Acuerdo Mercosur-UE: enorme desafío
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Tras mas de 25 años de negociación, pasado mañana se firmará el acuerdo de libre comercio entre el el Mercosur y la Unión Europea.
Se trata de un convenio que crea un nuevo espacio que incluye a más de 780 millones de habitantes y representa cerca de 25% del PBI global, constituyéndose así en la mayor zona de libre comercio del mundo. El acuerdo, estructurado sobre la base de tres pilares -comercio, diálogo político y cooperación- elimina en forma progresiva más del 90% de los aranceles, reduce barreras no arancelarias y armoniza normativas en áreas claves para el desarrollo y progreso de 31 países. Además, introduce modernas y eficientes cláusulas de sustentabilidad bajo el Acuerdo de París, así como de protección de derechos laborales alineados con los principios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Si bien para muchos de los habitantes que conforman este nuevo espacio económico, la lentitud del proceso y ciertas insatisfacciones sobre los resultados son datos inobjetables, ello no debe restar mérito frente al inusual momento de la firma, que requiere de un abordaje tanto económico-financiero como político-estratégico.
Tanto el Mercosur como la Unión Europea encuentran su génesis histórica en la convicción de que la unión, la integración y la cooperación entre los países y bloques es esencial para el bienestar de los pueblos y estabilidad del sistema global y, por lo tanto, su respectiva arquitectura institucional debe basarse en el respeto al libre comercio, la protección y promoción de los derechos humanos, el cumplimiento de las normas y principios del derecho internacional, la Carta de la ONU, la vigencia de las instituciones democráticas y del Estado de Derecho, y en el goce y disfrute de las garantías fundamentales. En un mundo donde los conflictos aumentan, la cooperación disminuye, el armamentismo avanza desplazando la concordia, la integración se diluye ante los soberanismos identitarios y las doctrinas unilaterales renacen, este entendimiento va más allá de lo meramente comercial y financiero: debe ser abordado como un instrumento que siente las bases para una relación estratégica entre dos bloques democráticos y amantes de la paz, basada en una comunidad de valores profundamente humanistas y modernos.
Seria absolutamente incompleto y disfuncional limitar la proyección del acuerdo a un mero debate cuantitativo y transaccional. Sin dejar de resaltar la importancia de la defensa de los productos y todas las materias tangibles, su solidez y perdurabilidad futura dependerá de los intangibles y de aquellas instituciones invisibles, tales como la confianza y la legitimidad.
Un acuerdo no puede reducirse a meras formulas en tinta, a algoritmos en apps o a expresiones en redes sociales. Su implementación positiva y eficiente, y su ejecución dependen en gran medida de la confianza que inspire y de su legitimidad en el tiempo: que todas las partes sigan considerándolo útil y beneficioso. Por ende, constituye solo el primer eslabón en la obra de ingeniería de sus firmantes.
De ahí en más los gobernantes, y muy particularmente la dirigencia política en general, deberán asumir la responsabilidad histórica de mantener el compromiso con su plena implementación y en defensa de un orden global que permita su permanencia y efectividad.
No debe dejar de señalarse que el camino no será ni corto ni sencillo. Hoy nuestro gobierno emite señales claras de un alineamiento estratégico con los Estados Unidos. Habrá que ver entonces cómo se compatibiliza ese vínculo con los intereses de la UE. Por otro lado, no es una novedad que el Mercosur ha perdido mucho de su sentido original, con complejas realidades políticas de sus socios que, muchas veces, han provocado más alejamientos que vínculos estables. Es de esperar que este nuevo convenio ayude a mejorar el panorama regional.
En una era signada por unilateralismos, cuestionamientos a la diplomacia multilateral, aplicación de medidas económicas unilaterales coercitivas y regreso del arcaico paradigma de que el poder es fuerza, 31 países dan un ejemplo de civilidad y cooperación internacional.

