que es negociar todo junto y al mismo tiempo. Una de las cosas en las que hay que estar muy atento es que la ausencia del fast track lleve a algunas partes de la administración americana a avanzar muy rápidamente en algunos temas que ellos tienen más interés y no necesitan aquella herramienta.
-Daría la sensación de que ahora Estados Unidos en algunos temas va a querer ir más rápido y en otros tiene menos para ofrecer.
-Claro. El Ejecutivo americano estuvo negociando con el Congreso para conseguir acuerdos con los productores de maní, de trigo, en todos los sectores del campo agrícola, que es donde el Mercosur y en especial la Argentina más énfasis ponen en la negociación, es dónde más resistencia había, del tipo proteccionista o defensivo. Esto demuestra la dificultad que iba a tener la negociación en los temas que a nosotros nos interesan.
-¿No lo favorece al Mercosur para consolidarse en este camino hasta que Estados Unidos esté un poco más ordenado y pueda sentarse a negociar?
-Hay un análisis muy obvio que termina no siendo bueno, y que es el que sostiene que al Mercosur le conviene primero consolidarse y después sentarse a negociar. Al Mercosur le conviene avanzar simultáneamente en su proceso de profundización y en la negociación del ALCA. Porque aunque parezca extraño, la propia agenda externa es la que lo obliga a seguir profundizándose. Hay un tercer argumento, y es que en esta crisis quedó demostrado que aquellos países que tienen su economía real estable y un proceso de integración que les da mayores redes de seguridad, están mejor preparados para enfrentar la crisis.
-Al menos en la coyuntura, daría la sensación de que profundizar el Mercosur significa pegarnos a Brasil, y que si Brasil entra en crisis por un ajuste de diferentes tiempos con la Argentina, termine perjudicándonos...
-Las preguntas del tipo: ¿es conveniente o inconveniente el vínculo con Brasil? no sirven para nada, porque es absolutamente inevitable, una vez que la Argentina decidió ser un país abierto, tiene un socio al lado que se llama Brasil. ¿Cuál es la mejor manera de vincularnos con este país grande? Mientras más integrados estemos, mejor.
-Con todos los costos que pueda tener en el corto plazo...
-Los costos no son evitables de ninguna manera, y están todas las ventajas que sí son el rédito de la integración. Se habla de la brasildependencia, mientras que en la realidad a Brasil le exportamos sólo el 30 %, o sea que el 70% se va a otro lado. Ese 30%, gracias a que lo exportamos a Brasil, ahora está en mejores condiciones de ser exportado al mundo. La empresa argentina ganó competitividad a través del ejercicio de integrarse. Lo cierto es que si baja la actividad económica en Brasil, eso afecta a la Argentina. No hay que hacer una lectura muy lineal. Si un paquete lanzado por un gobierno que demuestra firmeza para enfrentar una crisis, aunque técnicamente parezca recesivo, termina siendo expansivo porque cambió las expectativas. Al cambiar las expectativas el inversor no se va y el país aumenta su capacidad de actuar.
-Hay especialistas que afirman que el paquete de medidas de Cardoso es insuficiente. ¿Cuál es su opinión?
-No es mi área de competencia y es muy rápido para evaluarlo. Lo que está demostrando Brasil es que va a tomar esta y todas las medidas que sean necesarias para defender la estabilidad. La defensa de la estabilidad brasileña es buena para ellos y para nosotros.






