
Tabaco, grave retroceso
4 minutos de lectura'

El gobierno nacional levantó la prohibición a la venta de productos de nicotina que regía en el país desde 2011, autorizando la libre comercialización local de vapeadores, bolsitas de nicotina o tabaco calentado, entre otros sucedáneos, siempre que estén debidamente registrados, manteniendo la prohibición de venta a menores de 18 años.
“La prohibición no frenó el consumo: lo empujó a la informalidad, sin trazabilidad ni control sobre lo que contienen”, se defiende el Gobierno al justificar la necesidad de ordenar un mercado que ahora tributará. Nada mejor que liberar el consumo si no se lo puede controlar, peligrosa máxima. Los millonarios intereses en danza vienen ganando la partida.
Ningún producto podrá venderse si no está registrado, con componentes y condiciones de fabricación permitidos y declarados y cumpliendo estándares de calidad, La eliminación de saborizantes en los vapeadores, mecanismo principal del ingreso al consumo, aunque el menos dañino del conjunto, asoma como un punto central. La nicotina autorizada será solo la proveniente del tabaco y no la sintética, para tranquilidad de todos.
El levantamiento de las restricciones revierte además la prohibición vigente desde marzo de 2023 a los productos de tabaco calentado destrabando un proyecto de inversión valuado en 300 millones de dólares que la multinacional Philip Morris International (PMI), dueña de Massalin Particulares, tiene en la Argentina. La coincidencia es, como mínimo, cuestionable. Se busca limitar el contrabando para pasar a promover la producción local.
Se abre así la puerta al consumo de productos que la evidencia científica ya condenó. Las principales sociedades médicas, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y la de Cardiología coinciden: vapeadores, tabaco calentado y bolsitas de nicotina no son inocuos y afectan órganos vitales del cuerpo humano.
En cuanto al corazón, la nicotina y los aerosoles elevan la presión arterial, dañan el endotelio vascular y aumentan el riesgo de infarto y arritmias. Actualmente hay casos documentados de lesión pulmonar asociada al uso del cigarrillo electrónico (evali), grave e incluso mortal. El tabaco calentado libera aldehídos y compuestos cancerígenos. No se trata de un humo cualquiera: es química inhalada. En el cerebro, en menores de 25 años, la nicotina altera el desarrollo neurológico y afecta memoria, atención e impulsividad.
Regular sin prohibir ofrece un tan nefasto como claro mensaje para los adolescentes: esto es legal, está controlado y registrado, y por ende no puede ser tan malo. Una encuesta de la Sedronar en 2025 reveló que el 35,5% de los menores de 13, 15 y 17 años consumió cigarrillos electrónicos. ¿Qué kioskero pide documento antes de vender?
La resolución habla asimismo de registro, etiquetado y estándares de calidad sobre los que no existe fiscalización real ni en kioscos ni en la publicidad, entre otros aspectos. Sin controles, el único riesgo que se reduce es el que corren las tabacaleras; el que corre la salud pasa a gozar de un flamante respaldo legal.
Es el mismo manual de marketing que usó la industria del tabaco para conquistar con fatal éxito a generaciones enteras; la misma lógica que usaron las tabacaleras en los 90: “Si no se puede prohibir, hay que administrar el daño”. Un verdadero disparate hoy, cuando el daño ya ha quedado ampliamente demostrado y pagado con millones de vidas.
El cambio de criterio llega sin nuevos estudios médicos que lo avalen, sin debate en comisiones de salud ni pronunciamientos de sociedades científicas que se hayan conocido. “La desregulación de los vapers es un retroceso”, expresó Cristina Gaitán, neumonóloga y coordinadora de la sección Tabaquismo de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria. No hay ambigüedad alguna en la comunidad médica y científica: estos dispositivos no son inocuos y tampoco hay evidencia suficiente para recomendarlos como reducción de daño. Lamentablemente, la ignorancia de gran parte de la población que cree equivocadamente que estos sucedáneos son útiles para dejar de fumar lleva a muchos a celebrar la medida.
A más de un mes de aprobada la medida nacional, la Legislatura porteña sancionó la imposición de restricciones y fuertes multas para la comercialización, publicidad y consumo de productos emergentes de tabaco y nicotina, prohibiéndolos para menores de 18 años y equiparando las restricciones a las del cigarrillo tradicional. Quedaron prohibidos anuncios y promociones, se incorporaron medidas de prevención y educación para adolescentes y obligaciones ambientales para el tratamiento de residuos de estos dispositivos. Ciertamente parece mucho más sensata y acertada la norma porteña que una medida nacional que, en contra de toda la evidencia científica que llevó a prohibir el uso de vapeadores a menores en países como el Reino Unido, invite a los argentinos a fumar.



