Se ’gual
“Hablen como quieran.” (De Axel Kicillof, a alumnos bonaerenses.)
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Se’ gual. Son simónimos. El tipo es un maniático textual”, decía Minguito Tinguitella, el personaje que interpretaba Juan Carlos Altavista hace décadas. ¡Y cómo nos reíamos!. Minguito era un tipo de la calle, muy pobre, sin estudios, que se hacía entender a fuerza de simpatía. Se’ gual, se defendía cuando alguien le hacía notar que conjugaba mal los verbos, escribía con horrores de ortografía o creía que Graciela Borges era hermana de Jorge Luis.
Que se lo haya construido artísticamente como un personaje irrecuperable para el buen decir no lo transformaba en un ejemplo. Por el contrario, sus interlocutores en el show –actores y actrices- trataban siempre de corregirlo, de que aprendiera. A su modo, la audiencia participaba de aquellas clases inorgánicas en las que se convertía cada emisión, aunque al final adoptara los brulotes de Minguito para seguir divirtiéndose.
Minguito no hablaba como quería, sino como podía. Se había visto obligado a abandonar la escuela “en segundo superior” para salir a trabajar, como tantos chicos y adolescentes que hoy tampoco pueden seguir estudiando.
Hace pocos días, en el acto de la jura a la bandera, el gobernador Kicillof instó a los alumnos a rebelarse y a hablar como se les diera a gana porque “desde España (por la Real Academia) no nos van a explicar las palabras que usamos”, dijo. No pretendemos regodearnos aquí en el recuerdo de viejas expresiones públicas del mandatario -“pudió”, “haiga”, “docentes y docentas”-, sino reparar en el mensaje que se propuso darles a los chicos justo un día después de que se conociera que solo el 20 por ciento de los alumnos entienden lo que leen, según los resultados de las últimas pruebas Aprender, un programa nacional cuyo objetivo es “producir evidencia de carácter diagnóstico para la toma de decisiones orientadas a garantizar el derecho a la educación en todos los rincones de nuestro país”. Muchas palabras, pocos resultados.
Es cierto que nadie va a ir preso por desatender las normativas de la RAE ni por violar las más elementales reglas de la gramática, la semántica o la ortografía. Tampoco por atarse a las modas. Pero qué bueno sería dejar de leer y de escuchar expresiones como “hace mucho tiempo atrás”, “se profugó con rumbo desconocido”, “me egresé”, “si tendría tal cosa haría tal otra”, “tengo un amigo mío”, “me destornillé de la risa”, fue un “momento bizarro (pobre sargento Cabral que luchó con bizarría haciéndose inmortal) o repetir como loros que hoy todo “nos convoca o nos interpela”.
El mataburros no condena, pero desasna. Marche un mataburros entonces para el ministro de Justicia, Martín Soria, quien dijo que “hay una desbocada concentración de poder” en la Corte. Que se desboque una concentración es algo nunca visto… No todo se’gual.







