El juez y El rincón del vago

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28 de diciembre de 2006  

Si el juez que investigó la voladura de la fábrica militar de Río Tercero, Diego Estévez, hubiera leído la tercera acepción de la palabra "vago" en el Diccionario de la Real Academia Española tal vez no habría consultado el sitio de Internet El rincón del vago para conocer la fórmula del TNT. "Holgazán, perezoso, poco trabajador" es la definición atribuida a ese término, que el ideario popular identifica claramente con quienes, en el caso de ciertos estudiantes, buscan todo cuanto esté a su alcance para eludir el esfuerzo que requiere alcanzar el objetivo por medio del trabajo y el estudio.

Aquel sitio les resuelve los problemas a estos estudiantes que buscan en Internet zafar de sus tareas escolares. Su nombre es una definición en sí misma, pues trata de auxiliar a quienes buscan que les sean resueltos en forma rápida y sin mayores esfuerzos los problemas que se les proponen en sus escuelas.

Tomó estado público porque el juez Estévez, quien investigó el episodio de la voladura del arsenal de Río Tercero, afirmó que había recurrido a esa fuente para buscar argumentos en favor de su posición, que sostiene la hipótesis del accidente y no de la acción intencional, destinada a borrar informaciones relativas a la famosa causa del contrabando de armas.

El magistrado afirmó que en ese sitio había encontrado la fórmula del trinitrotolueno (TNT), un explosivo ampliamente conocido. Cuesta entender la acción del juez por varios motivos. Uno de ellos tiene que ver con el hecho de que esa fórmula está disponible en cualquier enciclopedia de mediano tamaño, con el agregado de referencias, más o menos amplias según el caso, a sus capacidades explosivas o formas de preparación, datos todos que están muy lejos de constituir un secreto de Estado.

Si el juez se respaldó en ese sitio para enriquecer su hipótesis, deja abierto el interrogante sobre la suerte del resto de la investigación. Fue un paso poco feliz de un magistrado que desde su lugar debe transmitir el ejemplo de seriedad y esfuerzo al resto de la sociedad, sobre todo a los más jóvenes.

Cabe preguntar, por otra parte, qué papel cumple esa fórmula en el esclarecimiento de este desdichado episodio, que corre peligro de convertirse en otro de los misterios no resueltos de nuestra historia, pues la causa está muy cerca de prescribir.

Tampoco se entiende de qué manera un juez, cuya competencia básica no es la química, puede usar esa fórmula para sostener sus argumentos, oponiéndolos a los ofrecidos por especialistas de la Universidad de Córdoba cuyos peritajes aseguran que hubo una acción deliberada y no un malhadado azar.

Habría que proponerle al doctor Estévez que recurriera a otras fuentes y argumentos, sobre todo ahora que ha sido ratificado por el Consejo de la Magistratura -había sido pedida su separación de la investigación- en medio de una maraña legal bastante más intrincada que la fórmula del TNT y para la cual El rincón del vago no está en condiciones de brindar respuestas.

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