
El riesgo de enfermarse
Los resultados de una encuesta muestran la necesidad de una continua prédica para informar, orientar y promover conductas para el cuidado de la salud
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Nadie ignora que la salud es un bien de la más elevada estima, sometido al permanente riesgo de agentes infecciosos, males trasmitidos por la herencia, la alimentación desequilibrada u otros riesgos. También es indudable que los avances continuos de la medicina, la inmunidad vacunatoria o los progresos de la farmacología han permitido avanzar en seguridad y defensa de la salud. A ello se ha unido una constante información referente al cuidado sanitario que, a partir de los consejos familiares, se unió tempranamente a los aprendizajes escolares, a los conocimientos difundidos por vía mediatizadas y a las campañas de prevención que periódicamente se desarrollan.
Sin embargo, no se sabe hasta dónde alcanzan los efectos positivos en el orden práctico de todo lo que se enseña, se lee, se escucha. Sobre esta interesante cuestión, Lucas Klober, director de proyectos de Ipsos-Mora y Araujo, realizó una encuesta que alcanzó a mil entrevistados mayores de 18 años y hasta los 75, habitantes de ocho ciudades del país: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Mar del Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán y Neuquén. En principio, la mayoría de los interrogados dijo cuidarse para "mantenerse sanos", pero, a través del diálogo, se fueron decantando tres niveles previsibles de preocupación: los más jóvenes (de 18 a 29 años) que no se ocupan de su salud; los que se ocupan poco (después de los 30 y hasta los 44 años) y, por fin, los que se ocupan de atender su salud (mayores de 60 en adelante). Como es claro, la preocupación crece con la edad.
El siguiente paso de la encuesta consistió en explorar el conocimiento de los males que se podrían padecer por edad y estilo de vida. En ese punto, el 55 por ciento demostró desconocer las posibles enfermedades que podía sufrir. Desde luego, demostraron mayor conocimiento de los riesgos probables quienes tenían algún familiar cercano enfermo y ligaban su salud con esa amenaza hereditaria. De todos modos, fiados en su buena salud actual, la mayoría no asumía peligros latentes. La opinión médica es que prevalece el desconocimiento de los factores de riesgo como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, el sedentarismo, el colesterol y sólo se los descubre cuando se convierten en un problema inevitable de atender.
Otros dos aspectos de significación se vinculan con los males de la salud: el emocional y el económico, cuestiones que gravitan en las respuestas recolectadas. Mientras el 54 por ciento duda de si podrá afrontar con ánimo suficiente una enfermedad, el 61% teme no estar en condiciones económicas para sobrellevarla.
Los contenidos reseñados revelan con elocuencia la necesidad de una continua prédica por la salud que, sin estimular temores, informe, oriente y promueva las conductas que favorecen su cuidado. Por otra parte, es indispensable que la atención sanitaria crezca en extensión eficiente y se reduzca el número de los que carecen de medios para afrontar riesgos que son ineludibles.




