
El gabinete de Kirchner
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Si bien es prematuro emitir un juicio definitivo sobre los ministros que acompañarán a Néstor Kirchner en la conducción de la Nación sin conocer más que pequeñas pinceladas de sus planes de gobierno, la primera impresión acerca de las designaciones anunciadas ayer por el presidente electo es que estamos ante un gabinete con luces, sombras y algunas incógnitas que el tiempo esclarecerá.
Un análisis de la composición del gabinete revela la influencia del sector duhaldista, en virtud de que cuatro ministros del actual gobierno nacional continuarán ocupando carteras. Otras cuatro carteras estarán en manos de personas vinculadas con la administración provincial de Kirchner; dos independientes completarán la decena de ministerios.
En el equipo de colaboradores del próximo jefe del Estado sobresale la presencia de Roberto Lavagna, que a la cartera de Economía ha sumado la esfera de Producción. Su continuidad -descontada desde hace tiempo- puede ser una señal de previsibilidad en nuestro horizonte económico. Sin embargo, es preciso señalar que el titular del Palacio de Hacienda no podrá seguir dilatando indefinidamente la resolución de muchos de los problemas que, paradójicamente, heredó de su propia gestión actual durante la presidencia de Eduardo Duhalde. Entre otros, la renegociación de la deuda con los acreedores privados, el esquema para la renegociación de contratos con las empresas de servicios públicos privatizados y la recomposición de tarifas.
Es de esperar que la creación del Ministerio de Planificación e Inversión, a cargo de Julio de Vido, que se concentrará en el ambicioso plan de obras públicas anunciado no genere, como en otras ocasiones, las clásicas rispideces con el Palacio de Hacienda por la distribución y administración de los recursos. Será necesario, en tal sentido, establecer claramente las prioridades y analizar pormenorizadamente la procedencia de los fondos para las obras proyectadas sin incurrir en lamentables excesos que hagan descuidar el necesario equilibrio fiscal.
En el mismo sentido, cabe aguardar que Alicia Kirchner, desde el Ministerio de Desarrollo Social, revele la suficiente capacidad e idoneidad para manejar un presupuesto altísimo, comparado con el que administraba en la provincia de Santa Cruz en un área semejante.
Un interrogante que surge a primera vista es si se habrá acertado con el lugar elegido para cada colaborador. Ha extrañado en distintos círculos, tanto políticos como diplomáticos, la designación del reconocido jurista Rafael Bielsa como futuro canciller y de Gustavo Beliz para manejar el área de Justicia, al margen de que ésta se hallará fusionada con la de Seguridad, una cuestión en la que el representante del partido Nueva Dirigencia ha trabajado activamente con motivo del desarrollo de programas contra la inseguridad en la ciudad de Buenos Aires.
Es elogiable la designación de Daniel Filmus al frente del Ministerio de Educación y Cultura. Se trata de una figura con gran solvencia técnica y una rica experiencia en el ámbito de la Capital Federal. Cabe esperar que su feliz confirmación vaya acompañada por un respaldo amplio a la idea de convertir a la educación en una auténtica política de Estado, despojada de cualquier lucha entre fracciones.
En esta columna hemos señalado que la gestión de la cosa pública requiere de administradores eficientes, capacitados para gerenciar el bien común y para responder con imaginación y creatividad a las postergadas demandas de la sociedad. Para cumplir este cometido es menester formar un gabinete integrado por figuras de gran prestigio, elegidas por sus probados méritos personales y no por su militancia partidaria.
Algunas designaciones han despertado objeciones frente a ese último precepto. No obstante, es oportuno concederle al presidente electo un crédito, a la espera de que sus colaboradores puedan exhibir la idoneidad técnica y moral necesaria para una administración eficiente y creativa, además de la debida amplitud de criterio para buscar consensos duraderos.


