
Educación: ¿seguir nivelando hacia abajo?
Las tomas de los colegios dependientes de la UBA por estudiantes reinstalaron los temores sobre un cada vez más oscuro horizonte educativo
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El Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dispuso finalmente enviar al Colegio Nacional de Buenos Aires, a la Escuela Comercial Carlos Pellegrini y a la Escuela Agrotécnica el proyecto de modificación del régimen de evaluación y promoción de esas instituciones preuniversitarias, a fin de que se lleve a cabo un debate amplio.
La principal innovación que se propicia es que los alumnos puedan mantener su regularidad aunque adeuden hasta dos materias previas, en vez de una, como era tradicional. En el caso de aprobarse, el régimen de los colegios indicados sería semejante al que rige en los colegios secundarios del país. Además, el proyecto contempla dejar sin efecto, desde 2016, los sistemas de apoyo a los alumnos libres, que en la práctica les permiten cursar como oyentes aunque adeuden hasta tres materias previas.
El inicio de la semana se vio alterado cuando los alumnos del Nacional de Buenos Aires y del Comercial Pellegrini tomaron esos institutos en abierto rechazo a la reforma en trámite, que calificaron como la implementación de una "política expulsiva" e inconsulta, que sólo amparaba a una minoría.Los promotores del proyecto, pese a estimar la ocupación como "una extorsión", aceptaron el envío de la iniciativa a los colegios para su debate.
Una vez más, la educación argentina queda presa de una discusión en la que se busca dilucidar si hay o no hay que seguir nivelando hacia abajo. Como hemos señalado en otras ocasiones, el mérito, el esfuerzo y la contracción al estudio son valores fundamentales para el desarrollo de una cultura del trabajo tan necesaria en la Argentina, al tiempo que nivelar hacia abajo siempre ha dado y seguirá dando muy malos resultados.
El rector del Nacional de Buenos Aires, Gustavo Zorzoli, formuló críticas al sistema de apoyo a los alumnos libres y señaló que el régimen con el cual se proponía innovar significaba borrar un límite que marcaba un nivel de exigencia que prestigiaba a los colegios. Un dato de otro carácter, pero importante de considerar, es que el rector permaneció durante la noche en el colegio tomado, con el fin de evitar hechos deplorables como los producidos en una ocasión cercana, cuando algunos estudiantes profanaron la vecina iglesia de San Ignacio.
Los alumnos de este establecimiento hicieron conocer al rector las condiciones en que levantarían la toma del instituto. Reclamaron la firma de un acta por la cual las autoridades se comprometían a no sancionarlos; que se autorizaran asambleas para discutir el problema; que se adelantaran las jornadas institucionales previstas por el Consejo Superior para el debate, y que no se computara como falta la futura marcha que habrán de realizar cuando se vuelva a debatir el proyecto.
Estas exigencias ponen de relieve la difícil convivencia entre autoridades y alumnos, en tanto los estudiantes que conducen los reclamos buscan imponer conductas y liberarse de eventuales sanciones. Lejos de plantear de modo lógico la cuestión, con reconocimiento de las partes que intervienen y la función que cumplen, se refleja una actitud desbordada que anula cualquier debate. ¿Es posible debatir racionalmente en esas condiciones?
No parece que las ingratas experiencias de tomas anteriores hayan dejado enseñanzas. Si no se aprende a cumplir en los años del secundario con elementales formas de trato y consideración, si no se respeta el principio de autoridad, el futuro se oscurece. Es muy necesario que docentes y padres cooperen en hacer reflexionar a los jóvenes sobre los problemas que enfrentan y las palabras que emplean.




