Higiene urbana, mucho por hacer
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Entre los reclamos de porteños al jefe comunal, el de la suciedad en la ciudad ocupa uno de los primeros puestos. Si bien desde 2023 no hay estadísticas sobre la calidad de los servicios, los motivos están a la vista: contenedores desbordados y rotos, escasez de puntos verdes, vandalismo, alimañas y mal olor obligan a repensar un tema que concentra casi el 25% del presupuesto de la Ciudad, sin contar salarios.
En un operativo poco frecuente, días pasados, más de 30 funcionarios porteños abandonaron sus escritorios y recorrieron los barrios para constatar la situación de la higiene urbana. Salir a relevar las calles parece más criterioso que creer que basta con planillas, rediseños burocráticos y cambios de caras en un área sensible.
El año pasado, el Gobierno porteño anunció la aplicación de multas a quienes “hurguen en la basura y dejen todo tirado en la calle”, exigiéndoles también que limpien y ordenen. Quienes muchas veces buscan allí alimentos, jamás podrán pagar una multa, menos aun considerando que los datos oficiales hablan de un aumento significativo en la cantidad de personas que viven en la calle.
De los 6000 recuperadores urbanos que prestaban servicio formal de recolección diferenciada, la mitad contaba hasta el año pasado con traslado diario financiado por el gobierno porteño. Muchos programas de cooperativas laborales, ligados a Juan Grabois y a otros cuestionables personajes, ya habían sufrido recortes durante 2024.
La pregunta sería si el gobierno local previó cómo adecuar el servicio de recolección y recuperación de residuos ante los cambios que la realidad impuso.
La labor de los vecinos es una pieza clave de la economía circular y sostenible: más basura se recicla, menos basura se transporta, con la consiguiente reducción de costos operativos y los beneficios para el ambiente y la limpieza urbana. El relleno sanitario debe ser siempre la última opción. El Gobierno obligó incluso a instalar tachos verdes a los copropietarios de edificios, pero resulta que hoy miles de vecinos que habían comenzado a separar basura constatan que se han reducido los contenedores verdes en las calles y que los encargados han vuelto a juntar toda la basura: “Si pasa el recuperador urbano, se la doy”, afirman.
Estamos lejos de Noruega. Con 1200 puntos de recolección conectados a un sistema neumático subterráneo para posterior tratamiento, el ejemplo de la ciudad de Bergen se replica con éxito en una docena de ciudades.
Entre nosotros, las campañas de educación a la hora de movilizar la colaboración de la población son fundamentales, pero no acompañarlas debidamente vuelve todo para atrás. ¿Para qué separo y limpio mis desechos en origen si luego terminarán juntos con basura orgánica? El Gobierno porteño adeuda varias asignaturas. Todas ellas de relevancia. El desarrollo también se mide en estos términos.






