Un pedido tan insistente como vigente: políticas de Estado

El prácticamente unánime reclamo de los empresarios reunidos en el Coloquio de IDEA debería ser escuchado por los líderes políticos
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22 de octubre de 2019  

No por reiterada perderá vigencia la convocatoria formulada por empresarios que participaron días atrás del 55º Coloquio de IDEA a un amplio acuerdo orientado a la construcción de políticas de Estado.

El tradicional encuentro anual, que en esta ocasión reunió en Mar del Plata a unos 900 dirigentes y ejecutivos de empresas que tuvieron la oportunidad de asistir a 28 paneles con el lema "A los hechos", ofreció un valioso dato que ayuda a cimentar la búsqueda de un diálogo intersectorial capaz de traducirse en consensos. Ese dato fue la participación de un buen número de representantes del sindicalismo, quienes, además de exponer públicamente su posición ante un eventual pacto social, pudieron intercambiar ideas con interlocutores del mundo empresarial.

No podían faltar, como es costumbre en este acontecimiento, algunos de los principales actores políticos. Se destacaron las exposiciones de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y de los ministros de Producción y Trabajo, Dante Sica, y de Educación, Alejandro Finocchiaro. Al igual que el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza -se encontraba en Washington-, el presidente Mauricio Macri se hizo presente a través de una videoconferencia. No fue lo ideal, aunque algo es algo. El candidato presidencial Roberto Lavagna fue de la partida. Pero, lamentablemente, el postulante del Frente de Todos, Alberto Fernández, no solo faltó a la cita, sino que no estuvo representado por ninguno de sus asesores económicos, como a muchos de los asistentes al Coloquio les hubiera gustado.

La ausencia del candidato que obtuvo el mayor porcentaje de votos en las primarias abiertas del 11 de agosto potenció la incertidumbre y el escepticismo de muchos de los empresarios que participaron del encuentro. Numerosos interrogantes sobre las políticas que aplicaría Fernández, en caso de llegar a la presidencia de la Nación, quedaron sin ser despejados. Básicamente, los empresarios se preguntan cuáles serán las bases para un plan fiscal y monetario consistente con su declamado propósito de aumentar el consumo, cuáles serán las directrices de su política tributaria y, finalmente, cuál será el rol que desempeñará la expresidenta y potencial vicepresidenta Cristina Kirchner. Este último interrogante se habrá potenciado en las últimas horas, luego de que Fernández afirmó públicamente: "Cristina y yo somos lo mismo".

Sin posibilidad de interacciones entre los referentes de las dos principales coaliciones políticas, los organizadores del Coloquio y los asistentes se fueron de Mar del Plata sin señales acerca del amplio acuerdo por el que se abogó desde la metáfora que sirvió de puntapié inicial del encuentro: la necesidad de encender las luces altas, que no es otra cosa que situarnos por encima de la coyuntura y de estos tiempos preelectorales, para empezar a mirar el largo plazo.

Como señaló el presidente del coloquio, Gastón Remy, "gane quien gane, el próximo presidente tendrá que cimentar acuerdos programáticos que trasciendan a los gobiernos de turno". Algo que implica definir consensuadamente cuatro o cinco ejes para el país que no se discutan en cada elección. O, en otros términos, dejar de estar permanentemente enfrascados en las elecciones por venir para empezar a pensar en las generaciones venideras.

El actual gobierno ha planteado, varios meses atrás, un acuerdo de diez puntos que quedó en la nada. Llegó muy tarde como para torcer la habitual mezquindad de nuestra dirigencia política cuando comenzaba a despuntar el proceso electoral. Y el candidato opositor Alberto Fernández ha insinuado su voluntad de avanzar hacia un acuerdo de precios y salarios para los primeros 180 días de su hipotética gestión presidencial.

Es evidente que se trata de señales insuficientes. La Argentina requiere de pactos como los de la Moncloa (1977), que contemplen las particularidades de un país desbordado por una elevada inflación que se ha convertido en crónica y por un bimonetarismo que hace que el dólar sea la unidad de cuenta patrimonial para el ahorro y las grandes transacciones, y que se produzca un rápido traslado a precios de cada devaluación, como no se da en casi ningún país del mundo. Sin un plan económico consistente que apunte a solucionar el déficit fiscal y sus consecuencias inflacionarias, no habrá inversiones ni generación de empleo. Y nada de esto será factible sin acuerdos políticos ni un diálogo intersectorial que alejen los fantasmas de la discordia que hoy se advierten con fuerza en la región, mediante gestos de reconciliación, generosidad y grandeza por parte de nuestra clase dirigente.

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