Boleta única: el tiempo apremia
Las legislaturas de las 15 provincias en mora deberían acelerar el paso para contar con un sistema electoral que ha dado claras muestras de efectividad y transparencia
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La Red de Acción Política (RAP) acaba de formalizar una convocatoria que debería ser analizada con celeridad por las 15 legislaturas provinciales que aún no adoptaron la Boleta Única como sistema de elección. Hasta el momento, 189 dirigentes de diversos partidos y distritos vienen reclamando ese cambio tan necesario como urgente.
No es una propuesta partidaria. Tampoco una discusión teórica. La Boleta Única ya se utiliza en buena parte del país, tanto en su versión papel como electrónica, habiendo sido utilizada por primera vez en una elección nacional en 2025.
La experiencia demostró que el cambio era posible. Los argentinos pudimos votar con un instrumento nuevo, sencillo y común para todas las fuerzas políticas. El escrutinio se realizó con normalidad y no hubo denuncias por robo de boletas.
Después de tantos años de discusión, hay una conclusión que resulta difícil de ignorar y es que la Boleta Única funciona perfectamente.
Con el sistema tradicional, los partidos deben garantizar la presencia de sus boletas en cada mesa. Allí aparecen los faltantes, el robo, la manipulación de los electores, la necesidad de fiscalización permanente y una logística costosa que poco tiene que ver con el acto esencial de votar.
La Boleta Única cambia esa lógica. El Estado entrega al ciudadano un único instrumento en el que están todas las alternativas electorales. Nadie puede impedir que una opción esté disponible. Otras ventajas concretas para su implementación son las siguientes:
- Garantiza transparencia: se reducen las posibilidades de faltantes y sustracción de papeletas.
- Determina una mayor equidad, por cuanto las agrupaciones compiten en condiciones materiales más parejas.
- Evita el clientelismo, eliminando mecanismos de control territorial asociados a la distribución de boletas.
- Disminuye marcadamente el impacto ambiental al reducir el consumo de papel, tinta, energía y recursos logísticos.
- Su gasto es menor, pues se evita la impresión y distribución masiva de boletas partidarias.
La Boleta Única ya no necesita ser defendida como algo novedoso. Tiene antecedentes, resultados y experiencia acumulada. Lo que corresponde ahora es completar el proceso
La sociedad, además, ya ha hecho su propia evaluación. Las encuestas citadas por RAP muestran un respaldo amplio a la Boleta Única. En Santa Fe, más del 80 por ciento de los consultados manifestó preferirla. En mediciones nacionales, más del 70 por ciento valoró sus beneficios y en la provincia de Buenos Aires, después de haber votado con ambos sistemas, casi dos de cada tres personas expresaron su preferencia por la Boleta Única. Son encuestas diferentes y deben ser leídas como tales, pero hay un dato común que merece atención y es que el sistema cuenta con un respaldo ciudadano considerable.
Por eso también importa quiénes están haciendo ahora el reclamo. Casi 200 dirigentes de distintos partidos se pusieron de acuerdo en una cuestión institucional. Este entendimiento resulta especialmente valioso en un escenario en el que tantas veces resulta difícil construir consensos básicos. Quienes quieran adherir a la iniciativa pueden hacerlo a través del enlace s.wati.io/f62pfj difundido por la RAP.
El calendario ofrece, además, una oportunidad excepcional, ya que 2026 es un año no electoral. Las provincias que todavía no adoptaron la Boleta Única tienen tiempo para discutir sus leyes, estudiar las experiencias existentes, resolver cuestiones técnicas y preparar a la ciudadanía. Esperar hasta el año electoral sería desperdiciar otra vez ese margen.
La discusión tampoco debería reducirse a una pelea entre papel y tecnología. Lo fundamental es que el Estado garantice a todos los ciudadanos un instrumento de votación seguro, transparente y accesible. Cada provincia podrá definir luego cuál es el formato que mejor se adapta a sus características.
La Boleta Única ya no necesita ser defendida como algo novedoso. Tiene antecedentes, resultados y experiencia acumulada. Lo que corresponde ahora es completar el proceso. La convocatoria de RAP merece ser acompañada. El instrumento con el que se vota debe dejar de depender de las estructuras partidarias para pasar definitivamente a manos de los ciudadanos.
