El combate contra la mafia aduanera

Para enfrentar delitos de contrabando y asociación ilícita, la Aduana debe reducir la discrecionalidad sin resignar capacidad de control
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23 de mayo de 2019  

Acasi nadie sorprende que exista una causa judicial conocida como "la mafia de los contenedores", en la cual hay decenas de empresarios y exfuncionarios de la Aduana procesados por los delitos de contrabando y asociación ilícita. Es que, desde hace muchísimo tiempo, anida en la sociedad la percepción de que la corrupción está enquistada en ese organismo.

La referida causa judicial, a cargo del juez en lo penal económico Marcelo Aguinsky, se inició, a instancias de la Subdirección General de Auditoría de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), con una presentación de la Dirección General de Aduanas ante la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac). El expediente ya supera los 253 cuerpos y el embargo trabado sobre los bienes de los acusados ronda los 3900 millones de pesos.

Como informó LA NACION, por lo menos desde 2014 -aunque se estima que desde mucho antes-, se venía repitiendo una maniobra mediante la cual contenedores provenientes de China llegaban a la Argentina con varias toneladas de tela y otros productos textiles. Pero, a través de documentación apócrifa, los datos de esas cargas se alteraban, se hacían pasar por productos y artículos de escaso valor, con el propósito de que pagaran aranceles aduaneros muy inferiores a los que correspondían.

Entre los citados a prestar declaración indagatoria por el juez se encuentran los máximos jefes aduaneros durante la gestión de Ricardo Echegaray al frente de la AFIP. Son ellos Daniel Santanna, Edgardo Paolucci y Eduardo Bernardi, quien fue jefe de la Aduana de Buenos Aires y a quien, durante un allanamiento, se le secuestraron 500.000 dólares que se hallaban en una bolsa.

Frente a delitos cometidos en las últimas décadas que se agravaron en la anterior gestión, la Aduana debe reducir la discrecionalidad y beneficiar a los operadores del comercio exterior sin resignar capacidad de control. Si bien se avanza en la elaboración de un proyecto de nuevo Código Aduanero, está comprobado que es factible también mejorar procedimientos e infraestructura sin necesidad de reformar dicho código.

En tal sentido, reconocidos especialistas en derecho aduanero consideran que, para hacer más eficientes y transparentes los procedimientos operativos y legales que se desarrollan en el ámbito de la Dirección General de Aduanas, es imperioso avanzar hacia procesos de informatización de trámites que impidan, o al menos dificulten, cualquier potencial ejercicio inadecuado de las facultades de los funcionarios en cuanto a plazos o requerimientos arbitrarios. Acotar la discrecionalidad y las prácticas corruptas implica reducir las gestiones personales, tal como propone el sistema de Ventanilla Única Electrónica del Comercio Exterior. Existen 319 trámites que corresponden a operaciones de comercio exterior de 30 dependencias gubernamentales de distintos organismos. De esa cifra, 301 ya se han digitalizado. De esta forma, la Aduana se integra para agilizar controles y tener sinergia con otras áreas del gobierno; deja así de ser un compartimiento estanco.

La automatización facilita la trazabilidad de los procesos, al tiempo que permite auditar y medir la gestión, incluso en tiempo real. También disminuye la posibilidad de que se apliquen criterios dispares en casos similares y la eventual alteración de turnos y órdenes preestablecidos.

La informatización de los datos recibidos previo al ingreso de la mercadería por distintas vías (marítima, fluvial, aérea) es uno de los ejes fundamentales de los proyectos de reingeniería aduanera. Ya sea mediante manifiestos de carga digitales o aplicaciones, la Aduana puede así armar modelos útiles a la hora de intensificar un control o facilitar una operación de comercio exterior, gestionando de forma inteligente el riesgo.

En la actualidad los procesos aduaneros sufren sensibles demoras que a nadie convienen. En este sentido, los cambios normativos se han dirigido a adecuar reglas obsoletas para mejorar la performance de los canales de selectividad. En 2015, el 78,8% de las cargas se liberaban dentro de las 48 horas; hoy ese porcentaje llegó al 92,3%.

La adquisición de infraestructura moderna para el control es otro eje central. Se procedió al reemplazo de tecnología obsoleta incorporando elementos no intrusivos para escaneos, que permitirán hacer un seguimiento de los contenedores y asegurar la integridad de la carga. Como parte del plan estratégico ya en ejecución, se destinaron 25 millones de dólares - la mayor inversión de los últimos 10 años - a incorporar 38 nuevos equipos de control no intrusivos entre 2019 y 2020. El objetivo es controlar el 100% de los flujos considerados de alto riesgo. Una de las novedades es la incorporación del primer tomógrafo en la historia aduanera para detectar, de manera automática, sustancias prohibidas, sumando así los valiosos aportes de la inteligencia artificial al servicio de los controles. La modernización incluye asimismo equipos de escaneo y contenedores del tipo Arco Gantry, que permiten aumentar la calidad y velocidad del escaneo, llevando de 20 a 100 la cantidad de camiones verificados por hora. Se aumentó también la provisión de cámaras en un 65% y los nuevos convenios han servido para integrar a la Aduana con aquellas de los organismos de seguridad.

El contrabando continúa siendo un delito de gravedad preocupante que, en los casos más sonados, incluye connivencia de funcionarios, no solo de algunos agentes aduaneros, sino también de fuerzas de seguridad e inteligencia. Minimizar las probabilidades de que ocurran delitos exige actuar con inteligencia, entendida como el análisis sistemático de datos y antecedentes, y la cooperación entre fuerzas locales y autoridades extranjeras. Estas acciones deben combinarse con el inexorable control en la plaza local, habida cuenta de que la otra cara del contrabando es el comercio clandestino de los elementos ingresados en forma ilícita.

Avanzar tanto en la "desburocratización" como en la informatización de las gestiones es clave. Imponer semejante cantidad de trámites a quien desea hacer las cosas como corresponde genera enormes costos para importar y torna tentador y ventajosa la hipótesis de contrabandear. Simplificar, transparentar, informatizar y tecnificar trámites y procesos es fundamental. Abrirse comercialmente al mundo demanda también adaptarse a nuevas necesidades y parámetros. Debe celebrarse que la actual administración aduanera trabaje en esa dirección.

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