
La crisis de la industria láctea
1 minuto de lectura'
Alto nivel político y técnico adquirió la reunión organizada en San Francisco, la ciudad cordobesa cercana a la frontera con Santa Fe, en plena cuenca láctea de ambas provincias. La producción de leche en nuestro país ocupa, medida en valores monetarios, el tercer lugar tras la de granos y la de carnes, y es causa de un significativo despliegue regional, así como de una interesante cadena de valor. Sin embargo, no ha tenido suficiente inserción internacional, tema que hoy es fuente de inquietudes y de serios intentos de reformulación.
La década del 90 fue un período de transformaciones y de sostenido crecimiento de la actividad. Durante esa década la producción ascendió de 6000 millones de litros a 10.000 millones. En tanto, un incremento en la escala de los tambos redundaba en aumento de la productividad y en descenso de los costos, en consonancia con lo que ocurre en todo el mundo. Este proceso implicó una disminución en el número de tambos, que de 30.000 bajaron a 18.000, con los consiguientes problemas sociales; en la medida en que muchas de las empresas medianas o pequeñas dejaron de operar no han podido encontrar otros rubros más adecuados para su reducida dimensión o sus limitaciones de capital. La producción de leche por vaca creció un 25% en el curso de esos diez años, por efecto de mejoras genéticas de los planteles y de otras registradas en la alimentación y sanidad.
Se ha elevado sensiblemente la calidad de la leche, que tiene hoy un menor contenido de microorganismos y un mayor contenido de proteínas en lugar de grasas, cuyo mercado declina sistemáticamente. La industria láctea ha incorporado inversiones, capitales nacionales y extranjeros para generar una notable diversidad de productos que hoy pueblan las góndolas de los negocios minoristas.
Pero las posibilidades para el comercio internacional son todavía muy precarias. Las acciones al respecto se desenvuelven en un contexto gobernado por protecciones y subsidios impuesto tanto por la Unión Europea como por los Estados Unidos, que son los dos mayores productores y exportadores de productos lácteos.
Australia y Nueva Zelanda son también grandes exportadores, en parte debido a que en esos países existen sistemas de compensaciones entre el mercado interno y el externo, junto a una conformación monopólica de la oferta exportadora, cuestión que es ahora motivo de negociaciones en la rueda agrícola de la Organización Mundial del Comercio.
Nuestras exportaciones fueron muy reducidas hasta el surgimiento del mercado brasileño, que alcanzó a comprar por valor de 300 millones de dólares anuales, monto achicado muy sensiblemente tras un acuerdo entre empresarios privados que puso bajo control una denuncia brasileña de dumping, pero principalmente debido a la gran desvalorización de la moneda brasileña, que alcanza en estos días nuevos registros que frenan nuestras exportaciones en general. Esta ha sido la causa fundamental que afronta el sector en los últimos dos años, determinante de una disminución de la producción del orden del 10 por ciento.
En la reunión de San Francisco se reiteró la disposición de sancionar una ley de lechería, que corporice los acuerdos entre la producción, la industria y los gobiernos nacional y provinciales para desarrollar políticas internas y de comercio exterior tendientes a una nueva expansión del sector. Desde el comienzo de la presente crisis el Congreso nacional ha recibido varios proyectos de ley de naturaleza diversa. Algunos procuran alcanzar convenios para el desarrollo de los mercados interno y exterior, manteniendo líneas acordes con las leyes de la oferta y la demanda. Otros tienen orientaciones intervencionistas, incluyendo la poco recomendable fijación de precios. Cabe señalar, como referencia, que en la década del 90, que tan propicia fue para la lechería nacional, no había regulaciones perturbadoras de las relaciones entre partes. Todo indica que hoy el camino más promisorio es el de recuperar el crecimiento por medio de una mayor inserción internacional.



