Fundación Discar, 30 años de incluir
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Las casualidades no existen. Cuando la sensibilidad de Victoria Shocrón le permitió registrar el atractivo que tenía para un niño con discapacidad intelectual escuchar un ritmo marcado en un balde en la playa, no imaginaba lo que hoy celebra: 30 años de la Fundación Discar (www.fundaciondiscar.org.ar).
El arte ha sido instrumento de conexión desde siempre. El ritmo y la vibración que habían sustituido a las palabras en ese primer encuentro fueron abriendo un camino de descubrimiento y fecundo trabajo que ha hecho de Discar un referente indiscutido en términos de inclusión. Lenguajes artísticos distintos, propios de las artes escénicas, visuales o expresiones literarias, jalonaron décadas de intensa labor.
Victoria arrancó con una convocatoria a docentes de música, teatro, danza y artes plásticas de calidad; armó un plantel y presentó la idea al Centro Cultural General San Martín, que le brindó su apoyo. Y una escuela de Las Cañitas prestó sus aulas. Corría el año 1991 y ese espacio se pobló de jóvenes que no encontraban cauce cuando terminaban el colegio. A los talleres de arte del comienzo sumaron formación integral junto a un equipo interdisciplinario.
El objetivo pasó también por capacitar a personas con discapacidad intelectual para que pudieran acceder a sus derechos como cualquier ciudadano, favoreciendo tanto su inclusión social como laboral. Así nacieron el programa Empleo con Apoyo (EcA) y las valiosas alianzas con empresas, una labor señera que hoy asumimos como habitual, pero que no lo era hasta hace poco. Una nueva conciencia se ha instalado, afortunadamente. Discar ha logrado la contratación de numerosas personas con discapacidad: más de 400 jóvenes y adultos se incorporaron a 35 empresas del país, en las que se desarrollan e interactúan sin limitaciones ni prejuicios. El valor de la iniciativa llevó a que algunas incluso replicaran el EcA en sus filiales de otros países y que, en 2009, el programa recibiera el Premio Reina Sofía en España.
Desarrollar y potenciar las capacidades de todos es clave. Debería ser un hecho natural que el respeto por el otro nos lleve a aceptar las diferencias en todos los planos. Mucho más cuando las personas tienen alguna discapacidad. La labor de la Fundación Discar es un claro ejemplo de cuánto se puede lograr en términos de inclusión y ejercicio de derechos desde una mirada integral, humana y amorosa. Esa misma mirada debería primar entre todos los argentinos a la hora de aprender a construir a partir de las diferencias.







