
Se estima que por cada caso de celiaquía hay ocho sin diagnosticar; la buena salud está cada vez más ligada a cambios alimentarios y a la adecuada información
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Una vez publicados los resultados del Proyecto del Genoma Humano (PGH), esto es la secuenciación del ADN de nuestra especie, la ciencia busca alcanzar nuevas fronteras al abocarse a descifrar el microbioma o genoma de la microbiota que habita en nosotros, mayormente compuesto por bacterias, al que muchos consideran nuestro segundo genoma.
Si bien existen ya amplios consensos respecto de cuánto influye la alimentación en nuestra salud y en el desarrollo de cada vez más numerosas y tempranas enfermedades crónicas, la información que lentamente asoma marcará seguramente un rumbo igualmente revolucionario en tiempos en que los crecientes gastos en salud de los países parecen asfixiar a más de una economía.
El pasado 5 de mayo se celebró el Día del Celíaco. Se estima que esta dolencia afecta declaradamente al 1% de la población del mundo, con mayor prevalencia entre los niños, pero que por cada caso confirmado hay ocho sin diagnosticar. La confirmación de la afección puede llegar a cualquier edad y su incidencia es mayor en mujeres que en hombres. La sensibilidad al gluten, una proteína que se encuentra en el trigo, la avena, la cebada y el centeno (TACC), constituye una respuesta inmunológica innata, una reacción inflamatoria severa en la mucosa del intestino delgado que dificulta la absorción de nutrientes. En la actualidad, se afirma incluso que todos los seres humanos compartimos algún grado de expresión de esta enfermedad, aunque solo algunos de manera sintomática, severa o moderada. Las señales incluyen pérdida de apetito y descenso de peso, diarrea crónica, anemia, distensión abdominal, retraso en el crecimiento, alteraciones del carácter o aparición de aftas bucales, y se verifican en la caída del pelo, debilidad en las uñas, cansancio y falta de concentración.
El tratamiento consiste estrictamente en la ingestión de una dieta libre de gluten (DLG), también conocida como alimentación sin TACC, cuyo precio está actualmente muy por encima de la media del mercado para otros productos. Es este uno de los escenarios que deben ser corregidos desde diversos ámbitos para contribuir con el único tratamiento posible de la enfermedad.
La ley de la enfermedad celíaca, vigente desde 2009, apunta a igualar los derechos de quienes la padecen. Fijó con carácter de interés nacional la atención médica, la investigación clínica y epidemiológica, la capacitación profesional en la detección temprana y el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, así como su difusión y el acceso a alimentos libres de gluten, según los requerimientos nutricionales, debiendo las coberturas médicas cubrir parcialmente la diferencia del costo de las harinas y premezclas libres de gluten, sus derivados y/o productos elaborados con estas, respecto de aquellas que poseen gluten. En estos días, el Gobierno actualizó el monto de reintegro llevándolo de 479 a 900 pesos mensuales, aunque la canasta básica en este rubro ronda los 3500 pesos. Todas las prepagas están obligadas a estos reintegros aun cuando solo 15 provincias adhirieron a la ley nacional.
En el sitio web de la activa Asociación Celíaca Argentina (www.celiaco.org.ar/) se puede acceder a información sobre una aplicación para consultar sobre alimentos y bebidas, medicamentos y productos de higiene bucal y corporal libres de gluten. También en el campo de la innovación tecnológica, en España se ha desarrollado un biosensor óptico de dimensiones nanométricas que puede contribuir a detectar el consumo inadvertido de gluten a través de la orina, como un test de embarazo.
La modificación a la ley realizada en 2015 estableció que restaurantes y demás espacios públicos e instituciones donde se sirven alimentos han de ofrecer al menos una opción alimentaria sin TACC. La Cámara Argentina de Productores de Alimentos Libres de Gluten, que nuclea a los fabricantes de alimentos sin TACC, y la Asociación Celíaca no ven con buenos ojos que la nueva ley establezca la obligatoriedad del menú sin gluten porque entiende que puede ser riesgoso para los celíacos en tanto los establecimientos, obligados por la ley, pueden no siempre estar en condiciones de evitar la peligrosa contaminación. Los controles bromatológicos entran dentro de la órbita municipal y serían materialmente difíciles de cumplir. Promueven así que surja de los propios establecimientos el ofrecimiento de esta alternativa, sin compulsión, mientras trabajan junto con la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) en una guía de recomendaciones sobre "menús seguros". A la fecha, se estima que solo un 30% de los locales ofrecen estos menús.
La cuestión del etiquetado o rotulado de los alimentos atraviesa instancias de cambios impostergables frente a las nuevas tendencias que proponen al consumidor conocer acabadamente la información nutricional de lo que va a ingerir, mucho más en el caso de los productos sin TACC, pero que incluye también otros muchos ingredientes considerados nocivos que se traducen en obesidad y malnutrición, entre otras afecciones.
Hace apenas unos años, poco conocíamos de esta alergia alimentaria. Quienes la padecen temen ser injustamente discriminados toda vez que deben documentar la afección para que se les habilite su tratamiento. El camino de la salud está íntimamente unido al de la alimentación. Nuestra sociedad avanza por una senda en la que esta y muchas otras cuestiones asociadas demandarán atención creciente para no continuar desaprensivamente ingiriendo lo que pueda dañarnos. El consejo "Que tu alimento sea tu medicina", desde los tiempos de Hipócrates, adquiere hoy más vigencia que nunca.




