
El debate sobre la tarea escolar
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Todo parece cambiar, hasta los más tradicionales criterios educativos. Por ejemplo, el que se refiere a la tarea escolar para hacer en la casa. Tanto padres como expertos en educación comienzan a preguntarse ahora hasta dónde es tan beneficioso que, después de una jornada de doble escolaridad, los chicos continúen con la exigencia de hacer deberes en su hogar.
Claro que las opiniones difieren según el punto de vista de los pedagogos y también de las circunstancias particulares de los educandos y las escuelas a las que concurren. Un niño con doble escolaridad por fuerza ha de tener un tiempo libre bastante reducido como para cumplir con más tareas extras. Tampoco se trata de que los alumnos realicen en sus casas ejercicios o trabajos que deberían haber hecho en el ámbito adecuado, que es el escolar, con el apoyo de sus maestros o profesores, y no el de sus padres, aunque está bien que éstos ejerzan su natural control sobre las actividades escolares de sus hijos.
¿Cuál es la medida justa? Hay posiciones encontradas. Así, para el reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci, la utilidad educativa y didáctica de los deberes es casi nula y, a veces, contraproducente, cuando les resta a los niños su tiempo de juego, vital para el desarrollo armónico del ser humano, sobre todo en los primeros años de vida. Y algo parecido plantea el educador norteamericano Alfie Kohn, quien niega que las tareas en casa enseñen buenos hábitos de trabajo o fortalezcan la autodisciplina y la independencia del alumno, sobre todo si éste no entiende lo que está haciendo y no tiene a quién recurrir.
Lo cierto es que, probablemente, la verdad esté en el justo medio, como decía Aristóteles. En estos temas, no se debería, por otra parte, caer en generalizaciones injustas. Quizá para los niños de la escuela primaria no existan definitivamente ventajas comprobables entre el tiempo y la cantidad de deberes que hace un alumno y el rendimiento en el aprendizaje, sobre todo si, además, esos mismos chicos después tienen que cumplir con otras actividades, como ir a aprender guitarra, otros idiomas o natación, o a practicar algún deporte. En la escuela secundaria, estaría más justificado hacer, por ejemplo, una investigación sobre un tema en particular o un trabajo en equipo donde los alumnos puedan compartir entre ellos distintos roles y responsabilidades.
Finalmente, en lo que sí coinciden todos los especialistas es en que tanto maestros como padres deben trabajar juntos para acompañar en todo momento el proceso de aprendizaje de los niños y adolescentes, ya sea en el aula, ya sea en la casa, para que éstos experimenten el placer de aprender de una manera activa, quizá la única manera de fijar bien los conocimientos.


