La trabajosa reducción del riesgo país
Urge que nuestra dirigencia política entienda que se necesitan reformas de fondo para consolidar la confianza en el país, sin visiones sectoriales ni especulaciones cortoplacistas
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La reducción del riesgo país es un proceso lento y no exento de sobresaltos en una economía que arrastra una historia de desequilibrios e incumplimientos. Corregir esta memoria requiere un largo tiempo de orden, solidez macroeconómica y respeto por las instituciones y los compromisos contraídos. El riesgo país es una medida utilizada internacionalmente para calificar la responsabilidad de un país en el cumplimiento de sus compromisos y en general en el respeto al Estado de Derecho. Es así, aunque ese índice se apoya en datos surgidos de los mercados financieros. Formalmente el riesgo país se mide por la diferencia entre la tasa de interés que debe pagar el gobierno del país en cuestión para colocar sus títulos públicos y el interés que pagan internacionalmente bonos considerados exentos de riesgo. Se expresa en “puntos básicos” que son centésimas de puntos porcentuales. Un 1,0% son 100 puntos básicos. El factor determinante es la mayor o menor confianza en que finalmente el gobierno emisor cumplirá con sus pagos. La duración remanente del título o sea la distancia de la fecha del pago influye en esa diferencia. En un corto plazo el factor determinante de la confianza es la disponibilidad suficiente de reservas de la moneda de pago. En el largo plazo la confianza se apoya más en la calidad y seriedad de las instituciones y en el respeto al Estado de Derecho y la propiedad. En el índice de riesgo país aceptado internacionalmente están combinados los plazos cortos y largos y ambas motivaciones.
La fuerte reducción del riesgo lograda durante el primer año de la gestión de Javier Milei encontró un piso que ahora está costando perforar en los comienzos de su tercer año. El gobierno de Alberto Fernández terminó con un riesgo país de 2500 puntos básicos. Doce meses después, en enero de 2025 había descendido a 561. Se había logrado el equilibrio fiscal y la inmensa deuda arrastrada por el Banco Central parecía manejable. Sin embargo, la tendencia declinante se detuvo y a lo largo del año 2025 se observaron altibajos en ese índice. A partir de febrero de 2025 el mercado de cambios se hizo tendencialmente demandado y el Banco Central se vio necesitado de intervenir vendiendo reservas y enfrentando un gradual incremento de la tasa de interés para evitar un aumento del tipo de cambio. El gobierno privilegiaba la reducción de la inflación. Pero la pérdida de reservas no solo preocupaba al Fondo Monetario Internacional, sino también erosionaba la confianza. A principios de abril del pasado año el riesgo país había subido a 978 puntos básicos. Fue entonces que el Gobierno decidió levantar el cepo cambiario y dejar flotar la cotización del dólar dentro de una banda entre 1000 y 1400 pesos. Estos límites se moverían hacia abajo y hacia arriba, respectivamente, a un ritmo de 1% mensual. Milei se comprometió a mantener a rajatabla el equilibrio fiscal y por lo tanto a no emitir pesos con ese fin. A esto se agregaría la facilitación impositiva del uso de dólares de particulares, ahorrados y no declarados, en línea con lo que se dio en llamar la “dolarización endógena”. El riesgo país descendió a 700 puntos básicos y se mantuvo en ese entorno hasta agosto de 2025. Contra la expectativa del Gobierno de que el tipo de cambio tendiera al mínimo de la banda, ocurrió lo opuesto y nuevamente se frustró la acumulación de reservas. Por otro lado, un manejo criticable de la renovación de títulos y un fuerte aumento de la tasa de interés, provocaron un impacto recesivo y dieron lugar a la percepción de que sería inviable esa política y que se caminaba hacia una devaluación. El riesgo país aumentó alcanzando los 1200 puntos. El 7 de septiembre, el partido de gobierno, La Libertad Avanza, fue claramente derrotado en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires. La fortaleza política del gobierno nacional resultó muy afectada, El riesgo país trepó a 1456 puntos básicos. Fue entonces cuando el gobierno de los Estados Unidos comprometió su asistencia que tomó forma creíble y concreta en vísperas de las elecciones legislativas nacionales del 26 de octubre cuando el oficialismo triunfó con gran claridad y se desdibujó la hipótesis de un eventual retorno del peronismo-kirchnerismo al gobierno de la Nación. Con el respaldo estadunidense también se disipó la probabilidad de un default. Se encontró la oportunidad de una mayor flexibilización de la regla cambiaria. Los fuertes vencimientos de enero se han podido cubrir y el Banco Central ha acumulado un neto de más de 700 millones de dólares en lo que va de este año. El índice de riesgo país descendió a 550 puntos, para continuar oscilando en las últimas semanas alrededor de esa cifra, pero se resiste a disminuir. El riesgo de corto plazo ha pasado a perder significación, pero lo que dificulta reducir el riesgo argentino a niveles que no debieran ser más altos que los de Uruguay, Chile o Brasil son las percepciones de largo plazo. ¿Se puede borrar de la memoria la ovación al default de la Asamblea Legislativa? ¿Se puede asegurar que el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires no alcance algún día el poder nacional para hacer, como él promete, todo lo opuesto a lo que haya hecho Milei? Otro factor de incertidumbre es que actualmente la conducción del Gobierno tiene un carácter más personal que institucional.
También genera dudas sobre el futuro la dificultad de la aprobación legislativa de las reformas de fondo, tan necesarias para consolidar la situación fiscal y para lograr inversión, competitividad y crecimiento. La falta de una confianza más sólida debilita también el consumo. Es evidente que la Argentina real necesita tiempo y contundencia para consolidar la transformación. Es imprescindible que esta se base en instituciones más que en personas y que se sostenga por el tiempo suficiente para que la confianza surja de la memoria y no al revés. La confianza es un edificio cuya solidez depende de sus cimientos. En una sociedad organizada esa solidez debe tener un sustento cultural y una aceptación consciente y mayoritaria de las reglas que hacen compatible la democracia y la libertad con una economía ordenada. La resistencia del índice de riesgo país a reducirse nos está diciendo que la Argentina aún deberá mostrar pruebas más contundentes. Deberían tomar conciencia de esto los legisladores, los gobernadores, demás líderes políticos y los dirigentes sindicales. Esta gestión de gobierno ha entrado en la etapa de las reformas de fondo, cuya lectura y procesamiento no admite visiones sectoriales ni cortoplacistas.

