
Clientelismo y universidades
Los favores políticos acompañan la creación de nuevas casas de altos estudios que nada tienen que ver con las necesidades académicas
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La creación de la mayoría de las nuevas universidades nacionales durante el kirchnerismo constituye otro nada sospechoso ?boom, porque a las nueve surgidas a partir de 2007 se sumarán otras seis. Si este aparentemente alentador crecimiento obedeciera a genuinas necesidades de formación profesional en diversas regiones del país nada habría que objetar, pero, según especialistas, en varios casos, además de la falta de planificación, es más que evidente que han privado razones políticas e ideológicas por encima de las académicas, es decir, favorecer a figuras del Gobierno y a algunos de sus punteros.
Uno de los aspectos más objetados es que las nuevas casas de estudio compartirán el presupuesto con las universidades ya existentes, y por lo tanto éstas se verán perjudicadas y sus ingresos, licuados. En el presupuesto para 2015, ya aprobado en la Cámara de Diputados, las nuevas universidades creadas en los últimos años dispondrán, en promedio, de 235 pesos por alumno, mientras que a la UBA, la más grande del país y la que cuenta con la mayor cantidad de alumnos, esto es, 351.200, sólo le corresponderán 52 pesos por cada uno de ellos. En cambio, la de Moreno, por ejemplo, recibirá 301 pesos por alumno, casi seis veces más que la UBA. La del Chaco Austral, con 2639 alumnos, tendrá el año próximo un presupuesto de 118,9 millones de pesos. Era la sede que tenía en Resistencia la Universidad de Corrientes y que fue convertida en universidad nacional. Como rector, asumió por un tiempo un ministro del gabinete provincial del ex gobernador y actual jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
Las nuevas universidades propuestas son la de los Comechingones, de San Luis; la de Alto Uruguay, de Misiones; la de Rafaela, de Santa Fe, y las bonaerenses Guillermo Brown, de Almirante Brown; Raúl Scalabrini Ortiz, de San Isidro, y la de Hurlingham. Además, dos provinciales –la de Ezeiza y la Pedagógica– podrían obtener su nacionalización.
La creación de nuevas universidades corresponde al Congreso, y allí, dos comisiones de la Cámara de Diputados autorizaron el surgimiento de las seis nuevas casas de estudio. Entre las voces que pusieron serios reparos estuvo la de Federico Pinedo, jefe del bloque de Pro en la Cámara baja, quien, además de cuestionar la merma de fondos para las universidad más antiguas, sostuvo que "lo importante no es que cada puntero político tenga su universidad, sino que los alumnos tengan acceso a una educación universitaria de calidad".
La mención de punteros alude al caso del ministro de Capitanich; a la Universidad del Oeste, dirigida por un hijo del intendente de Merlo, y al impulsor de la futura Universidad de Hurlingham, un secretario del vicepresidente Amado Boudou, que pretende ser intendente. Debe agregarse que varias universidades del conurbano han sido beneficiadas con cuantiosos fondos estatales para realizar sospechosas contrataciones directas.
La generación de nuevas universidades, como señalamos desde estas columnas, obedece efectivamente a razones e intereses políticos o ideológicos, y significará una nueva y gravísima señal de la degradación de la educación en el país y su mal uso como herramienta de proselitismo nada menos que en el plano de la formación de profesionales. No se estará entonces cumpliendo con los requisitos académicos indispensables al proyectarse y aprobarse algunas de las nuevas universidades. En una palabra, la calidad académica de sus planes de estudio, y por carácter transitivo, la solidez de los conocimientos de los profesionales que de ellas egresen, con los riesgos que esto representa para la sociedad, seguirán decayendo.
Existe en trámite un pésimo antecedente. El Poder Ejecutivo envió al Congreso el proyecto para estatizar la Fundación Universidad de Madres de Plaza de Mayo, que ya se aprobó en el Senado con 39 votos a favor y 23 en contra en mayo pasado. El oficialismo contó allí con el apoyo del peronismo disidente, inadmisiblemente alineado por un mezquino toma y daca con los hermanos Rodríguez Saá, luego de que se aprobara la creación de la Universidad de Comechingones, en San Luis.
El proyecto prevé la creación del Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos Madres de Plaza de Mayo, en la órbita del Ministerio de Justicia, y transfiere la universidad de la fundación. Como se recordará, esta fundación protagonizó escandalosas estafas con fondos estatales destinados a la construcción de viviendas sociales. También contempla la formación de un consejo supervisado por el Gobierno para definir "el marco filosófico y conceptual" del instituto, y habilita al Ejecutivo a asignar una partida presupuestaria para afrontar los gastos. Estos puntos son algunos de los que más críticas generaron desde la oposición debido a la insostenible situación financiera de la Fundación, que debe más de 200 millones de pesos.
En una palabra, la creación de esa universidad carece de toda lógica académica y sólo responde, una vez más, a una necesidad política o ideológica: enmascarar un escándalo y diluir la quiebra de una fundación tan ligada a la esencia de lo que constituye el kirchnerismo: relato y corrupción.
Si ésa es la función que el Gobierno otorga a la educación superior, la de mera pantalla y elemento encubridor, no debe llamar la atención el abrupto descenso de la calidad de nuestra enseñanza que, lamentablemente, ha hecho caer al país numerosos puestos en la escala mundial de excelencia.




