
La piedra movediza de Tandil
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Tandil, "piedra que late". Así nombraron los pueblos originarios a una ciudad que debe su identidad a las sierras más antiguas de la Argentina y, particularmente, a la existencia de una gigantesca mole que oscilaba lentamente en la cima de un cerro. Este fenómeno marcó para siempre el imaginario tandilense y aun cuando la piedra cayó en 1912 persiste como un emblema indestructible de esa ciudad.
En breve, una réplica de aquella piedra será colocada en la cúspide del cerro y ello se ha convertido casi en un proyecto de resurrección. Eso tal vez explique que el intendente haya viajado acompañado por 300 personas a recibir un subsidio de manos del presidente de la Nación para la instalación de una piedra artificial.
Quienes piensan en Tandil, residentes o visitantes, piensan en bellas sierras: ésa es la razón fundamental para conservarlas. Por eso resulta paradójico que se vuelva a instalar la famosa "piedra movediza" con el fin de potenciar el atractivo turístico y, a la vez, se permita que la extracción desmesurada de piedras continúe destruyendo el paisaje local en perjuicio de los vecinos, el turismo y el ecosistema.
En la diversificada economía tandilense, el uso minero de las sierras ocupa a cerca de 100 personas y extrae una cantidad equivalente a 500 piedras movedizas por mes. En grandes bloques o como piedra molida, es trasladada por camiones que, por lo general, transitan sobrecargados y rompen las rutas de la provincia, como la 30, entre esa ciudad y Rauch, donde ha habido gravísimos accidentes a causa de los baches.
Varias organizaciones han hecho llegar al intendente municipal un documento con cinco mil firmas con una propuesta concreta: la preservación del paisaje que otorga identidad a Tandil. En la práctica no es más que utilizar las herramientas legales vigentes para evitar la destrucción del patrimonio natural de ese partido, dar tratamiento al viejo proyecto de creación de áreas protegidas -demorado desde 2000- e impulsar un lúcido proceso de reconversión productiva que implique el cese del uso destructivo de las sierras y la sustitución por actividades que generan empleo sin destrucción del entorno.
Mucho más importante que reponer un símbolo es sostener los motivos que generaron y generan el atractivo del área. Sería un acto para lamentar ver al presidente de la República y al intendente local cortar una cinta celeste y blanca frente a un emblema del paisaje tandilense y, a su vez, continuar permitiendo que éste se destruya.




