El "padrinazgo" de chicos en hogares
La esperada regulación del sistema de "familias de apoyo" deberá ahora mostrar su eficacia
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El Programa de Padrinazgo ampara a chicos menores de edad que se encuentran alojados en hogares asignados por el gobierno de la ciudad, brindándoles un "padrino" que los acompaña y contiene, aportando el afecto familiar del cual carecen. Este programa, que fue suspendido por 90 días, acaba de ser regulado con el fin de perfeccionarlo para asistir a niños y a adolescentes juntamente con quienes voluntariamente se hacen cargo de sus salidas.
Aquella prolongada suspensión que, como hemos dicho desde esta columna, pudo haberse reducido y hasta evitado, resulta ahora superada por lo que las autoridades locales prometen que será un sistema más justo de regulación de la actividad de estas "familias de apoyo", cuya loable tarea resulta invalorable para esos chicos que carecen de algo tan fundamental como la contención de una familia de sangre.
Los "padrinos" acompañan a los chicos a las reuniones de padres en los colegios, los llevan al médico, pasean con ellos los fines de semana y comparten las Fiestas y feriados. Los menores de edad apadrinados toman así contacto con las familias que los acogen creando con ellas vínculos afectivos absolutamente necesarios y enriquecedores para su sano desarrollo afectivo.
En el diseño de los nuevos lineamientos del sistema, denominado ahora "Programa de referentes afectivos comunitarios", participaron, entre otros, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del gobierno porteño, jueces y defensores nacionales de primera y segunda instancia, la Dirección General de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Social y una comisión de la Legislatura locales, la Asesoría General Tutelar y la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
¿Qué es lo que modifica este nuevo régimen? Los candidatos a apadrinar a un chico deberán inscribirse en un registro a cargo del citado Consejo para dejar expresa constancia de que no son ellos aspirantes a adoptar. Como parte de su evaluación, deberán concurrir obligatoriamente a talleres que funcionarán como reuniones explicativas del nuevo sistema y que abarcarán varios puntos de interés para el desenvolvimiento de la futura relación con el menor de edad, como los fundamentos de la mayor intervención estatal en el programa, la elaboración de duelos y las fantasías respecto de las familias de origen, entre otros.
Con el fin de limitar la manipulación, el nuevo sistema modifica tanto el procedimiento de convocatoria a los padrinos como el de selección de instituciones de alojamiento. Será a partir de ahora el gobierno porteño el que se encargue de acordar esos permisos y de controlar que se cumplan los mecanismos establecidos. Los cambios buscan evitar situaciones abusivas del pasado merced a las cuales había excesos en los tiempos que los chicos pasaban fuera de los alojamientos asignados por estar con sus padrinos, así como algunos intentos de adopción de parte de quienes se encariñaban con ellos. Oportunamente hemos criticado esa falta de control que finalmente derivó en la suspensión y replanteo del sistema.
Paralelamente, el nuevo régimen promueve que los menores de edad no pierdan el contacto con su origen, su identidad y su pertenencia, revalorizando la importancia de rescatar su propia historia y favorecer las vinculaciones con sus referentes afectivos, que también incluye a vecinos, maestros y amigos del barrio.
A partir de ahora, las defensorías zonales tendrán un papel determinante a la hora de establecer claramente las pautas del padrinazgo, monitorear las condiciones del vínculo y atender la opinión de los chicos por ser apadrinados, al tiempo que deberán consultar al registro de padrinos cada vez que se plantee la posibilidad de una vinculación. En tanto, la institución de alojamiento, mediante un informe de la situación del niño, podrá sugerir a la defensoría zonal la conveniencia de vincularlo con determinado referente afectivo.
Actualmente, y para sorpresa de muchos, hay en la ciudad unos 750 menores de edad alojados en 50 hogares. Sólo tres de ellos son manejados directamente por el gobierno porteño. El resto de los chicos están a cargo de ONG que se encargan de la atención de su esparcimiento y manutención a través de un convenio con la administración local. A cambio reciben hasta 2700 pesos mensuales, según el caso, por cada chico. Es de esperar que con el nuevo sistema queden superadas las malas prácticas de unos pocos y se consolide el beneficio que significa especialmente para los chicos vulnerables la creación y el sostenimiento de vínculos de afecto.
El sistema ha funcionado muy bien durante muchos años. La mayor participación del Estado en su control deberá ser clave para que tanto los chicos como sus generosos padrinos se sientan protegidos, asesorados y contenidos. Pero es importante evitar que la intervención del Estado y algunas de las nuevas exigencias que se plantean ahuyenten los corazones sensibles que se acercan a la niñez abandonada pues, seguramente, serán muchos los que no quieran entrar en un sistema burocrático con exigencias que pueden considerarse desmedidas. Habrá que estar atentos, pues el equilibrio entre favorecer la institución del padrinazgo y el control de los defectos del sistema no debería conducir a su destrucción. Los registros son siempre positivos, pero si están vacíos de postulantes, no sirven para nada. Y si los padrinos se extinguen, los más perjudicados resultarán, indudablemente, los niños.


