
Agua, un bien preciado y escaso
Hay que aumentar la conciencia sobre este recurso, pues en el mundo aún hay 2600 millones de personas que carecen de él
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El agua es un bien esencial para la vida y su acceso es un derecho humano reconocido por la comunidad internacional. Sin embargo, es un bien escaso y, por eso, cada gota cuenta. Los datos reflejan esa situación de escasez. A pesar de que tres cuartas partes del planeta están cubiertas por agua, sólo el uno por ciento es agua potable, disponible en ríos, lagos y corrientes subterráneas. El 97 por ciento es agua salada y el 2 por ciento restante se encuentra helada. Lo que significa que nos encontramos con un recurso escaso, sobre todo porque puede ser agotado y su distribución es irregular dependiendo de los climas y de las lluvias. La situación se complica con el cambio climático, una realidad cada vez más alarmante que demanda acciones inteligentes e inmediatas que permitan sobrellevar sus efectos.
Además, las probabilidades de encontrar este indispensable recurso sin contaminar son remotas y su potabilización es un proceso caro y no siempre al alcance de todos, en especial en países en vías de desarrollo.
Las ONG de ayuda humanitaria fijan en 15 litros diarios la cantidad mínima de agua para comer, beber y lavar. A pesar de los compromisos adquiridos en el contexto de los Objetivos del Milenio (ODM), el avance que se ha conseguido en la cobertura de los servicios de abastecimiento y saneamiento no es suficiente: actualmente una de cada seis personas no accede al agua potable y dos de cada cinco carecen de saneamiento adecuado.
Por consiguiente, uno de los mayores retos que afronta la humanidad es mejorar la calidad de la vida de 2600 millones de personas que no tienen acceso al agua saneada.
La falta de un saneamiento adecuado, que afecta en pleno siglo XXI el equivalente al 41 por ciento de la población mundial, es una grave amenaza para la salud y una ofensa a la dignidad humana, según recordaron la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). De esta cifra, 980 millones son menores de 18 años, y 280 millones de ellos tienen menos de cinco años, lo que hace de la infancia uno de los sectores más amenazados. En efecto, todos los días, 3800 chicos mueren por enfermedades asociadas a la falta de agua potable y de saneamiento, a la vez que se frena el potencial de aprendizaje de más de 150 millones.
Por otro lado, el Banco Mundial calcula que cada año 900 millones de personas sufren de enfermedades diarreicas relacionadas con el agua, y que debido a su escasez mueren aproximadamente cinco millones de personas por año, diez veces más que las que mueren en guerras cada año.
Hoy se celebra el Día Mundial del Agua, y la ocasión resulta propicia para resaltar la necesidad de aumentar la conciencia colectiva sobre la importancia de la utilización y de la ordenación de los recursos de agua dulce para lograr el desarrollo sostenible, así como la profundización de programas y actividades educativas que fomenten su aprovechamiento. En este sentido, recientemente destacamos en estas columnas el valioso ejemplo del sindicato de los encargados de edificios, que puso en marcha una práctica forma de ahorrar agua.




