
Peligrosas construcciones precarias
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Hace aproximadamente cuatro años comenzaron a verse edificaciones de tres y cuatro plantas en las llamadas villas de emergencia. El fenómeno ha crecido y es particularmente notable en la Villa 31, en las inmediaciones de la estación Retiro, donde hoy se observan edificaciones de hasta cinco plantas con estructuras de hormigón armado. La Academia Nacional de Ingeniería ha hecho llegar a las autoridades y a los medios un valioso y oportuno documento en el cual señala su preocupación porque "en su proyecto y ejecución aparentemente no han participado profesionales de la ingeniería o la arquitectura, que asuman la responsabilidad sobre la integridad de las obras". Dice además que "no se registra que en estos casos se apliquen las exigencias gubernamentales habituales" y advierte que, como ingenieros, se ven obligados "a enfocar el tema de la seguridad de esas estructuras ante la posibilidad de accidentes catastróficos".
Más allá de lo que significa toda la problemática de estos conglomerados en relación con las cuestiones sociales y sanitarias, debería ahora constituir una preocupación fundamental la seguridad de estas estructuras y la posibilidad de accidentes. Este riesgo era ciertamente menor cuando se trataba de casillas hechas con elementos livianos y de una sola planta.
Cualquier edificación que deba realizarse en la ciudad de Buenos Aires o en cualquier municipio del país requiere que los planos de obra se presenten con la firma de un profesional con título de ingeniero o arquitecto, con su correspondiente matrícula del consejo profesional respectivo. Esa misma responsabilidad y presencia deben estar explícitas también durante toda la construcción de las obras. Estos requisitos no conforman una exigencia burocrática, sino que tienen plena razón de ser cuando el ejercicio de una profesión produce resultados que puedan poner en riesgo la seguridad y la salud de terceros. Es el caso similar al que se produciría si se instalara un hospital sólo atendido por enfermeros. Sin subestimar esta profesión, debería esperarse que alguna autoridad intervenga para evitar el daño eventual de tratamientos y cirugías efectuados por quienes no han cursado y aprobado los años y las materias de formación necesarias. Lo mismo sucede con una estructura en altura de hormigón armado, que requiere de profesionales especializados para su cálculo y diseño, así como la de sus fundaciones, el análisis de los suelos y la verificación de los materiales empleados.
Ninguna de estas exigencias y controles se aplican en las construcciones en altura de las villas de emergencia. Estas son ejecutadas por albañiles que probablemente reproducen lo que ven en su trabajo, se adapte o no a las circunstancias. No se hacen verificaciones ni ensayos ni estudios de fundaciones. El riesgo es muy grande, en particular, porque se construye sobre terrenos de mala calidad y escasa resistencia, que además no están bien drenados ni cuentan con sistemas cloacales. La presencia de pozos ciegos cerca de cualquier base de una columna representa un riesgo real. Por otro lado, dado el carácter precario de estas construcciones, es probable que se privilegie la economicidad sobre la calidad estructural.
Mientras no se resuelva en forma definitiva la urbanización o la erradicación de estos aglomerados, y se logren viviendas dignas para sus habitantes, sería conveniente, siguiendo el documento de la citada Academia, "que las autoridades competentes hagan intervenir equipos técnicos en esta cuestión para analizar la estabilidad de las construcciones existentes y disponer las medidas correctivas en caso de verificarse riesgo estructural, así como para evitar la construcción de nuevas obras de las características señaladas".
Creemos necesario actuar diligentemente, de lo contrario, cuando ocurra un accidente, será tarde para lamentarse.




